La experiencia catalana muestra cómo la combinación de modelos eficientes, incentivos económicos, planificación e implicación ciudadana ha impulsado la recogida selectiva de la materia orgánica y los retos que aún deben afrontarse para cumplir los objetivos europeos de reciclaje
Por Teresa Guerrero Bertran, jefa del departamento de Fomento de la Recogida Selectiva en la Agencia de Residuos de Cataluña
La fracción orgánica es clave en la gestión de los residuos municipales, tanto por su peso —en torno al 40% del total generado— como por su impacto ambiental. La limitación de la entrada de residuos biodegradables en vertedero ha sido uno de los ejes principales de la normativa europea. Cuando la materia orgánica se deposita mezclada con la fracción resto, se descompone en condiciones anaerobias y genera metano, un gas con un potencial de calentamiento global 25 veces superior al CO₂.
Sin olvidar que, siguiendo la jerarquía de gestión de residuos, para una adecuada gestión de la fracción orgánica, lo primero que hay que acometer es la lucha contra el desperdicio alimentario, este artículo se centra en la recogida selectiva de la fracción orgánica y su gestión en Cataluña.
Cataluña inició a finales de los años noventa la recogida selectiva de la fracción orgánica, completando el modelo de cinco fracciones: vidrio, papel y cartón, envases, resto y orgánica. La introducción temprana de esta recogida ha sido uno de los elementos diferenciales respecto a otros territorios.
La fracción orgánica representa cerca del 40% de los residuos municipales y su correcta gestión es una de las claves para avanzar hacia una economía circular real
Esta firme apuesta por la recogida selectiva de la fracción orgánica se ha acompañado de instrumentos de ayuda a los entes locales y, gracias al trabajo de muchas personas en todo el territorio, ha permitido llegar al nivel actual de recogida selectiva en Cataluña de alrededor del 50 %.
Sin embargo, haber sido pioneros no es sinónimo de haberlo hecho todo bien desde el principio. También se han cometido errores, ya que en algunos casos se han implantado prácticas y modelos no adaptados a las singularidades de cada territorio y poco eficientes.
De hecho, existe un recorrido de mejora importante para mejorar los niveles de captación de recogida y muy especialmente los de calidad, con el fin de avanzar hacia la consecución de nuevos objetivos ambiciosos que nos hemos propuesto en toda Europa para el 2030 y hasta el 2035, alcanzando el 65% de reciclaje. La consecución de esos objetivos de reciclaje sitúa los objetivos de recogida selectiva necesariamente por encima del 70%, lo que requiere una profunda transformación en los modelos actuales hacia modelos más eficientes.
Analizando el recorrido efectuado en Cataluña y sus resultados, se destacan 6 aspectos clave para la gestión de la fracción orgánica.
El cambio de paradigma ha consistido en abandonar el contenedor abierto y anónimo para avanzar hacia modelos eficientes, con identificación de usuario: recogida puerta a puerta o contenedores cerrados, o combinaciones de ellos. La experiencia ha demostrado que no hay modelos únicos, sino que deben adaptarse al territorio y las circunstancias, combinando diferentes modelos en un mismo territorio e incluso utilizando modelos diferentes para diversas fracciones en una misma zona.
Haber sido pioneros no significa haberlo hecho todo bien desde el principio; la experiencia también ha permitido identificar errores y corregirlos
En la actualidad, más de 500 municipios en Cataluña han adoptado ya estos sistemas eficientes, que sitúan la fracción orgánica en el centro del modelo. La clave es clara: limitar el uso de la fracción resto y facilitar la correcta separación del resto de fracciones, en especial de la orgánica.
Estos modelos generan corresponsabilidad, ya que el usuario deja de ser anónimo, y permiten evolucionar hacia sistemas de tasa por comportamiento “Pay as you Throw, PAYT” en inglés, PAYT), alineando el coste del servicio con la conducta de cada generador.
Conociendo el impacto en la gestión de los residuos municipales, en Cataluña se estableció ya en el 2003 el canon de eliminación que grava los residuos vertidos e incinerados, para encarecer las vías de gestión menos prioritarias. Esta medida se reforzó con un instrumento económico altamente eficiente: el sistema de retorno inicialmente del canon y actualmente del impuesto de eliminación. Mediante este mecanismo de retorno, las entidades locales reciben importantes cantidades económicas, que vienen reguladas por diversos factores, entre los cuáles uno de los más cuantiosos son el retorno por la cantidad y calidad de la orgánica recogida separadamente y tratada en plantas de tratamiento biológico.
Este instrumento fiscal ha sido clave para el éxito de la recogida selectiva en Cataluña. Un aspecto fundamental que no debe olvidarse es la aprobación y publicación anticipada de los tipos impositivos de varios ejercicios de forma que vayan incrementándose con el tiempo, y permitan una buena planificación a las entidades locales.
La fracción orgánica no está sometida a un sistema de responsabilidad ampliada del productor, como lo están los envases ligeros u otras fracciones. Hacen falta subvenciones públicas para fomentar la implantación de la recogida selectiva de esta fracción. En Cataluña empezamos con las subvenciones en la década de los 2000 y las últimas han sido las financiadas con los fondos Next Generation. En el 2020, la oportunidad de lanzar un proyecto de compra publica de innovación (CPI) hizo replantear por completo las ayudas al fomento de una recogida selectiva, ya entonces muy implantada en el territorio. A partir de entonces y con la llegada de los fondos Next Generation, únicamente se financian modelos eficientes, puerta a puerta o contenedores con identificación de los usuarios y se incentivan las tasas por comportamiento tanto para la ciudadanía como para los comercios.
Las subvenciones claramente incentivan nuevos proyectos y la adecuación de los sistemas de recogida. Sin embargo, la complejidad en su tramitación resulta difícil. En el futuro, hay que explorar fórmulas de apoyo a los entes locales sencillas y ágiles, y diseñarlas para que puedan ser tramitadas con la ayuda de la IA, acompañada naturalmente por la intervención humana experta.
El sistema de retorno del canon y del impuesto de eliminación ha sido uno de los instrumentos más eficaces para impulsar la recogida selectiva en Cataluña
No se puede empezar una estrategia de implantación de la recogida selectiva de la fracción orgánica sin tener muy claro a qué instalaciones se destinará para su tratamiento diferenciado. Es recomendable empezar por instalaciones sencillas de compostaje, pero planificar a medio y largo plazo su ampliación. Una estrategia que ha funcionado en Catalunya ha sido la construcción de instalaciones flexibles de tratamiento biológico en las que se construyen módulos que inicialmente se destinan al tratamiento de la materia orgánica contenida en la fracción resto y, a medida que la recogida de la fracción orgánica se incrementa, se destinan más módulos a esta fracción selectiva. Incluso digestores anaerobios, inicialmente construidos para tratar la orgánica de la fracción mezclada, se han destinado finalmente a la fracción orgánica cuando la cantidad recogida selectivamente se ha incrementado, mejorando la eficiencia del tratamiento.
Es fundamental también establecer una política de tarifas que incentive la recogida separada, de forma que cada quilo de fracción orgánica que se derive de la fracción resto y se recoja como selectivamente, suponga un ahorro en costes de tratamiento. Si es posible, es muy recomendable imputar los mayores costes fijos al tratamiento de la fracción que queremos evitar (resto) y reducir el coste de la que queremos incentivar (orgánica).
Los residuos comerciales —especialmente de grandes productores— son una pieza estratégica. En el caso de la orgánica, destacan el sector HORECA, hospitales o comedores colectivos.
Se trata de flujos de elevada cantidad y mejor calidad, lo que puede contribuir significativamente a mejorar los resultados globales de recogida selectiva.
La implantación de sistemas de seguimiento, obligaciones específicas y trazabilidad ha permitido integrar progresivamente a estos generadores, tanto dentro como fuera del servicio público.
El peso de los residuos comerciales en la recogida selectiva depende de cada entorno territorial y conviene en cada caso realizar un estudio especifico. En Cataluña se estima que suponen del orden del 40% en peso de los residuos municipales generados.
Proyectos específicos realizados en hoteles, festivales y otros eventos, o en el sector de los cámpings, así como la gestión de establecimientos como ferias o instalaciones deportivas, demuestran que, con medidas sencillas pero claras y la implicación de todos los agentes, se pueden conseguir resultados espectaculares. En el futuro, se abre una oportunidad para mejorar los resultados de reciclaje, colaborando de manera trasversal con estos sectores para los que la sostenibilidad ya no es solo una opción sino un factor fundamental para su competitividad.
No puede implantarse una estrategia de recogida de biorresiduos sin planificar previamente dónde y cómo se tratará esa materia orgánica
La transformación de los modelos de recogida implica cambios de hábitos y requiere un esfuerzo continuo de comunicación. La materia orgánica suele percibirse como “inofensiva”, pero su gestión inadecuada tiene impactos negativos relevantes.
Las campañas deben ser constantes, transparentes y adaptadas a cada público. La introducción de sistemas con identificación ha añadido un nuevo reto: gestionar adecuadamente la información sobre el uso de datos, generando confianza.
Al mismo tiempo, estos sistemas permiten una comunicación más personalizada, segmentada y eficaz. Informar no solo del “cómo”, sino también del “por qué”, y compartir resultados, es clave para consolidar la implicación ciudadana.
La experiencia de Cataluña pone de manifiesto que la implantación efectiva de la recogida selectiva de la fracción orgánica no responde a soluciones únicas ni inmediatas, sino a una combinación coherente y sostenida en el tiempo de políticas públicas, instrumentos económicos, innovación en los modelos de recogida y, sobre todo, implicación de los distintos agentes.
El paso de modelos abiertos a sistemas eficientes con identificación ha marcado un punto de inflexión, demostrando que la mejora de resultados —en cantidad y calidad— está directamente vinculada a la corresponsabilidad de los usuarios. A ello se han sumado instrumentos clave como la fiscalidad ambiental, el retorno económico, la planificación de infraestructuras y el acompañamiento constante a los entes locales y a la ciudadanía.
Sin embargo, el camino no está acabado. Los retos futuros —especialmente en entornos urbanos densos, en la mejora de la calidad de las fracciones y en la consolidación de nuevos modelos de gestión— exigirán mantener la ambición, la capacidad de adaptación y la continuidad de las políticas y actuaciones.
La información más relevante del sector directamente en tu correo.
Suscribirme4