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Madrid 2050: proyectar la ciudad existente

Una hoja de ruta urbana desde la arquitectura y la práctica interdisciplinar

Madrid 2050: proyectar la ciudad existente
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Publicado en:

215. Primer Trimestre (2026)
NÚMERO 215


ARCHIVADO EN:

Urbanismo

04/06/2026

TEMAS

Urbanismo

Un artículo de Ángela Baldellou, Doctora Arquitecta, periodista y Directora Gerente del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), y Diana Maján, arquitecta y especialista en comunicación de arquitectura. Fundadora de Hexágono Blanco – Comunicación de Arquitectura


 

Madrid ya no puede seguir creciendo como lo ha hecho hasta ahora.

No porque no vaya a hacerlo —las previsiones apuntan a más de un millón de nuevos habitantes en las próximas décadas—, sino porque ese crecimiento ya no puede resolverse únicamente a través de expansión, sino desde la transformación de lo construido.

El verdadero cambio de escala no es cuantitativo, sino disciplinar.

En este contexto, desde Madrid 2050 planteamos una pregunta que interpela directamente a la arquitectura: ¿cómo proyectar una ciudad que ya está hecha? Pero también se introduce una condición clave: esta transformación no puede abordarse desde una única disciplina. Requiere una práctica compartida, capaz de integrar conocimientos, escalas y agentes diversos.

 

Una práctica colectiva para una ciudad compleja

Madrid 2050 se configura como una agrupación de interés que articula un espacio de trabajo común entre arquitectos, administraciones públicas, promotores, universidades, centros de investigación, industria y otros profesionales vinculados al entorno construido.

Esta condición no es organizativa, es operativa.

La complejidad de los retos urbanos actuales —climáticos, sociales, económicos o territoriales— desborda los marcos tradicionales de la práctica arquitectónica. Frente a ello, el proyecto urbano se redefine como un proceso necesariamente interdisciplinar, donde el conocimiento se construye desde la interacción entre perfiles diversos.

La arquitectura no pierde centralidad, pero cambia su posición. Deja de ser un campo autónomo para convertirse en una disciplina capaz de conectar, traducir y dar forma a saberes múltiples. Más que producir objetos, organiza relaciones.

 

La complejidad de los retos urbanos actuales desborda los marcos tradicionales de la práctica arquitectónica. Frente a ello, el proyecto urbano se redefine como un proceso necesariamente interdisciplinar, donde el conocimiento se construye desde la interacción entre perfiles diversos

 

La arquitectura como estructura del sistema urbano

Uno de los principales aportes del trabajo desarrollado es desplazar el foco desde el planeamiento hacia el proyecto entendido en sentido amplio. No como pieza aislada, sino como herramienta capaz de articular sistemas complejos.

Vivienda, movilidad, espacio público o infraestructuras dejan de ser categorías independientes para entenderse como partes de una misma estructura espacial. La ciudad no se organiza por capas, sino por interacciones.

Esto implica una revisión profunda del papel de la arquitectura: ya no basta con resolver edificios, es necesario operar sobre estructuras urbanas.

La forma urbana, la sección de la calle, la mezcla de usos o la proximidad entre funciones se convierten en decisiones de proyecto con impacto directo en la movilidad, la eficiencia energética o la salud urbana. El diseño deja de ser formal para convertirse en estratégico.

 

 

Cuatro escalas de intervención sobre la ciudad

El trabajo de Madrid 2050 se articula en torno a cuatro ámbitos —vivienda, movilidad, espacio público y regeneración— que, más que sectores, pueden leerse como escalas de intervención arquitectónica.

 

El trabajo de Madrid 2050 se articula en torno a cuatro ámbitos —vivienda, movilidad, espacio público y regeneración— que, más que sectores, pueden leerse como escalas de intervención arquitectónica

 

La vivienda aparece como unidad básica, pero también como sistema. No se trata solo de producir más, sino de repensar tipologías, densidades y formas de habitar. La vivienda deja de ser un objeto aislado para integrarse en una red de servicios, equipamientos y espacios colectivos que definen el barrio.

La movilidad se traduce en forma urbana. No es únicamente una cuestión de redes, sino de distancias, jerarquías y relaciones espaciales. La ciudad policéntrica que se plantea no se dibuja en el plano, se construye a través de decisiones concretas de localización, mezcla de usos y continuidad del tejido urbano.

El espacio público adquiere una condición estructural. En un contexto de estrés climático y déficit de zonas verdes, su diseño ya no puede entenderse como residual. La calle, la plaza o el parque pasan a ser dispositivos ambientales capaces de regular temperatura, gestionar el agua, mejorar la calidad del aire y activar la vida urbana.

La regeneración, finalmente, introduce el principal campo de proyecto: la ciudad existente. Con un parque edificado envejecido, la intervención ya no consiste en añadir, sino en transformar, adaptar y actualizar lo construido.

 

Tres vectores que atraviesan el proyecto

Más allá de estas escalas, el informe identifica tres dimensiones que operan como vectores transversales de diseño: la descarbonización, la salud y la colaboración.

Estos elementos no se abordan como capas añadidas, sino como condiciones que deben integrarse desde el inicio en el proyecto arquitectónico.

Descarbonizar implica decidir cómo se orienta un edificio, cómo se rehabilita una envolvente o cómo se organiza un barrio. Incorporar la salud supone pensar en ventilación, sombra, accesibilidad o proximidad a espacios verdes. Y la colaboración —entendida como práctica profesional— redefine los procesos, incorporando nuevos agentes y formas de trabajo.

 

Proyectar desde lo existente

Uno de los cambios más relevantes que plantea Madrid 2050 es situar en el centro la ciudad ya construida.

Durante décadas, el urbanismo ha operado principalmente a través de nuevos desarrollos. Hoy, sin embargo, el principal campo de acción está en lo que ya existe. Esto obliga a cambiar herramientas, escalas y lógicas de intervención.

 

Durante décadas, el urbanismo ha operado principalmente a través de nuevos desarrollos. Hoy, sin embargo, el principal campo de acción está en lo que ya existe. Esto obliga a cambiar herramientas, escalas y lógicas de intervención

 

La rehabilitación deja de ser una operación técnica para convertirse en proyecto urbano. No se trata solo de mejorar la eficiencia energética de los edificios, sino de reconfigurar barrios completos: incorporar espacio público, mejorar accesibilidad, introducir nuevos usos y reforzar la cohesión social.

La arquitectura trabaja aquí con condiciones dadas, con estructuras heredadas y con límites físicos y normativos. Pero es precisamente en esa restricción donde aparece su capacidad de innovación.

 

 

Seis principios como criterios de proyecto

La hoja de ruta se sintetiza en seis principios que pueden leerse como criterios operativos para el proyecto urbano:

  • pensar la ciudad como sistema
  • medir la calidad, no solo la cantidad
  • intervenir prioritariamente sobre lo existente
  • integrar vivienda y movilidad
  • incorporar clima y naturaleza como material de proyecto
  • trabajar desde la colaboración

Estos principios no definen formas, pero sí establecen un marco claro desde el que producirlas.

 

De la planificación al prototipo

Frente a modelos de planificación cerrados, Madrid 2050 propone una aproximación más cercana al proyecto: iterativa, experimental, basada en prueba y ajuste.

Medir, experimentar o transferir conocimiento no son fases externas, sino parte del propio proceso de diseño.

Esto introduce una idea relevante: la ciudad como prototipo. Un sistema que se construye a través de intervenciones concretas, evaluables y replicables.

Los proyectos piloto funcionan así como piezas capaces de ensayar soluciones a escala real, generando conocimiento que puede escalarse posteriormente.

 

Arquitectura para una ciudad en transformación

Madrid 2050 no propone una imagen de ciudad, ni un modelo formal reconocible. Su aportación es más profunda: redefine las condiciones desde las que esa ciudad debe proyectarse.

En un contexto marcado por la emergencia climática, el envejecimiento del parque edificado y la complejidad social, la arquitectura deja de operar sobre objetos para hacerlo sobre relaciones.

Proyectar ya no consiste solo en diseñar edificios, sino en organizar sistemas: de energía, de movilidad, de cuidados y de espacios compartidos.

 

En un contexto marcado por la emergencia climática, el envejecimiento del parque edificado y la complejidad social, la arquitectura deja de operar sobre objetos para hacerlo sobre relaciones

 

La ciudad del futuro no será el resultado de grandes gestos, sino de la acumulación de decisiones precisas, coordinadas y sostenidas en el tiempo.

Y es en esa escala —la del proyecto como herramienta de transformación colectiva— donde la arquitectura vuelve a situarse en el centro del debate urbano.


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