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“Madrid ha hecho de la administración digital el mayor motor de su transformación urbana”

Entrevista a Fernando de Pablo, Director General de la Oficina Digital en Ayuntamiento de Madrid

“Madrid ha hecho de la administración digital el mayor motor de su transformación urbana”
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Publicado en:

214. Cuarto Trimestre (2025)
NÚMERO 214


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Urbanismo

04/03/2026

TEMAS

Urbanismo

Sostenibilidad

La transformación digital ha dejado de ser una cuestión meramente tecnológica para convertirse en un elemento central de la agenda urbana. Hoy, hablar de smart cities implica abordar cómo las administraciones utilizan los datos, la inteligencia artificial y la conectividad para mejorar la gestión pública, reforzar la gobernanza y afrontar retos estructurales como la sostenibilidad, la eficiencia de los servicios o la inclusión social.

Madrid se ha situado en los últimos años como uno de los principales laboratorios de este proceso en el ámbito europeo. La capital ha desplegado una estrategia de transformación digital de largo recorrido, orientada a modernizar la administración municipal, avanzar en la digitalización de los servicios públicos y construir un modelo de ciudad inteligente centrado en las personas, apoyado en el uso responsable de la tecnología, el dato y la innovación.

Al frente de este proceso se sitúa Fernando de Pablo, director general de la Oficina Digital del Ayuntamiento de Madrid, quien en esta entrevista analiza el estado del ecosistema smart city en España y Europa, desgrana las claves del modelo madrileño y aborda los principales retos de la gestión municipal digital, desde el dato y la inteligencia artificial hasta la ciberseguridad, la coordinación entre áreas y la digitalización inclusiva.

 

¿Cómo describiría el estado actual del ecosistema smart city en España y qué factores diferencian a las ciudades más avanzadas de aquellas que aún se encuentran en fases iniciales, tanto en el contexto nacional como en el marco europeo?

El concepto de smart city es abierto y, en gran medida, subjetivo. No responde a una única realidad, porque empresas, administraciones y ciudadanía lo perciben de forma distinta. Por eso, los rankings basados en indicadores —de por sí subjetivos— no siempre son la mejor herramienta para valorar la calidad de vida o el atractivo de una ciudad. Mi experiencia personal, habiendo nacido en un municipio segoviano de 500 habitantes, refuerza esta idea: el concepto de ciudad inteligente no puede ser el mismo en contextos urbanos tan diferentes.

Durante un tiempo, la smart city se asoció al despliegue masivo de sensores y a soluciones tecnológicas supuestamente “mágicas” para la gestión urbana. Sin embargo, esa visión se ha demostrado limitada. El factor verdaderamente determinante es contar con gestores públicos cualificados. Aunque las ciudades —especialmente las grandes— serán cada vez más tecnificadas e hiperconectadas, hoy el enfoque se desplaza hacia una visión más humanista: responder a necesidades reales y construir ciudades habitables.

La percepción de lo que significa ser una ciudad inteligente varía también según el país y según los perfiles de la población. Modelos como Singapur, Dubái, Shanghái o Seúl no tienen por qué ser la referencia de las ciudades españolas. Del mismo modo, hay ciudades con menores niveles de desarrollo que aplican soluciones altamente innovadoras, lo que demuestra que la innovación no depende exclusivamente de la tecnología.

Desde esta perspectiva, y si incorporamos parámetros donde la calidad de vida es central, España ha sido tradicionalmente un país avanzado, como reflejan los informes europeos de transformación digital, entre ellos el índice DESI. En cuanto al uso de herramientas tecnológicas para la gestión urbana, y sin caer en triunfalismos —porque aún queda mucho por hacer—, las ciudades españolas han avanzado de forma notable en los últimos años, como muestran los análisis de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) y la presencia activa de España en foros internacionales de referencia.

En este contexto, tanto grandes ciudades como muchos municipios medianos y pequeños impulsan proyectos maduros: gemelos digitales, movilidad, plataformas de datos urbanos, redes 5G e IoT y pilotos de inteligencia artificial, siempre adaptados a su realidad.

 

¿Cuáles son hoy los principales retos y oportunidades para avanzar hacia una gestión municipal plenamente digital e integrada?

La transformación digital de las ciudades y de los ayuntamientos es clave para impulsar proyectos transversales con objetivos compartidos que lleguen de forma efectiva a la ciudadanía. Sin embargo, el avance desigual entre áreas ha generado islas tecnológicas, lo que hace imprescindible evolucionar hacia modelos de gestión más integrados.

Desde una perspectiva global, el principal reto —y a la vez oportunidad— es la gobernanza: liderazgo político y técnico, estrategias claras y sostenidas en el tiempo y mecanismos eficaces de coordinación. A ello se suma la necesidad de plataformas comunes o interoperables y de una política de datos madura que garantice la calidad y el aprovechamiento de la información.

La financiación es igualmente determinante en un contexto de proyectos cada vez más complejos. En este sentido, los fondos europeos han supuesto una oportunidad relevante para impulsar iniciativas transformadoras y escalar pilotos.

Además, la transformación digital exige abordar retos transversales como la interoperabilidad, la ciberseguridad y las brechas digitales desde una lógica de servicio público, prestando especial atención a los colectivos más vulnerables. Nada de esto sería posible sin capacitación del personal municipal ni sin un cambio organizativo y cultural centrado en las personas: una ciudad solo es verdaderamente inteligente si mejora de forma tangible el bienestar y la calidad de vida de todos los colectivos.

 

“La transformación digital no es esencialmente un proceso tecnológico, sino fundamentalmente organizativo y de cambio cultural”

 

 

El caso de Madrid

Madrid lleva años desarrollando su estrategia de transformación digital. ¿Cuáles son hoy sus líneas maestras y cómo se alinean con el modelo de ciudad inteligente que impulsa el Ayuntamiento, así como con los objetivos de modernización del gobierno local?

Madrid lleva años impulsando su estrategia de transformación digital con una visión clara: poner la tecnología al servicio de las personas y de una administración más eficiente, abierta y cercana. En la actualidad, esta estrategia se articula en el marco de Madrid Capital Digital, con horizonte 2023-2027, y se alinea con el modelo de ciudad inteligente y los objetivos de modernización del gobierno local: avanzar hacia una ciudad más eficiente, resiliente y sostenible, más atractiva e innovadora y, sobre todo, centrada en las personas.

De forma sintética, la estrategia se apoya en tres grandes ejes. El primero es la mejora de los servicios digitales para la ciudadanía y las empresas, garantizando una relación sencilla, segura y preferentemente digital con el Ayuntamiento, sin renunciar a la atención presencial. Este eje implica una profunda modernización interna de la administración, basada en la simplificación administrativa, la automatización de procesos, la interoperabilidad entre áreas y la capacitación digital del personal municipal.

El segundo eje es el desarrollo de una inteligencia de ciudad apoyada en el uso estratégico del dato, la ciberseguridad y la inteligencia artificial para la gestión urbana. El uso de analítica avanzada y tecnologías de IA, con especial atención a la calidad de la información, permite mejorar la toma de decisiones, anticipar necesidades y optimizar la gestión de recursos clave como la movilidad, la energía o el espacio público.

Por último, Madrid aspira a consolidarse como un polo de innovación digital capaz de atraer inversión, talento y centros tecnológicos. Madrid aspira a reforzar su papel como hub digital europeo, apoyándose en infraestructuras ya consolidadas —como centros de datos y conectividad de alta velocidad— y en políticas activas de reducción de la burocracia y atracción de start-ups y scale-ups tecnológicas.

Este conjunto de actuaciones se completa con un enfoque transversal en ciberseguridad, protección de datos, ética digital, uso responsable de la inteligencia artificial e inclusión, con el objetivo de garantizar una transformación digital confiable y que no deje a nadie atrás.

 

“Madrid lleva años trabajando en transformación digital con una visión muy clara: poner la tecnología al servicio de las personas y de una administración más eficiente, abierta y cercana”

 

¿Qué proyectos destacaría como más transformadores en la mejora de los  servicios públicos y en qué ámbitos se ha producido un salto cualitativo más significativo desde la creación de la Oficina Digital?

En mi opinión, el salto más relevante que se ha producido en Madrid desde la creación de la Oficina Digital ha sido el avance en la administración digital. Este progreso puede observarse de manera objetiva en el observatorio que el Ayuntamiento publica de forma abierta y transparente, con actualización mensual, y que está disponible en internet.

El nivel de uso de los servicios digitales es hoy el principal indicador de eficiencia: permite reducir cargas administrativas, aumentar la satisfacción de la ciudadanía y liberar recursos para destinarlos a quienes más lo necesitan, especialmente mediante atención presencial a colectivos como las personas mayores.

 

 

Este proceso ha supuesto un cambio estructural en la relación entre la ciudadanía y la administración y ha permitido avanzar hacia modelos de gestión más eficientes y sostenibles, al tiempo que se ha reforzado la base tecnológica y estratégica que sustenta la transformación digital del Ayuntamiento.

Actualmente, el foco se sitúa en grandes proyectos transversales apoyados en infraestructuras comunes para todas las áreas municipales. Se trata de iniciativas complejas, de medio plazo y con impacto en toda la organización, imprescindibles para consolidar un modelo de ciudad inteligente real, operativo y centrado en las personas.

 

"El salto más importante en Madrid ha sido la administración digital: el uso de los servicios digitales es hoy el principal parámetro de eficiencia”

 

 

La transformación digital exige una gobernanza transversal. ¿Cómo se articula en Madrid la coordinación entre áreas como movilidad, urbanismo, medio ambiente o servicios sociales, y cómo se integra esta estrategia digital en una estructura administrativa tan amplia y compleja para asegurar su continuidad, incluso ante cambios de gobierno o de prioridades políticas?

Madrid es una ciudad compleja y, en consecuencia, su organización administrativa también lo es. Presta servicios públicos a casi cinco millones de personas, a cerca de medio millón de empresas y recibe más de once millones de turistas al año, asumiendo competencias comparables a las de muchos países europeos.

Por ello, la estrategia digital se diseñó a partir de un proceso previo de coordinación con todas las áreas municipales y con otras administraciones, integrando planes europeos, nacionales y sectoriales, de modo que naciera alineada con las necesidades reales de cada ámbito de actuación.

Para reforzar la cooperación interdepartamental y asegurar el despliegue efectivo de la estrategia, se creó la figura de los delegados digitales: perfiles con alto conocimiento tecnológico y del negocio público, con doble dependencia del área correspondiente y de la Oficina Digital, que actúan como nexo permanente entre la estrategia y la gestión diaria.

Este modelo evita que las estructuras centrales operen desconectadas de la realidad de las áreas gestoras y permite mantener un contacto continuo con sus prioridades y problemas cotidianos. Así, el foco se mantiene en lo esencial: la calidad del servicio público, con independencia de que se utilicen tecnologías avanzadas o sistemas heredados. La tecnología es el medio; el objetivo final es siempre mejorar el servicio a la ciudadanía.

 

“No queríamos una oficina digital que viviera de espaldas a la realidad diaria de las áreas gestoras. La tecnología es el medio; el objetivo final es siempre la calidad del servicio público”

 

El dato y las tecnologías avanzadas son pilares de cualquier smart city. ¿En qué punto se encuentra la estrategia de dato en Madrid y qué avances destacaría en analítica, interoperabilidad, sensorización e integración de plataformas para mejorar la gestión urbana?

El dato constituye un pilar fundamental para cualquier organización en el desarrollo de su actividad y, en consecuencia, lo es también para Madrid y para el despliegue de su Estrategia de Transformación Digital. Esta relevancia se hace aún más evidente con la puesta en marcha de proyectos de inteligencia artificial en el ámbito municipal, que dependen de manera crítica de la calidad de los datos; sin una gestión adecuada del dato, estos proyectos no serían viables.

En este contexto, el Ayuntamiento ha impulsado una estrategia específica de Gobierno del Dato y de estandarización tecnológica que busca superar la fragmentación de sistemas, garantizar una gestión coherente de la información y sentar las bases para una analítica avanzada y una sensorización interoperable a escala de ciudad.

 

“Sin calidad del dato no hay inteligencia artificial ni transformación digital posible”

 

 

Madrid está desplegando soluciones inteligentes en múltiples ámbitos. ¿Qué casos de uso considera más relevantes en automatización, mantenimiento urbano, alumbrado, limpieza, parques y jardines o atención ciudadana, y qué tecnologías —IoT, inteligencia artificial, sistemas inteligentes— están teniendo mayor impacto?

Las áreas municipales incorporan tecnología de forma continua en el desarrollo de sus funciones, en colaboración con las empresas que prestan los distintos servicios públicos. En este contexto, Madrid ha apostado por un modelo basado en infraestructuras comunes, estándares abiertos y colaboración público-privada, que permite garantizar la interoperabilidad y la escalabilidad de las soluciones inteligentes y evitar el desarrollo de sistemas aislados.

Este enfoque se materializa tanto en la definición de una arquitectura tecnológica común —impulsada a través de proyectos como MiNT y el laboratorio de Internet de las Cosas— como en su aplicación práctica en iniciativas europeas de gran escala, donde Madrid actúa como ciudad líder en el despliegue de soluciones avanzadas de movilidad, energía y gestión urbana basadas en IoT, 5G, gemelos digitales e inteligencia artificial.

 

“La clave está en desplegar soluciones interoperables, basadas en estándares, que permitan escalar la ciudad inteligente”

 

 

La adopción de IA, la ciberseguridad y la accesibilidad digital plantean retos adicionales. ¿Cuál es el enfoque del Ayuntamiento para garantizar un uso responsable y ético de la inteligencia artificial, reforzar la ciberseguridad municipal y evitar brechas digitales en la ciudadanía?

La ciberseguridad es un pilar irrenunciable de la transformación digital. Madrid ha abordado este ámbito como una prioridad estratégica, reforzando capacidades, recursos y estructuras organizativas para hacer frente a un entorno cada vez más complejo y externalizado.

En paralelo, el Ayuntamiento ha actualizado su Estrategia de Inteligencia Artificial para incorporar los avances más recientes, siempre bajo un principio claro: la IA se utiliza como herramienta de apoyo, no para la toma de decisiones automatizadas sobre personas.

Los casos de uso se desarrollan dentro de un marco ético y regulatorio basado en la transparencia, la protección de datos y el cumplimiento de la normativa europea. La confianza ciudadana es un elemento clave, y uno de los principales riesgos sería no aprovechar de forma responsable las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial.

 

“La inteligencia artificial se utiliza como herramienta de apoyo, no para tomar decisiones automáticas sobre personas”

 

 

A partir de la experiencia de Madrid, ¿qué aprendizajes considera más relevantes para otros municipios que inician o aceleran su transformación digital, y qué prioridades deberían marcar la agenda de las ciudades españolas hacia 2030 para consolidar una digitalización estructural, sostenible e inclusiva?

Desde mi punto de vista, el principal aprendizaje es la importancia del propósito y de los valores. En el caso de Madrid, el propósito son las personas; no debemos olvidar nunca para qué y para quiénes trabajamos. Existe el riesgo de caer en el “tecnopostureo” y de confundir la última tendencia con el objetivo, cuando la tecnología debe ser siempre un medio y no un fin. El objetivo último son mejores servicios públicos, en una ciudad más eficiente, atractiva y con proyección internacional.

La tecnología es un elemento estratégico y resulta imprescindible abordar los avances con decisión y ambición —como ocurre actualmente con la inteligencia artificial—, pero lo verdaderamente crítico es el valor del servicio que se presta, tanto a las áreas municipales como a la ciudadanía.

En estos años, Madrid ha trabajado de forma coherente en cuatro grandes líneas: el desarrollo de estrategias tecnológicas y de ciudad; la adaptación de las estructuras administrativas y el impulso del cambio cultural; el refuerzo de la fortaleza tecnológica y la digitalización transversal; y el posicionamiento de la ciudad, siempre en un marco de colaboración y cooperación.

 

 

Mirando al futuro, ¿qué legado le gustaría dejar al frente de la Oficina Digital y cómo imaginas la posición de Madrid en la red europea de ciudades inteligentes en los próximos años, especialmente en términos de liderazgo, gobernanza y modelo de ciudad centrada en el ciudadano?

Creo que sería pretencioso hablar de un legado personal. Las personas, en sí mismas, no son lo más importante; lo verdaderamente relevante son los equipos. En mi caso, soy consciente de que en algún momento finalizaré esta etapa —llevo más de cinco años al frente de la Oficina Digital— y considero que la alternancia es siempre positiva. En ese sentido, tanto el equipo de la Oficina Digital como el de Informática del Ayuntamiento de Madrid (IAM) constituyen el principal activo de esta transformación.

Mi principal preocupación es que, tras cualquier relevo, la organización sea mejor que la que se encontró al inicio y esté más preparada para afrontar el futuro: con proyectos finalizados y otros en marcha, ambiciosos pero realistas, y con un equipo capaz de dar continuidad al trabajo. Los nuevos responsables, por supuesto, aportarán su propia visión y realizarán cambios, pero siempre construyendo sobre lo ya hecho.

Me gustaría haber contribuido a que la transformación digital de Madrid se traduzca en una administración moderna, segura, interoperable y orientada al ciudadano, basada en el uso de datos de calidad y con la innovación integrada de forma natural en la prestación de los servicios públicos.

Asimismo, sería deseable que Madrid fuera reconocida como una ciudad capaz de combinar ambición tecnológica con responsabilidad pública: liderazgo en el uso de tecnologías avanzadas desde un enfoque ético, transparente y centrado en las personas.

En el contexto europeo, imagino a Madrid consolidada como un referente en gobernanza digital urbana, no solo por proyectos singulares, sino por su capacidad para escalar soluciones, compartir conocimiento y liderar redes de colaboración entre ciudades. Una ciudad capaz de influir en estándares, marcos de datos y modelos de gestión urbana.

En definitiva, el objetivo es que Madrid sea percibida como una capital digital europea capaz de avanzar en eficiencia, sostenibilidad e innovación sin perder de vista lo esencial: mejorar la calidad de vida de las personas y reforzar la confianza en lo público.

 

“El objetivo es que Madrid sea reconocida como una capital digital europea capaz de combinar ambición tecnológica con responsabilidad pública y confianza ciudadana”

 


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