Con una plantilla reforzada un 67 %, cerca de 4.000 nuevos contenedores y una flota mayoritariamente eléctrica y a gas, el municipio completa buena parte del despliegue de un servicio que también redefine la gestión de los biorresiduos y la recogida comercial
La renovación de los servicios de limpieza viaria y recogida de residuos de Pontevedra entra en una nueva etapa. Después de meses de implantación progresiva, la incorporación de nuevos equipos, la sustitución de contenedores y el despliegue de prestaciones hasta ahora inexistentes o con un alcance más limitado están trasladando a las calles buena parte de los cambios previstos en el nuevo modelo municipal.
Uno de los últimos pasos ha sido la incorporación de 23 nuevos vehículos, que completa prácticamente la renovación de la flota destinada a la limpieza y la recogida. No obstante, no solo es la maquinaria lo que va a cambiar. El Concello está reorganizando las frecuencias de limpieza, ampliando la plantilla, introduciendo herramientas digitales para controlar el servicio y desarrollando diferentes sistemas de gestión de residuos en función de las características de cada zona de la ciudad.
Esta ampliación de medios y prestaciones viene acompañada de un mayor esfuerzo económico. Según explica Xaquín Moreda, concejal de Servizos Urbanos Básicos del Concello de Pontevedra, el presupuesto dedicado a limpieza y gestión de residuos ha pasado de 7 a 12 millones de euros. Este incremento está permitiendo abordar de forma simultánea la renovación de equipos, la contenerización, la recogida comercial puerta a puerta, la extensión del compostaje y nuevos servicios dirigidos a residuos específicos.
“El balance general de esta primera etapa es muy positivo”, señala Moreda, quien asegura que la implantación avanza de manera progresiva y conforme a la hoja de ruta prevista. El objetivo, añade, es orientar el servicio hacia un modelo en el que la gestión de los residuos avance hacia los principios de sostenibilidad y economía circular.
La renovación prácticamente integral de la flota constituye una de las caras más visibles del nuevo servicio. La última incorporación de 23 vehículos completa el grueso de un despliegue iniciado meses atrás y con el que Pontevedra ha sustituido buena parte de los medios destinados tanto a la recogida de residuos como a la limpieza viaria.
Sin embargo, el cambio no se limita a renovar equipos antiguos por otros nuevos. La configuración de la flota responde también a una transición hacia tecnologías de menor impacto ambiental: el 52% de los vehículos son eléctricos y otro 41% funcionan con gas natural, reduciendo especialmente el impacto acústico asociado a las operaciones que se desarrollan en las calles.
A esta mejora se suma una mayor especialización de los medios disponibles. Barredoras, decapadoras de agua caliente, triciclos eléctricos y vehículos compactos permiten adaptar cada intervención a las características del espacio en el que se trabaja. En las calles más estrechas, por ejemplo, los equipos de menores dimensiones facilitan las operaciones sin interferir en la misma medida sobre el tráfico y la actividad cotidiana.
Esta combinación de tecnología y especialización se traduce, según el concejal, en mejoras que trascienden la reducción de emisiones. La nueva maquinaria “ha mejorado la capacidad de respuesta y la calidad de la limpieza”, además de permitir ejecutar limpiezas integrales en profundidad por los distintos barrios del municipio.
“La nueva maquinaria ha mejorado la capacidad de respuesta y la calidad de la limpieza, permitiendo ejecutar limpiezas integrales en profundidad por todos los barrios”. Xaquín Moreda, concejal de Servizos Urbanos Básicos del Concello de Pontevedra.
Precisamente, la renovación tecnológica se acompaña de una reorganización de la propia limpieza viaria. El servicio se estructura ahora por sectores y barrios, con frecuencias semanales establecidas para cubrir de forma continuada el conjunto del ámbito urbano.
Para sostener esa mayor cobertura, el refuerzo de los recursos humanos ha sido igualmente significativo. La plantilla directa ha aumentado un 67%, hasta situarse en torno a las 200 personas, una dotación con la que se busca incrementar la presencia de operarios en la vía pública y distribuir los medios de forma más equilibrada entre el centro y los distintos barrios.
Sobre esa planificación ordinaria se incorporan, además, limpiezas integrales periódicas, concebidas como actuaciones de mayor intensidad sobre determinados espacios. La combinación de ambas fórmulas persigue así mantener una atención continuada sin renunciar a intervenciones más profundas cuando sean necesarias.
Para Moreda, esa reorganización debe traducirse en un cambio perceptible a pie de calle, con “una mayor presencia continua de operarios en la vía pública” y una cobertura que atienda “con la misma intensidad tanto al centro urbano como a los barrios”.
La reorganización de los recursos en la calle tiene su equivalente en el sistema de recogida. Uno de los principales cambios afecta a la contenerización, con la instalación de cerca de 4.000 unidades: alrededor de 2.800 de carga lateral y 1.200 de carga trasera. Pero junto a la sustitución física de los recipientes, el modelo incorpora herramientas de identificación y seguimiento que introducen una nueva capa de información en la gestión cotidiana.
A través de estos sistemas será posible conocer el nivel de llenado, supervisar las rutas de recogida y detectar incidencias operativas con mayor rapidez. Los datos obtenidos permitirán, a su vez, analizar el funcionamiento del servicio y ajustar tanto la dotación de recipientes como las frecuencias a las necesidades detectadas en cada zona.
“La digitalización es un eje central de supervisión y control del nuevo modelo”, resume Moreda. Precisamente a las herramientas destinadas a la gestión interna se sumará una aplicación para que los ciudadanos puedan comunicar incidencias en tiempo real y recibir respuesta, incorporando así la información generada por los propios usuarios al seguimiento del servicio.
Si la maquinaria y los contenedores representan la parte más visible de la renovación, uno de los cambios de mayor calado se encuentra en la gestión de los biorresiduos. Pontevedra articula su estrategia alrededor de tres sistemas complementarios: compostaje individual, compostaje comunitario y recogida mediante contenedor marrón.
En las parroquias rurales, las viviendas que disponen de parcela pasan a utilizar compostaje doméstico obligatorio, acompañado del reparto de composteros, formación presencial y seguimiento técnico cada seis meses. La realidad urbana requiere, en cambio, combinar otras dos fórmulas: la red de compostaje comunitario crecerá de 31 a 100 centros, mientras que la recogida separada se reforzará con 355 contenedores marrones.
El planteamiento busca tratar una parte de la materia orgánica lo más cerca posible del lugar en el que se genera. Moreda lo vincula al principio de “kilómetro cero”, con centros comunitarios capaces de procesar entre 15 y 25 toneladas anuales y un sistema que se completará en el futuro con la proyectada planta municipal de compostaje de A Canicouva.
“El objetivo es tratar los biorresiduos bajo el principio de ‘kilómetro cero’, sin consumo energético, procesando entre 15 y 25 toneladas anuales por cada centro comunitario”. Xaquín Moreda, concejal de Servizos Urbanos Básicos del Concello de Pontevedra.
La necesidad de adaptar la recogida al origen y al tipo de residuo se traslada también a la actividad económica. Más de 1.300 comercios y negocios se incorporan a un sistema puerta a puerta: 298 se encuentran en la zona monumental y otros 1.013 en el resto del área urbana.
El objetivo es doble: evitar que los residuos generados por grandes productores terminen saturando los contenedores de uso comunitario y facilitar la separación en origen de las distintas fracciones. Ahora bien, la diversidad de actividades hacía difícil establecer un sistema idéntico para todos los usuarios.
Por ello, antes de definir las rutas se llevó a cabo “un estudio de campo previo local por local”, indica Xaquin Moreda, con el que se dimensionaron las necesidades específicas de cada actividad. A partir de ese análisis se proporcionan recipientes propios y se establecen frecuencias diferenciadas. Así, la hostelería cuenta con recogida diaria de materia orgánica y vidrio, mientras que el papel y cartón, los envases y la fracción resto disponen de calendarios adaptados al comercio y las oficinas. Las rutas comienzan, además, tras el cierre comercial habitual.
Si el tejido comercial exige una respuesta específica, las características del centro histórico plantean otro condicionante: cómo prestar el servicio sin mantener de forma permanente los recipientes en un espacio de especial sensibilidad patrimonial y elevada intensidad de uso.
“La implantación de las islas emergentes persigue eliminar de forma definitiva los contenedores fijos de las calles del centro histórico para proteger el patrimonio monumental, mejorar la estética urbana y liberar el espacio público”. Xaquín Moreda, concejal de Servizos Urbanos Básicos del Concello de Pontevedra.
La respuesta diseñada por Pontevedra pasa por retirar los contenedores fijos de sus calles y sustituirlos por ocho islas emergentes. Estas plataformas se instalarán diariamente durante cuatro horas en horario de tarde y noche y serán posteriormente retiradas y lavadas, permitiendo depositar las cinco fracciones sin ocupar de manera permanente el espacio público.
Su ubicación ha obligado a conciliar las necesidades de recogida con la accesibilidad, los portales, la actividad comercial y las propias características del entramado urbano. Tal y como señala Moreda, los emplazamientos fueron seleccionados siguiendo criterios técnicos y consensuados con colectivos vecinales y comerciales. El resultado busca que ningún residente tenga que desplazarse más de 125 metros para depositar sus residuos.
De este modo, las islas emergentes persiguen algo más que modificar el sistema de depósito. Su finalidad, explica el concejal, es “proteger el patrimonio monumental, mejorar la estética urbana y liberar el espacio público”, integrando la gestión de los residuos en una concepción más amplia del funcionamiento del centro histórico.
Más allá de las principales fracciones, el contrato amplía asimismo las alternativas disponibles para residuos domésticos que, por sus características o por las cantidades generadas, requieren canales propios.
Es el caso del aceite doméstico usado, para el que se ha desplegado una red de 32 contenedores gestionada en colaboración con la cooperativa de iniciativa social Mulleres Colleiteiras. El sistema permite destinar el residuo a la producción de biodiésel y vincula su gestión con la generación de empleo para personas en situación de vulnerabilidad.
A esta red se suman 75 contenedores para pilas distribuidos en edificios públicos, centros sociales y colegios. Por su parte, para aquellos residuos que no encajan en estas recogidas permanentes, el punto limpio móvil recorre diez ubicaciones en distintos barrios y facilita la entrega de pequeños aparatos eléctricos y enseres. Al mismo tiempo, la operativa incorpora el lavado periódico mediante agua a presión de los contenedores e islas, extendiendo la renovación del servicio también a su mantenimiento cotidiano.
“Las mayores dificultades estriban en la asimilación del cambio de color de la fracción resto, la transición al compostaje obligatorio en las parroquias y la adaptación a los horarios fijos de deposición en el centro histórico”. Xaquín Moreda, concejal de Servizos Urbanos Básicos del Concello de Pontevedra.
Todo este despliegue de medios, sistemas y nuevas formas de recogida tiene, finalmente, una dimensión que no depende únicamente de la capacidad operativa del Concello: la adaptación de quienes utilizan el servicio. Algunos de los cambios introducidos obligan a modificar hábitos consolidados y, precisamente por ello, la información y el acompañamiento forman parte del proceso de implantación.
Las principales dificultades detectadas hasta ahora se concentran en el cambio de color de la fracción resto, que pasa del antiguo verde al gris; la transición al compostaje obligatorio en las parroquias; y la adaptación a los horarios de depósito en el centro histórico.
Para acompañar ese proceso, el plan reserva un 2 % del presupuesto inicial a campañas de divulgación. Folletos, cartelería y charlas en locales sociales se combinan con la presencia continuada de educadores ambientales, que realizan visitas periódicas y labores de seguimiento a pie de calle. La intención es que la transformación material del servicio avance al mismo ritmo que la adopción de los nuevos sistemas por parte de ciudadanos y establecimientos.
Esa implicación resulta especialmente relevante en una fase en la que buena parte de las inversiones ya se han materializado y el reto pasa progresivamente por consolidar su funcionamiento. El propio alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, incidía durante la presentación de la nueva flota en esa relación entre separación y aprovechamiento: “Los residuos, cuando se separan, se recogen de forma separada, se tratan y se reciclan, son un recurso”.
El despliegue, en cualquier caso, todavía no ha concluido. Durante los próximos meses, las prioridades municipales pasan por consolidar el puerta a puerta comercial y las islas emergentes, ajustando ambas operativas a la demanda real; mantener el seguimiento del compostaje en las áreas urbana y rural; y avanzar en el proyecto de la futura planta de compostaje de A Canicouva.
Se abre así una segunda fase en la que el foco se desplaza progresivamente de la incorporación de recursos a su funcionamiento cotidiano. Será la evolución de estos sistemas y su adaptación a las particularidades de cada zona y flujo de residuos la que permita medir el alcance efectivo del nuevo modelo.
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