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Los municipios, en el centro del nuevo ciclo inversor europeo

La Encuesta a Municipios 2024–2025 del BEI constata un aumento del esfuerzo inversor local, acompañado de brechas territoriales y límites estructurales de capacidad y ejecución

Los municipios, en el centro del nuevo ciclo inversor europeo
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Publicado en:

214. Cuarto Trimestre (2025)
NÚMERO 214


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Urbanismo

03/03/2026

TEMAS

Urbanismo

Sostenibilidad

La inversión pública ha adquirido un papel central en el crecimiento económico de la Unión Europea en los últimos años, especialmente a partir de 2023, en un contexto marcado por la recuperación pospandemia, la crisis energética, la guerra en Ucrania y los ajustes estructurales asociados a la transición verde. Ante la debilidad del consumo privado y la desaceleración de la inversión empresarial, el sector público se ha consolidado como uno de los principales motores de la actividad económica, compensando parcialmente la menor contribución de otros componentes del PIB en un entorno de elevada incertidumbre.

Según el Informe del BEI sobre el estado de la inversión en infraestructuras locales en Europa 2024–2025, elaborado a partir de la Encuesta a Municipios y publicado en abril de 2025, la inversión pública en la UE creció en 2023 a un ritmo récord, superando el 3,5 % del PIB, y mantuvo su dinamismo en 2024 gracias, en gran medida, al impulso de los fondos europeos, incluidos NextGeneration EU y los fondos estructurales. Este repunte responde tanto a nuevas presiones inversoras como a la necesidad de corregir déficits acumulados tras años de infraejecución.

 

El nuevo ciclo inversor europeo sitúa a municipios y regiones en el centro de la modernización de infraestructuras y de la transición climática.

 

En este nuevo ciclo, los gobiernos regionales y locales han desempeñado un papel decisivo. La inversión subnacional representó alrededor de dos tercios del aumento de la inversión pública total, situando a municipios y regiones en el centro de la modernización de infraestructuras, la prestación de servicios públicos esenciales y la implementación de las políticas climáticas y sociales, incluida una parte mayoritaria de la inversión climática en Europa. No se trata, por tanto, de un fenómeno marginal, sino de uno de los pilares sobre los que se está articulando la respuesta europea a los grandes desafíos económicos, sociales y territoriales actuales.

Este reportaje, elaborado a partir del mencionado informe, analiza cómo este protagonismo creciente se traduce en mayores responsabilidades para los ayuntamientos, qué brechas territoriales y de capacidad persisten y qué obstáculos -más allá de la financiación- condicionan la transformación del impulso inversor en proyectos efectivos y sostenibles a escala local.

 

Brechas que se amplifican según región y capacidad

El protagonismo creciente de los municipios en el nuevo ciclo de inversión pública no se distribuye de forma homogénea en el territorio europeo. Aunque la inversión local y regional ha impulsado buena parte del aumento reciente de la inversión pública, el informe del BEI evidencia la persistencia de desequilibrios territoriales y estructurales que condicionan la capacidad real de los ayuntamientos para planificar y ejecutar proyectos.

Las diferencias entre macrorregiones siguen siendo significativas. Los municipios de Europa Occidental y del Norte presentan mayores niveles de inversión pasada, mayor capacidad para movilizar recursos propios y financiación externa, y mejores condiciones institucionales para desarrollar proyectos complejos. En contraste, los municipios de Europa del Sur y, especialmente, de Europa Central y Oriental declaran con mayor frecuencia que la inversión ha sido insuficiente en ámbitos estratégicos como la adaptación y mitigación climática, las infraestructuras sociales o el transporte urbano.

Este patrón se reproduce al considerar el nivel de desarrollo regional. Los municipios de regiones menos desarrolladas y en transición identifican de forma sistemática mayores carencias inversoras, asociadas a una base fiscal más limitada, una mayor dependencia de transferencias externas y un acceso más restringido a financiación alternativa. A ello se suma una brecha clara asociada al tamaño municipal: los municipios grandes suelen sostener mayores niveles de inversión y gestionar procesos complejos de planificación y evaluación, mientras que los municipios pequeños afrontan mayores dificultades para absorber fondos y cumplir exigencias técnicas y regulatorias crecientes. Esta brecha de escala resulta especialmente visible en ámbitos como la inversión climática, la digitalización de servicios o la modernización de infraestructuras sociales.

En conjunto, estas divergencias reflejan la estrecha relación entre estructura económica, capacidad institucional y nivel de inversión, agravada por una brecha acumulada tras años de infraejecución, especialmente durante la década posterior a la crisis financiera global. En este sentido, el BEI señala que el aumento agregado de la inversión no garantiza, por sí solo, una reducción automática de las desigualdades y advierte de que, sin un refuerzo específico de capacidades en los territorios más rezagados, el repunte inversor podría no corregir -e incluso consolidar- estas desigualdades.

 

Sin un refuerzo específico de capacidades, el repunte inversor corre el riesgo de consolidar las desigualdades territoriales existentes.

 

 

¿Dónde están las principales carencias de inversión?

Más allá de las dinámicas agregadas de inversión y de las desigualdades territoriales, la Encuesta a Municipios del BEI 2024 permite identificar con claridad en qué ámbitos concretos los ayuntamientos consideran que la inversión ha sido insuficiente en los últimos años. Las principales carencias se concentran en infraestructuras clave para la transición ecológica, la cohesión social y la prestación de servicios públicos esenciales.

La adaptación y mitigación del cambio climático encabezan los déficits de inversión. La mayoría de los municipios considera insuficiente el esfuerzo realizado entre 2021 y 2023, tanto en actuaciones de reducción de emisiones —como eficiencia energética o energías bajas en carbono— como en medidas de adaptación orientadas a reforzar la resiliencia frente a fenómenos climáticos extremos. Esta percepción es especialmente acusada en Europa Central y Oriental y en Europa del Sur.

 

La mayoría de los municipios considera insuficiente el esfuerzo inversor reciente en adaptación y mitigación del cambio climático.

 

El transporte urbano constituye otro ámbito con carencias relevantes. Alrededor de la mitad de los municipios se declara insatisfecha con el nivel de inversión reciente, lo que refleja las dificultades para modernizar el transporte público, avanzar en movilidad sostenible y adaptar las infraestructuras a los objetivos climáticos y de calidad del aire.

Las infraestructuras sociales -educación, sanidad, atención a mayores y vivienda social- presentan también déficits significativos, especialmente en las regiones menos desarrolladas y en transición, donde el envejecimiento de la población y las restricciones presupuestarias intensifican la presión sobre los servicios públicos. A ello se suman carencias en servicios básicos de agua y gestión de residuos, vinculadas a la modernización de redes, la eficiencia operativa y la economía circular, así como déficits persistentes en infraestructuras digitales, con brechas regionales claras pese a que la digitalización se percibe mayoritariamente como una oportunidad.

 

Planes de inversión futura

Pese a las carencias detectadas, los municipios europeos muestran una clara voluntad de reforzar su esfuerzo inversor en el periodo 2024–2028. Más de la mitad prevé aumentar la inversión en adaptación al cambio climático, mitigación de emisiones e infraestructuras sociales respecto a 2021–2023, una tendencia especialmente intensa en las regiones menos desarrolladas en el ámbito de las infraestructuras sociales.

 

Más de la mitad de los municipios europeos prevé aumentar la inversión en adaptación al cambio climático, mitigación de emisiones e infraestructuras sociales en los próximos años.

 

Las inversiones climáticas se sitúan entre las prioridades más recurrentes, en línea con los objetivos europeos de descarbonización y resiliencia urbana. En paralelo, las infraestructuras sociales concentran una parte relevante de las intenciones de aumento del gasto, reflejando la presión demográfica y social sobre los servicios locales.

No obstante, esta intención inversora presenta fuertes asimetrías regionales. Los municipios de Europa Occidental y del Norte declaran incrementos más elevados en la mayoría de las categorías, mientras que en Europa del Sur y en Europa Central y Oriental una menor proporción planea aumentar la inversión, especialmente en mitigación y adaptación climática. Estas diferencias están estrechamente ligadas a las limitaciones estructurales de financiación y capacidad institucional que ya condicionaron la inversión pasada.

En este ámbito, las diferencias por tamaño municipal vuelven a ser un factor determinante en los planes de inversión. Los municipios grandes muestran, en general, una mayor propensión a incrementar la inversión, aunque con patrones distintos según la región, mientras que en Europa Central y Oriental los municipios de tamaño medio registran en algunos casos incrementos previstos superiores.

Por último, en cuanto a la naturaleza del gasto, los municipios priorizan de forma mayoritaria la modernización y adaptación de infraestructuras existentes frente a la construcción de nuevas, tendencia más marcada en Europa del Sur y en Europa Occidental y del Norte. En Europa Central y Oriental se asigna una proporción algo mayor a infraestructuras nuevas, reflejando distintas etapas de desarrollo y necesidades territoriales. Esta diferenciación entre inversión nueva y mantenimiento resulta clave para entender los desafíos a medio plazo. Si bien la modernización y adaptación de infraestructuras es esencial para mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y la resiliencia urbana, la limitada capacidad para acometer nuevas infraestructuras en determinados territorios puede perpetuar déficits estructurales preexistentes. En este sentido, el aumento previsto de la inversión municipal, aunque significativo, no garantiza por sí mismo una convergencia territorial, sino que corre el riesgo de reproducir las asimetrías ya observadas en ciclos anteriores.

 

Cuellos de botella más allá del dinero

Aunque la financiación insuficiente sigue siendo el principal obstáculo para la inversión municipal, la Encuesta a Municipios del BEI 2024 muestra que los frenos a la ejecución van mucho más allá del acceso a recursos financieros.

La complejidad regulatoria se ha consolidado como uno de los principales cuellos de botella. Casi la mitad de los municipios señala los largos procesos de aprobación, la carga burocrática y la incertidumbre normativa como obstáculos relevantes, con un impacto especialmente acusado en ámbitos como la inversión climática, la contratación pública y la gestión de fondos europeos.

A ello se suma la persistente escasez de perfiles técnicos especializados, en particular en evaluación ambiental y climática, ingeniería y, cada vez más, competencias legales y regulatorias, incluso por encima del conocimiento en licitación y contratación. Este obstáculo afecta de forma desproporcionada a los municipios pequeños y a las regiones menos desarrolladas o en transición, donde resulta más difícil atraer y retener personal cualificado.

La encuesta pone de relieve, además, la limitada utilización de evaluaciones independientes de proyectos de inversión. Si bien la evaluación financiera ex ante -o análisis preliminar- es la más habitual y supera el tercio de los proyectos, los análisis externos de impacto, resiliencia climática y sostenibilidad a largo plazo siguen siendo minoritarios, y las evaluaciones ex post continúan siendo poco frecuentes.

Estas carencias ayudan a explicar por qué el aumento de la inversión pública no se traduce automáticamente en proyectos ejecutados con rapidez y calidad. Sin un refuerzo de las capacidades administrativas, técnicas y regulatorias a nivel local, el riesgo es que los cuellos de botella no financieros se conviertan en un freno tan determinante como la propia financiación, comprometiendo la eficacia del actual ciclo inversor municipal.

 

Aumentar la financiación no basta: la complejidad regulatoria y la falta de capacidades siguen frenando la ejecución local.

 

Cómo se financian hoy las inversiones municipales

Pese al debate sobre nuevas fórmulas de financiación, la estructura de financiación municipal sigue siendo predominantemente tradicional y se ha mantenido relativamente estable en los últimos años.

Los recursos propios, principalmente ingresos tributarios locales, tienen mayor peso en las regiones más desarrolladas, mientras que las transferencias específicas para proyectos, que incluyen subvenciones y ayudas de capital procedentes de los gobiernos centrales, regionales y de los programas europeos, resultan esenciales para los municipios con menor capacidad fiscal, compensando su limitada autonomía financiera.

En contraste, el recurso a financiación externa mediante deuda, ya sea a través de entidades financieras o de los mercados de capitales, sigue siendo reducido: solo alrededor del 15 % de los municipios recurrió a ella en los últimos tres años y, entre ellos, únicamente la mitad obtuvo la totalidad de los recursos solicitados.

Las restricciones de crédito son más acusadas en las regiones menos desarrolladas, donde las transferencias de capital y las subvenciones de la UE pueden representar alrededor del 60 % de la financiación total. Además, se observan diferencias regionales en el acceso efectivo a la financiación externa: los municipios de Europa Occidental y del Norte muestran mayores tasas de éxito que los de Europa del Sur y Europa Central y Oriental.

En conjunto, estos datos ponen de manifiesto que, lejos de financiarse mayoritariamente en los mercados, los municipios europeos continúan anclados en un modelo de financiación basado en fondos propios y transferencias públicas. Este esquema, si bien proporciona estabilidad, también limita la capacidad de apalancamiento financiero y refuerza las desigualdades territoriales, especialmente en un contexto de crecientes necesidades de inversión en infraestructuras estratégicas.

 

Las debilidades en la evaluación ayudan a explicar por qué más inversión no siempre se traduce en mejores resultados.

 

El auge de los intrumentos financieros de la UE

Junto a la dependencia de subvenciones y transferencias públicas, la Encuesta a Municipios del BEI 2024 muestra un cambio gradual en la percepción de los instrumentos financieros de la Unión Europea. Alrededor del 60 % de los municipios prevé recurrir a ellos para financiar proyectos futuros, frente al 40 % en 2022, lo que refleja una mayor apertura a mecanismos que combinan distintas fuentes de financiación para ampliar la capacidad inversora.

Entre estos instrumentos destacan las garantías, los esquemas de blending y otras fórmulas de apalancamiento que utilizan fondos europeos como catalizador para movilizar financiación adicional. Desde una perspectiva estructural, estos mecanismos pueden reducir costes de financiación, mitigar riesgos y aumentar el volumen de inversión disponible, especialmente en ámbitos intensivos en capital como las infraestructuras verdes, el transporte urbano o los servicios básicos.

 

Los municipios europeos siguen financiando sus inversiones principalmente con recursos propios, transferencias y fondos de la UE.

 

No obstante, su uso presenta importantes diferencias según el tamaño y el nivel de renta municipal. Los municipios grandes y con mayor capacidad financiera muestran más predisposición a integrar instrumentos complejos, aunque en Europa Central y Oriental el interés declarado es muy elevado, si bien su uso efectivo sigue condicionado por limitaciones técnicas, mayor percepción de riesgo y un acceso más restringido al crédito.

Pese al interés creciente, la financiación basada en el mercado o mediante asociaciones público-privadas mantienen un peso limitado y estable. El auge de los instrumentos financieros de la UE no implica un abandono del modelo tradicional de financiación municipal, sino más bien una evolución hacia esquemas híbridos que combinan subvenciones, transferencias y herramientas financieras. El desafío, según el informe, reside en garantizar que estos instrumentos sean accesibles y utilizables para un mayor número de municipios, evitando que su complejidad contribuya a ampliar las brechas territoriales y de capacidad ya existentes.

 

Avances en la doble transición verde y digital

La doble transición verde y digital se ha consolidado como uno de los ejes estratégicos de la agenda urbana europea. Y, si bien es cierto que avanza, lo hace de forma desigual. La Encuesta del BEI muestra que más municipios invierten simultáneamente en ambos ámbitos que en 2022, aunque persisten diferencias significativas de capacidad, escala y desarrollo territorial.

Las regiones más desarrolladas mantienen una clara ventaja: cerca del 70 % de los municipios de Europa Occidental y del Norte avanza en ambas transiciones, frente a algo más del 40 % en las regiones menos desarrolladas. El tamaño municipal también resulta determinante, con mayor capacidad de ejecución en los municipios grandes.

En el ámbito verde, Europa Occidental y del Norte destacan en eficiencia energética, energías renovables, transporte sostenible y economía circular, mientras que en Europa Central y Oriental la implantación de medidas climáticas más amplias es menor. En el ámbito digital, la ciberseguridad y los servicios digitales presentan mayores niveles de adopción que la conectividad, las infraestructuras inteligentes y el uso avanzado de datos y computación en la nube, áreas aún rezagadas en todas las regiones, especialmente en Europa Central y Oriental.

Como resultado, solo una minoría de municipios puede considerarse avanzada en ambas transiciones. Aproximadamente uno de cada cinco municipios cumple los criterios para ser clasificado como avanzado en medidas verdes, y una proporción aún menor destaca en la agenda digital. Estos datos confirman que el progreso no depende solo de la definición de objetivos políticos, sino de la capacidad real de ejecución, y advierten del riesgo de una transición a distintas velocidades si no se refuerzan las capacidades locales.

 

La transición verde y digital avanza en Europa, pero a distintas velocidades según región y tamaño municipal. Solo una minoría de municipios puede considerarse avanzada en ambas transiciones.

 

Desafíos y oportunidades

Más allá de las dinámicas estrictamente presupuestarias o sectoriales, la inversión municipal se inscribe en un contexto más amplio de riesgos y oportunidades estructurales que condicionarán la evolución de las ciudades europeas a medio plazo. La digitalización se percibe mayoritariamente como una oportunidad para mejorar la eficiencia de los servicios públicos y la gestión de los recursos locales, especialmente en Europa Occidental y del Norte, mientras que en Europa Central y Oriental esta percepción es más matizada debido a las brechas de capacidad y acceso tecnológico.

En contraste, el envejecimiento de la población emerge como el principal desafío transversal, por su impacto sobre las infraestructuras sociales, los servicios de atención y la sostenibilidad financiera de los municipios. A ello se suma la creciente preocupación por los impactos físicos del cambio climático y por los riesgos geopolíticos, especialmente en Europa del Sur y en Europa Central y Oriental. La migración aparece como un reto desigual, con mayor preocupación en las regiones menos desarrolladas debido a la pérdida de población activa y de base fiscal.

 

La digitalización se percibe como una oportunidad, mientras el envejecimiento de la población emerge como el principal desafío.

 

En conjunto, estas percepciones ponen de manifiesto que las decisiones de inversión municipal no pueden entenderse de forma aislada. La capacidad de los ayuntamientos para responder a estos riesgos y aprovechar las oportunidades dependerá, en gran medida, de su margen financiero, su capacidad técnica y su integración en estrategias de desarrollo territorial a largo plazo, reforzando el vínculo entre inversión local y resiliencia económica y social en la Unión Europea.

 

 

Del diagnóstico a la ejecución

La Encuesta a Municipios del BEI 2024 confirma que los gobiernos locales y regionales son actores centrales del nuevo ciclo de inversión pública europea. Sin embargo, este impulso convive con límites estructurales claros. Las brechas territoriales, las diferencias de tamaño municipal y las desigualdades de capacidad institucional condicionan la conversión efectiva de los recursos disponibles en proyectos ejecutados.

La evidencia muestra que aumentar la financiación no es suficiente. Allí donde persisten marcos regulatorios complejos, procesos de autorización prolongados, escasez de personal cualificado o debilidades en la evaluación de proyectos, la inversión se retrasa o infraejecuta, afectando especialmente a los municipios pequeños y a las regiones menos desarrolladas o en transición.

El reto de las políticas públicas pasa, por tanto, por combinar financiación con simplificación regulatoria, asistencia técnica, planificación sólida y evaluación rigurosa de los proyectos. En última instancia, el debate ya no puede centrarse únicamente en cuánto se invierte, sino en cómo se invierte y quién está en condiciones de hacerlo. Garantizar que todos los municipios —con independencia de su tamaño o localización— puedan participar plenamente en este nuevo ciclo inversor será determinante para reforzar la cohesión territorial, la calidad de los servicios públicos y la resiliencia económica y social de las ciudades europeas en los próximos años.

 

El éxito del nuevo ciclo inversor europeo se juega en la capacidad de ejecución de los gobiernos locales. El debate ya no es solo cuánto se invierte, sino cómo se invierte y quién puede hacerlo.

 


 

 

“Las brechas de inversión municipal en Europa no se explican solo por la falta de recursos”

Pese al repunte de la inversión pública en los últimos años, los municipios europeos siguen afrontando importantes déficits en infraestructuras clave para la transición verde y la cohesión social. La adaptación al cambio climático, el transporte urbano o la gestión sostenible del agua y los residuos continúan tensionando las agendas locales, en un contexto marcado por la presión presupuestaria, las desigualdades territoriales y el aumento de la complejidad regulatoria.

En esta entrevista, Vaclav Zdarek, economista del Banco Europeo de Inversiones (BEI), en la división de Política y Estrategia del Departamento Económico, analiza algunas de las conclusiones de la última Encuesta de Municipios de la institución y ofrece una lectura estructural de los factores que siguen condicionando la inversión local en Europa. Más allá de la disponibilidad de recursos, el análisis pone el foco en la capacidad técnica, la planificación, la cooperación entre administraciones y el diseño de los instrumentos financieros como elementos determinantes para convertir los planes en proyectos viables.

La conversación aborda, además, las diferencias entre municipios grandes y pequeños, las prioridades de inversión para avanzar hacia ciudades más resilientes y sostenibles, y el papel que pueden desempeñar el BEI y los instrumentos europeos —tanto financieros como de asesoramiento— para acompañar a los ayuntamientos en el paso del diagnóstico a la ejecución efectiva.

Pese al aumento reciente de la inversión pública, los municipios siguen teniendo déficits importantes en infraestructuras clave como la adaptación al cambio climático, el transporte urbano o los servicios básicos como el agua o la gestión sostenible de los residuos. Desde una perspectiva estructural, ¿por qué estas brechas de inversión persisten a nivel local? ¿Se trata principalmente de un problema de volumen de recursos disponibles, de diseño de los instrumentos financieros o de capacidad para acceder a ellos?

En la Unión Europea, los municipios muestran un firme compromiso con la transición verde y con las infraestructuras sociales. La Encuesta de Municipios del BEI 2024, realizada a más de 1.000 municipios y ciudades de la UE que representan en torno al 6 % de la población total de la UE-27, muestra que los municipios concentran aproximadamente el 54 % de la inversión pública y el 60 % de la inversión en acción climática. La encuesta también revela que la mayoría de las ciudades europeas prevé incrementar las inversiones destinadas a combatir el calentamiento global y en otras infraestructuras clave, como la vivienda pública, las escuelas y los hospitales.

La existencia de brechas de inversión a nivel local no obedece a una única causa, sino a una combinación de factores. Entre ellos figuran las restricciones presupuestarias y la limitada disponibilidad de personal cualificado, circunstancias que pueden generar retrasos significativos en la ejecución de proyectos de infraestructuras. Además, los municipios pequeños suelen necesitar asociarse con otros municipios de su región para acometer inversiones de mayor envergadura, especialmente en el ámbito de la transición verde, y estos procesos de coordinación no siempre resultan sencillos. A ello se añaden complejidades derivadas del envejecimiento de la población o de los flujos migratorios.

 

“Los municipios son responsables de más de la mitad de la inversión pública y del 60 % de la inversión climática en la UE, pero las brechas en infraestructuras persisten por una combinación de restricciones presupuestarias, falta de capacidades y dificultades de coordinación”

 

Aún persisten fuertes diferencias entre regiones y entre municipios grandes y pequeños en su capacidad para invertir. ¿Qué factores explican estas desigualdades territoriales y de escala, y qué implicaciones pueden tener para la cohesión urbana y la calidad de los servicios municipales a medio plazo?

Las desigualdades territoriales y vinculadas a la escala se derivan de múltiples factores, como la ubicación geográfica, el papel de las instituciones, las políticas regionales y las infraestructuras preexistentes. Estos elementos influyen en el atractivo de un municipio para determinados segmentos de la población, como los jóvenes profesionales, con independencia de su tamaño.

Las políticas regionales pueden contribuir a abordar estas disparidades fomentando la cooperación intra e interregional y mitigando las limitaciones asociadas a la lejanía o al tamaño de determinados municipios.

 

“Las diferencias en capacidad de inversión entre municipios y regiones responden a factores estructurales —como la ubicación, las políticas regionales o las infraestructuras heredadas— y pueden condicionar la cohesión urbana y la calidad de los servicios a medio plazo”

 

Más allá de la falta de recursos, los municipios identifican la complejidad regulatoria y las carencias en capacidades técnicas, evaluación de proyectos y gestión administrativa como frenos recurrentes. ¿Hasta qué punto estos factores están condicionando la ejecución real de las inversiones municipales? ¿Pueden convertirse en un cuello de botella tan determinante como la financiación?

Depende de la naturaleza del proyecto, pero, en general, las inversiones en infraestructuras más complejas —como las vinculadas al transporte o al cambio climático— suelen implicar un mayor número de requisitos y procesos de aprobación más complejos.

Uno de los resultados de la Encuesta es el sorprendentemente bajo porcentaje de evaluaciones independientes en los proyectos de infraestructuras propuestos a nivel local, en ámbitos como la sostenibilidad financiera o la resiliencia, incluida la adaptación. La ausencia de este tipo de evaluaciones puede generar dificultades adicionales en la ejecución de los proyectos y será uno de los aspectos que se abordarán en la nueva edición de la Encuesta.

 

“En proyectos complejos, como los vinculados al transporte o al cambio climático, la complejidad regulatoria y la falta de evaluación independiente pueden convertirse en un cuello de botella tan determinante como la financiación”

 

En un contexto de transición verde y adaptación urbana, los ayuntamientos se ven obligados a priorizar cuidadosamente sus decisiones de inversión. Desde su perspectiva, ¿qué tipos de infraestructuras o actuaciones considera más estratégicas en los próximos años para avanzar hacia ciudades más resilientes y sostenibles?

Aunque los municipios han invertido de forma significativa tanto en infraestructuras de mitigación como de adaptación, estas últimas aún presentan un amplio margen de desarrollo. En este ámbito, existe un importante recorrido en actuaciones como la renaturalización de los espacios públicos y de las cubiertas, para prevenir el sobrecalentamiento durante las olas de calor o reducir el volumen de escorrentía que entra en los sistemas de drenaje durante episodios de lluvias intensas.

Asimismo, resultan estratégicas la preservación y el refuerzo de la biodiversidad —a través de praderas locales, parques o bosques—, el apoyo al transporte público y la contribución al incremento de la eficiencia en el uso de los recursos.

 

“Aunque se ha avanzado en mitigación, las infraestructuras de adaptación siguen teniendo un amplio margen de desarrollo, especialmente en renaturalización urbana, biodiversidad, transporte público y uso eficiente de los recursos”

 

En este contexto, los instrumentos financieros de la UE y el papel de entidades como el BEI aparecen cada vez más vinculados a la inversión local. Desde una perspectiva estructural, ¿qué tipo de apoyo —financiero o no financiero— resulta hoy más determinante para que los municipios puedan materializar sus proyectos de infraestructuras?

Aunque los recursos propios y las transferencias siguen siendo la principal fuente de financiación de infraestructuras para los municipios, el aumento de los costes de construcción en los últimos años o la reducción del apoyo financiero en forma de subvenciones podrían incrementar la necesidad de instrumentos financieros alternativos que permitan apalancar los recursos municipales (con apoyo regional o nacional) para ejecutar grandes proyectos de inversión.

La Encuesta del BEI muestra que el 61 % de los municipios está interesado en explorar otras opciones de financiación. Entre ellas podría incluirse, por ejemplo, el uso de garantías. La reducción de los reembolsos gracias a una menor prima de riesgo o la ampliación de los plazos de amortización mediante garantías pueden resultar clave para determinados proyectos de infraestructuras vinculados a la transición verde. La nueva edición de la Encuesta tratará de analizar estas tendencias con mayor detalle.

El BEI puede apoyar a los municipios aportando su experiencia técnica, financiera y estratégica, por ejemplo en la evaluación de proyectos financiados por el banco o mediante apoyo asesor a los promotores de proyectos —incluidas las autoridades nacionales, regionales o locales— y a los intermediarios financieros.

 

“El aumento de los costes y la menor disponibilidad de subvenciones están llevando a muchos municipios a explorar instrumentos financieros alternativos —como garantías— que permitan reducir riesgos y hacer viables grandes proyectos de transición verde”

 

A la vista de este escenario —mayores necesidades de inversión, presión presupuestaria y desigualdades territoriales—, ¿qué condiciones considera clave para que los municipios puedan pasar del diagnóstico a la ejecución efectiva, garantizando al mismo tiempo la calidad, la viabilidad y la sostenibilidad de los proyectos?

La creciente complejidad de la economía mundial añade nuevas capas de dificultad a los proyectos de inversión. En este contexto, contar con presupuestos previsibles, normas fiscales claras y estables, una planificación local sólida que aborde las prioridades clave, una evaluación rigurosa de los proyectos, canales de cooperación entre los distintos niveles de gobierno y la disponibilidad de personal cualificado resulta fundamental para atraer recursos adicionales del sector privado y de municipios vecinos, y para transformar los planes en proyectos reales y sostenibles.

 

“Pasar del diagnóstico a la ejecución exige presupuestos previsibles, marcos fiscales estables, planificación sólida, evaluación rigurosa, cooperación entre niveles de gobierno y personal cualificado”

 


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