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¿Hacia dónde evolucionan los servicios urbanos?

La recogida de residuos y la limpieza viaria afrontan una transformación marcada por la presión normativa, el aumento de costes, la digitalización y la necesidad de mejorar la eficiencia y la implicación ciudadana

¿Hacia dónde evolucionan los servicios urbanos?
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Publicado en:

215. Primer Trimestre (2026)
NÚMERO 215


ARCHIVADO EN:

Medio Ambiente

25/05/2026

TEMAS

Recogida de Residuos

Digitalización

Limpieza Viaria

Lo que durante décadas fue entendido como un sistema esencialmente operativo —recoger residuos y mantener limpias las calles— se ha convertido hoy en un ámbito de alta complejidad técnica. La gestión de los servicios urbanos vive así un momento de redefinición profunda, marcado por una creciente presión normativa, la incorporación de nuevas tecnologías y una exigencia ciudadana cada vez mayor.

En este nuevo escenario, los ayuntamientos se enfrentan a un desafío múltiple: adaptar sus modelos de gestión, garantizar la viabilidad económica de los servicios, avanzar en los objetivos de sostenibilidad y, al mismo tiempo, responder a una percepción social que no siempre evoluciona al mismo ritmo que la inversión y la mejora operativa. La recogida de residuos y la limpieza viaria han pasado así a ocupar un lugar central en la agenda municipal, no solo como servicios básicos, sino como indicadores directos de calidad de vida y de compromiso ambiental.

Para analizar esta transformación desde dentro, este reportaje recoge la visión de tres responsables públicos con realidades territoriales y operativas muy distintas: César Rico, director de Producción en Limpieza y Medio Ambiente de Getafe (LYMA) y secretario general de la Asociación Nacional de Empresas Públicas de Medio Ambiente (ANEPMA); Ángel García Córdoba, jefe del Servicio de Limpieza Pública y Gestión de Residuos del Ayuntamiento de Zaragoza; y Arturo Calzado Carmona, gerente general de Residuos Urbanos de Jaén S.A. (Resurja).

A través de sus experiencias, desgranamos las claves que están marcando la evolución del sector: desde los modelos de gestión y la organización operativa hasta la digitalización, la sostenibilidad, la financiación o el papel determinante de la ciudadanía. El resultado dibuja un sector en plena transición, donde la tecnología, la normativa y el cambio de hábitos están reconfigurando no solo la prestación del servicio, sino también la relación entre administración y ciudadano. Un sistema cada vez más exigente, donde ya no basta con limpiar o recoger: hay que hacerlo de forma eficiente, medible y sostenible.

 

Diagnóstico y evolución

De servicio básico a función estratégica

En los últimos años, los servicios de recogida de residuos y limpieza viaria han experimentado una transformación profunda, pasando de modelos centrados en la prestación básica a sistemas mucho más complejos y exigentes desde el punto de vista técnico y organizativo. Como explica César Rico, esta evolución ha situado en el centro aspectos como la planificación, el control operativo, la reducción del impacto ambiental y la calidad percibida por la ciudadanía, en un contexto marcado además por una creciente presión normativa y la implantación de nuevos sistemas de separación. Esta tendencia, compartida a nivel sectorial según ANEPMA, se traduce en una mayor profesionalización de la gestión y en una orientación hacia servicios más flexibles, medibles y orientados a resultados.

En paralelo, tal y como apunta Arturo Calzado, estos servicios han dejado de tener una función meramente operativa para convertirse en una pieza estratégica de la política ambiental y la salud pública, en un escenario de nueva conciencia sobre la sostenibilidad y de una normativa que nos obliga a ver los residuos como recursos y no como simples desechos. A ello se suma una exigencia creciente en términos de imagen urbana, puesto que la limpieza del espacio público se ha consolidado como un indicador directo de la calidad de vida. Este cambio de enfoque ha ido acompañado de una transformación organizativa, con el paso de modelos basados en la rutina a estructuras orientadas a objetivos claros y medibles y apoyadas en sistemas que permiten un control más preciso de la eficiencia operativa.

Sobre esta base, la incorporación de tecnología se ha convertido en un elemento clave para hacer operativa esta transformación. Ángel García Córdoba destaca la implantación de sistemas de sensorización y rutas dinámicas en recogida, que permiten ajustar el servicio a la demanda real, optimizar recursos y mejorar la disponibilidad de los contenedores, así como la renovación de flotas hacia soluciones más eficientes y menos contaminantes. En limpieza viaria, la evolución pasa por una mayor mecanización, especialización y movilidad de los equipos, junto con el uso de herramientas como la geolocalización y la monitorización en tiempo real, que facilitan una gestión más coordinada y una mayor capacidad de respuesta ante incidencias.

 

“Se ha pasado de modelos centrados en la prestación básica del servicio a sistemas mucho más complejos, donde la planificación, el control operativo y la calidad percibida por la ciudadanía son elementos centrales.” César Rico, director de Produccion en Limpieza y Medio Ambiente de Getafe (LYMA)

 

“La evolución reciente se caracteriza por un servicio más tecnificado, sostenible y adaptable, donde tecnología y experiencia operativa se integran para ofrecer una mayor calidad en la recogida y la limpieza urbana.” Ángel García Córdoba, jefe de Servicio de Limpieza Pública y Gestión de Residuos. Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Zaragoza.

 

“La recogida de residuos y la limpieza viaria han dejado de ser servicios básicos de mantenimiento para convertirse en una pieza estratégica de la política ambiental y la salud pública.” Arturo Calzado Carmano, gerente general de Residuos Urbanos de Jaén S.A. (Resurja).

 

 

Retos estructurales

Entre la presión económica y la corresponsabilidad

A pesar de la evolución experimentada en los últimos años, los servicios de recogida de residuos y limpieza viaria siguen enfrentando retos estructurales de gran complejidad, especialmente en un contexto de recursos limitados y exigencias crecientes. Como señala César Rico, uno de los principales desafíos es garantizar la sostenibilidad económica del servicio ante el incremento de costes —energía, personal o vehículos— y la necesidad de adaptación continua a nuevas obligaciones normativas. Esta presión obliga a compatibilizar niveles cada vez más altos de calidad con recursos ajustados, en un escenario donde, además, empieza a detectarse escasez de personal cualificado. A ello se suma, desde una perspectiva sectorial apuntada por ANEPMA, el reto de la homogeneidad territorial, ya que no todos los municipios disponen de la misma capacidad técnica, financiera u organizativa, lo que exige soluciones adaptables a distintas realidades.

En paralelo, la propia complejidad operativa del servicio se ha intensificado notablemente. Tal y como explica Arturo Calzado, la gestión actual exige un alto grado de profesionalización para poder responder a una estructura técnica cada vez más exigente, en la que es necesario optimizar al máximo cada recurso disponible. En esta línea, Ángel García Córdoba destaca que la operativa diaria debe ser capaz de gestionar una gran diversidad de situaciones —picos de demanda, eventos, condiciones meteorológicas o incidencias imprevistas—, lo que requiere una planificación flexible y un equilibrio constante entre datos, tecnología y experiencia sobre el terreno. A estas dificultades se añade, además, la rigidez de los pliegos y contratos administrativos, que en ocasiones limita la capacidad de adaptación del servicio.

Sin embargo, más allá de los condicionantes económicos y operativos, las tres fuentes coinciden en señalar que el reto más determinante es el comportamiento ciudadano. García Córdoba subraya que la concienciación es clave, ya que el uso inadecuado de los contenedores, la presencia de impropios o el abandono de residuos incrementan las necesidades operativas y afectan directamente a la calidad del servicio. Esta cuestión resulta especialmente crítica en el caso de la fracción orgánica, cuya eficacia depende de una correcta separación en origen. En la misma línea, Calzado incide en que el sistema solo funciona si todos los actores asumen su responsabilidad, ya que sin la implicación ciudadana el despliegue técnico pierde eficacia. El reto, por tanto, no es únicamente mejorar la gestión, sino lograr que el compromiso social esté a la altura de la complejidad técnica del servicio.

 

 

Los retos actuales del sector reflejan un escenario en el que factores económicos, operativos y sociales se entrelazan, obligando a avanzar hacia modelos de gestión cada vez más eficientes, flexibles y apoyados en la implicación conjunta de todos los actores del sistema.

 

 

La sostenibilidad económica del servicio se convierte en el principal punto de tensión en un contexto de costes crecientes, mayor exigencia normativa y recursos limitados

 

“El sistema solo funciona si todos los actores asumen su responsabilidad: sin la colaboración ciudadana, la ingeniería de servicios más avanzada se vuelve estéril.” Arturo Calzado Carmano, gerente general de Residuos Urbanos de Jaén S.A. (Resurja).

 

 

Transformación del modelo

Gestión dinámica, inteligente y orientada a resultados

El núcleo de la metamorfosis de los servicios urbanos reside en un cambio de filosofía en su diseño: el paso de una prestación estática y genérica a una gestión de "detalle" basada en datos. La evolución apunta hacia modelos más planificados, tecnificados y adaptados a las necesidades reales del territorio, en los que la organización operativa y la toma de decisiones se apoyan cada vez más en el análisis y el seguimiento continuo del servicio.

En este sentido, César Rico, en Getafe, destaca el avance hacia sistemas basados en la planificación técnica, el análisis de datos y la evaluación continua, lo que ha permitido mejorar la definición de rutas, turnos y frecuencias, así como reforzar la capacidad de respuesta ante incidencias. Esta evolución se refleja también en el ámbito sectorial, donde —según apunta— se ha producido un cambio desde modelos centrados en los medios hacia otros orientados a objetivos, indicadores de desempeño y control de la calidad del servicio.

 

 

Este cambio de enfoque conecta con una transformación más amplia en la forma de concebir el servicio. Arturo Calzado subraya que diseñar hoy estos sistemas exige abandonar soluciones genéricas para avanzar hacia una gestión adaptada a la complejidad de cada territorio. La diversificación en fracciones y la incorporación de nuevas exigencias han obligado a reconfigurar la logística, dando lugar a modelos dinámicos que ajustan medios y frecuencias a la realidad de cada municipio. En este contexto, la tecnología se incorpora como un elemento clave, aunque como advierte, su aplicación debe responder a criterios técnicos selectivos que aseguren su utilidad y retorno social.

Por su parte, Ángel García Córdoba pone el foco en la modernización operativa y tecnológica, destacando la digitalización, la sensorización y la reorganización de los servicios como factores que han permitido mejorar la eficiencia y adaptar la prestación a las dinámicas reales del entorno urbano. En conjunto, la evolución del sector apunta hacia un modelo más flexible, medible y orientado a resultados, donde planificación, tecnología y adaptación al territorio se integran como ejes fundamentales.

 

“Se está produciendo un cambio de paradigma: de pliegos centrados en medios a contratos y modelos de gestión orientados a objetivos, indicadores de desempeño y control real de la calidad del servicio.” César Rico, director de Produccion en Limpieza y Medio Ambiente de Getafe (LYMA).

 

Recogida de residuos: de sistemas estáticos a modelos basados en datos

En el ámbito de la recogida, la transformación más relevante viene marcada por la incorporación progresiva de nuevas fracciones y el avance hacia modelos de economía circular. César Rico destaca que este proceso, vinculado a los objetivos de preparación para la reutilización y al principio de “quien contamina paga” (PAYT), ha implicado una reconfiguración profunda del servicio: incremento de medios, rediseño de rutas, adaptación de la organización y un esfuerzo creciente en comunicación y sensibilización ciudadana. Desde ANEPMA se identifica este proceso como uno de los principales vectores de cambio del sector, con impacto directo en la planificación, la inversión y la relación con el usuario.

En paralelo, la recogida ha evolucionado hacia un modelo basado en datos. Ángel García Córdoba explica que la sensorización de contenedores permite conocer su nivel de llenado, detectar incidencias y aplicar rutas dinámicas que sustituyen a los recorridos fijos tradicionales. Este enfoque mejora la eficiencia operativa, optimiza recursos y garantiza la disponibilidad del servicio, aunque también introduce nuevos retos, como los falsos niveles en determinadas fracciones. A ello se suma la incorporación de nuevas soluciones técnicas, como vehículos más sostenibles o equipos específicos para la limpieza del entorno de contenedores, que mejoran tanto la operativa como la seguridad.

Desde una perspectiva más estructural, Arturo Calzado sitúa esta evolución en un cambio de paradigma: el paso de un modelo de “usar y tirar” a otro centrado en la recuperación de materiales. En este contexto, la implantación del contenedor marrón se configura como el hito más relevante, al ser clave para reducir la fracción resto y avanzar hacia el cumplimiento de los objetivos ambientales. Sin embargo, su gestión supone uno de los mayores desafíos logísticos del sistema, en un escenario en el que la creciente diversidad de flujos obliga a una reingeniería constante y a entender la recogida como un sistema interrelacionado orientado al residuo cero.

 

La recogida de residuos avanza hacia modelos basados en datos y economía circular, con nuevas fracciones que redefinen la operativa y la logística del servicio

 

Limpieza viaria: especialización, mecanización y adaptación al entorno

En el caso de la limpieza viaria, los cambios se han orientado hacia una mayor especialización de los servicios y una creciente capacidad de adaptación. César Rico señala que la eficacia del servicio está hoy condicionada por factores como la intensidad de uso del espacio público, la climatología o el comportamiento ciudadano, lo que ha impulsado una planificación más detallada y una combinación más equilibrada de medios manuales y mecánicos. Además, la creciente importancia de la calidad percibida sitúa a la limpieza como uno de los servicios más visibles y determinantes en la valoración de la gestión municipal.

En esta línea, Ángel García Córdoba destaca el avance en mecanización, movilidad y versatilidad de los equipos. La introducción de soluciones como el servicio Dual —que combina barredora y operarios con sopladora—, junto con el uso de maquinaria más avanzada y equipos con lanzas de agua a presión, permite realizar intervenciones más rápidas, profundas y eficaces. Asimismo, la incorporación de carritos asistidos y vehículos mejora la capacidad de actuación y reduce la penosidad del trabajo, ampliando el radio de intervención sin incrementar los costes operativos.

Por tanto, la limpieza viaria evoluciona hacia un modelo más flexible y adaptado a las características del entorno urbano, donde la combinación de servicios especializados, tecnología y organización operativa permite responder con mayor eficacia a las exigencias actuales, tanto en términos de resultados como de percepción ciudadana.

 

La limpieza viaria se orienta hacia una mayor especialización y mecanización, adaptándose a las condiciones reales del entorno y a la calidad percibida por la ciudadanía

 

Modelos de gestión

Arquitectura y gobernanza del servicio

No existe un modelo único de gestión capaz de dar respuesta a la diversidad de realidades municipales, pero sí un consenso claro en torno a la importancia de su correcta adaptación y dimensionamiento. Como señala César Rico, la clave no reside tanto en la fórmula elegida —gestión directa, empresa pública, concesión o modelo supramunicipal— como en que esta esté bien diseñada, correctamente gestionada y alineada con las necesidades específicas de cada territorio. En el caso de Getafe, la experiencia de LYMA pone de relieve las ventajas del modelo de empresa pública municipal, que permite un mayor control del servicio, una mayor capacidad de adaptación y una alineación directa con los objetivos estratégicos del Ayuntamiento, especialmente en materia ambiental y social, además de facilitar una planificación a medio y largo plazo.

Frente a este modelo, el esquema concesional aporta, según explica Ángel García Córdoba, desde Zaragoza, la capacidad de integrar recursos especializados con la supervisión pública. Esta combinación permite incorporar tecnología avanzada —sensorización, geolocalización o análisis de datos— y desplegar servicios complejos, al tiempo que el Ayuntamiento mantiene la dirección y el control mediante indicadores de seguimiento y sistemas de trazabilidad. La coordinación entre administración y empresa concesionaria resulta clave para ajustar el servicio a las necesidades reales de la ciudad, beneficiándose además de la experiencia del sector privado y de su mayor capacidad de negociación en la adquisición de equipos y tecnología.

Por su parte, Arturo Calzado plantea un modelo intermedio basado en la colaboración público-privada y la escala supramunicipal. En el caso de Resurja, en Jaén, la participación de una multinacional aporta capacidad de inversión, tecnología y conocimiento especializado, mientras que el respaldo institucional de la Diputación garantiza el carácter de servicio público y la atención equilibrada al conjunto del territorio. Este enfoque permite extender servicios de alta calidad a municipios de distinto tamaño, vertebrando la provincia y generando economías de escala que mejoran la eficiencia de costes y la capacidad de respuesta técnica.

Las distintas experiencias ponen de manifiesto que la elección del modelo de gestión no responde a una única fórmula, sino a la capacidad de cada sistema para integrar control público, inversión, eficiencia operativa y adaptación a la realidad local.

 

No existe un modelo único de gestión: la clave está en su correcta adaptación, dimensionamiento y alineación con la realidad de cada territorio

 

Organización y operativa

Cómo funciona en la práctica

La gestión operativa de los servicios urbanos se articula hoy sobre una combinación de planificación detallada, coordinación continua y capacidad de adaptación ante situaciones cambiantes. En un contexto de creciente complejidad, la organización del servicio requiere integrar herramientas técnicas con la experiencia operativa sobre el terreno.

En este sentido, César Rico señala que la operativa diaria se basa en una planificación precisa de rutas y turnos, acompañada de una coordinación permanente de los equipos y de la capacidad de respuesta ante incidencias o picos de demanda. Según explica, la formación continua del personal y la supervisión operativa constituyen elementos clave para garantizar la continuidad y la calidad del servicio.

Esta lógica se complementa con el uso de herramientas tecnológicas que permiten mejorar la planificación y el seguimiento de la actividad. Ángel García Córdoba destaca que la operativa se apoya en un equilibrio entre datos y experiencia, donde la sensorización, la geolocalización y la monitorización de la flota facilitan anticipar incidencias y ajustar rutas en función de las necesidades reales. Este enfoque resulta especialmente relevante en recogida, donde permite adaptar los recorridos a los niveles de llenado, y en limpieza viaria, donde la coexistencia de múltiples servicios exige criterio técnico para asignar en cada momento el recurso más adecuado. No obstante, junto a estas herramientas digitales, sigue siendo imprescindible la inspección sobre el terreno para ajustar la planificación a la realidad cambiante del viario.

Esta complejidad operativa se intensifica cuando se traslada a escalas territoriales más amplias. En el caso de Jaén, Arturo Calzado subraya la necesidad de una coordinación milimétrica para dar respuesta a realidades muy diversas, desde pequeños núcleos rurales hasta entornos urbanos de mayor entidad. Para ello, la organización se basa en principios como la solidaridad territorial y la economía de escala, apoyándose en una “logística inteligente” que evita compartimentos estancos y favorece la interrelación entre servicios para optimizar recursos y desplazamientos.

Con todo, los tres enfoques coinciden en un elemento clave: la tecnología y la planificación solo son eficaces si se sostienen sobre el factor humano. La profesionalidad, el conocimiento del territorio y la capacidad de adaptación de los equipos sobre el terreno son, como destaca Calzado, la verdadera garantía de que la planificación teórica se traduzca en un servicio eficaz y ajustado a cada situación concreta.

 

La tecnología mejora la planificación, pero el factor humano sigue siendo determinante para asegurar la calidad y la respuesta operativa

 

“La operativa diaria se sustenta en el equilibrio entre datos y experiencia, utilizando la información en tiempo real para anticipar incidencias y asignar el recurso adecuado a cada necesidad.” Ángel García Córdoba, jefe de Servicio de Limpieza Pública y Gestión de Residuos. Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Zaragoza

 

 

Sostenibilidad y economía circular

Nuevo eje de la toma de decisiones

Las nuevas exigencias ambientales y el marco normativo derivado de la Directiva Europea y la Ley 7/2022 están actuando como principal motor de transformación de los servicios urbanos. Como explica César Rico, este contexto obliga a ir más allá de la recogida y limpieza para asumir un papel activo en la prevención de residuos, la mejora de la recogida separada y su preparación para la reutilización. En este sentido, los servicios municipales se consolidan como una pieza clave en la implementación real de las políticas ambientales, aunque, como advierte, su eficacia depende de contar con recursos suficientes, planificación adecuada y un respaldo normativo que facilite su despliegue.

Este cambio de enfoque se traduce directamente en la operativa diaria, donde la sostenibilidad se incorpora como criterio de decisión. Ángel García Córdoba señala que la evolución hacia modelos más eficientes se apoya en herramientas como las rutas dinámicas, que reducen desplazamientos innecesarios y emisiones, así como en la modernización de flotas y maquinaria, con menor impacto ambiental y acústico. En paralelo, la implantación de la fracción orgánica se configura como un elemento clave para avanzar en economía circular y reducir impropios, si bien su éxito depende en gran medida de la correcta separación en origen y de la implicación ciudadana.

Más allá de la dimensión operativa, la transformación también afecta de lleno a la gestión técnica y administrativa. Arturo Calzado subraya que el nuevo marco normativo exige una capacitación técnica mucho más elevada y una gestión extremadamente pormenorizada, donde la trazabilidad de cada kilogramo de residuo y el control exhaustivo de la información resultan imprescindibles para garantizar el cumplimiento de los objetivos. En este contexto, la integración de tecnologías no es una opción, sino una herramienta necesaria para asegurar precisión, transparencia y capacidad de reporte.

En conjunto, la transición hacia la economía circular está configurando un modelo en el que normativa, tecnología y operativa convergen, obligando a los servicios a evolucionar hacia esquemas más eficientes, medibles y alineados con los objetivos ambientales, donde la coordinación entre planificación, innovación y participación ciudadana resulta determinante para su éxito.

 

La sostenibilidad deja de ser un objetivo complementario para convertirse en el eje que guía la planificación y la toma de decisiones del servicio

 

Digitalización y nuevas tecnologías

El dato al servicio de la operativa

La transformación digital ha dejado de ser una tendencia para convertirse en el pilar estratégico que sostiene la eficiencia de los servicios urbanos modernos. Como señala César Rico, la incorporación de sistemas de gestión, seguimiento de rutas, control de flota y análisis de datos ha permitido avanzar hacia modelos más eficientes y transparentes, donde la toma de decisiones se apoya cada vez más en información objetiva. En esta línea, apunta además al potencial de la inteligencia artificial como próximo vector de transformación, si bien insiste en que la tecnología debe entenderse como una herramienta al servicio de una mejor planificación y no como un fin en sí misma.

Este proceso de digitalización se traduce ya en aplicaciones concretas en la operativa diaria. Ángel García Córdoba destaca que, en el caso de Zaragoza, todos los servicios cuentan con dispositivos GPS y plataformas informáticas que integran la planificación y el seguimiento en tiempo real, permitiendo incluso la comunicación directa de incidencias a los equipos de trabajo. La sensorización, por su parte, posibilita una recogida basada en necesidades reales, mientras que los sistemas de análisis de datos permiten anticipar picos de demanda, ajustar recursos y optimizar la planificación. En conjunto, esta integración tecnológica ha contribuido a configurar un modelo más eficaz, transparente y adaptado a las dinámicas de la ciudad.

No obstante, esta evolución tecnológica exige también una transformación en la forma de gestionar el servicio. Arturo Calzado subraya que la clave no reside únicamente en la disponibilidad de herramientas, sino en la capacidad de capturar datos de forma automática e inmediata y, sobre todo, en saber interpretarlos correctamente. Esto implica una actualización constante de los equipos, que pasan de desempeñar tareas mecánicas a gestionar sistemas inteligentes. En este sentido, la calidad del servicio depende cada vez más de la combinación entre tecnología y factor humano, donde la capacidad de análisis y la toma de decisiones informadas resultan determinantes.

En definitiva, la digitalización está redefiniendo el funcionamiento de los servicios urbanos, impulsando modelos más precisos, eficientes y controlables, pero su verdadero valor reside en su integración con la experiencia operativa y en su capacidad para mejorar la respuesta al ciudadano.

 

La digitalización consolida un modelo en el que la toma de decisiones se apoya en datos, mejorando la eficiencia, el control y la transparencia del servicio

 

Comportamiento ciudadano

Factor determinante de la calidad

El comportamiento de la ciudadanía se ha consolidado como el factor que define, en última instancia, el éxito o el fracaso de la ingeniería de servicios urbanos. Como subraya César Rico, la implicación del usuario influye directamente en el cumplimiento de los objetivos ambientales y en la calidad del servicio, ya que aspectos como la correcta separación de residuos, el respeto a los horarios o el uso adecuado del espacio público inciden de forma directa en los resultados obtenidos. En este contexto, la comunicación y la educación ambiental adquieren un papel equivalente al de los propios medios técnicos, al ser imprescindibles para garantizar la implicación ciudadana.

Este impacto se manifiesta de forma clara en la operativa diaria. Ángel García Córdoba explica que prácticas como el correcto depósito de residuos, el plegado del cartón o el uso adecuado de los contenedores permiten evitar impropios, desbordes y actuaciones extraordinarias. Del mismo modo, en limpieza viaria, la colaboración en cuestiones básicas —como la recogida de deposiciones caninas o el uso de papeleras— condiciona directamente la percepción de limpieza. De hecho, señala que existen zonas con alta dotación de servicios que, sin embargo, presentan una percepción negativa debido a la falta de civismo, lo que refuerza la idea de que “no es más limpio quien más limpia, sino quien menos ensucia”.

Más allá de la operativa, esta realidad sitúa al ciudadano en el centro del sistema. Arturo Calzado subraya que el vecino actúa como “juez y parte”, ya que de su comportamiento depende que el despliegue técnico alcance sus objetivos. Cuando los hábitos no son adecuados, se genera una sensación de deterioro que no siempre refleja el esfuerzo real del servicio, lo que pone de manifiesto la necesidad de avanzar en la concienciación y en la comprensión de la economía circular como una responsabilidad compartida. En este sentido, insiste en que el éxito del sistema pasa por que el ciudadano entienda el sentido de las exigencias y se convierta en un aliado activo del bienestar común.

No obstante, Calzado también introduce un matiz relevante: la existencia de conductas incívicas no puede frenar la evolución del servicio. Asumir que siempre habrá un porcentaje de incumplimiento obliga a seguir innovando y facilitando el uso del sistema, de manera que la mayoría comprometida no se vea penalizada. En suma, los tres enfoques coinciden en que la calidad final del servicio no depende únicamente de la inversión o la tecnología, sino del equilibrio entre capacidad operativa y corresponsabilidad ciudadana.

 

 

El comportamiento del usuario condiciona tanto la eficacia del servicio como la percepción de limpieza, por lo que la pedagogía ambiental es tan importante como el despliegue técnico

 

Financiación y contratos

El coste de sostener el sistema

El actual contexto de incremento de costes y las nuevas exigencias normativas están obligando a revisar los modelos de financiación y contratación de los servicios urbanos. Como señala César Rico, este contexto hace imprescindible una planificación económica a medio y largo plazo que garantice la viabilidad del servicio, al tiempo que desde ANEPMA se subraya la necesidad de que los modelos presupuestarios y contractuales reflejen con mayor precisión la realidad de los costes para mantener niveles adecuados de calidad y cumplimiento normativo.

En paralelo, los modelos de contratación están evolucionando hacia esquemas más exigentes y orientados a resultados. Ángel García Córdoba señala que los nuevos contratos incorporan criterios de rendimiento, sostenibilidad y eficiencia, así como indicadores de gestión y sistemas de trazabilidad que permiten medir con mayor precisión la prestación del servicio. Esta evolución responde, en gran medida, a la necesidad de sostener inversiones crecientes derivadas de la incorporación de nuevas tecnologías, la sensorización, la modernización de flotas o la implantación de nuevas fracciones como la orgánica.

Este proceso tiene un impacto directo en el coste del servicio, que tiende a incrementarse de forma estructural. García Córdoba advierte que la transición hacia maquinaria más sostenible —como la eléctrica—, el aumento de flotas, la ampliación de fracciones y la necesidad de más medios operativos elevan tanto la inversión inicial como los costes de explotación. Aun así, este es el camino necesario si se aspira a prestar un servicio de mayor calidad, lo que obliga a las administraciones a incorporar estos factores en su planificación presupuestaria.

En este nuevo escenario, además, se introduce un cambio de enfoque en la propia financiación del sistema. Arturo Calzado destaca que la normativa obliga a avanzar hacia modelos en los que los ingresos se ajusten al coste real del servicio, lo que implica abandonar planteamientos tradicionales y asumir una mayor corresponsabilidad. Esto afecta tanto a la administración, que debe optimizar rutas y recursos, como al ciudadano, que debe entender que determinados comportamientos generan sobrecostes. En conjunto, la sostenibilidad económica del sistema pasa por equilibrar inversión, eficiencia operativa y responsabilidad compartida.

 

El equilibrio del sistema pasa por combinar inversión, eficiencia operativa y corresponsabilidad entre administración y ciudadanía

 

Futuro y tendencias

Un modelo exigente, bajo nuevas reglas

El horizonte de los servicios urbanos dibuja un escenario en el que la tecnología y el rigor normativo redefinirán la relación entre la administración y el ciudadano, avanzando hacia modelos cada vez más exigentes, tecnificados y alineados con los objetivos ambientales. César Rico vaticina que la integración de criterios de sostenibilidad será creciente, con el objetivo de reducir el impacto ambiental y acústico de la actividad, al tiempo que se intensifica el uso de tecnologías avanzadas —incluida la inteligencia artificial— y se refuerza la profesionalización de la gestión. En este contexto, los servicios municipales consolidan su papel como un elemento estratégico de la gestión local y un indicador directo de la calidad de vida urbana.

En este camino hacia la máxima eficiencia, la gestión del dato será el eje vertebrador. Ángel García Córdoba destaca la expansión de herramientas como la recogida dinámica, la analítica avanzada o la predicción de picos de demanda, que permitirán una planificación más flexible y ajustada a las necesidades reales. A ello se suma el avance de la fracción orgánica y la creciente importancia de la separación en origen, así como una mayor especialización de los servicios de limpieza y una capacidad reforzada de supervisión para adaptar la operativa al comportamiento del espacio público. Todo ello deberá integrarse, además, con marcos contractuales que permitan una mayor flexibilidad para incorporar innovaciones durante la vida de los contratos.

Junto a esta transformación tecnológica y operativa, el sector afronta también un cambio de carácter estructural y cultural. Arturo Calzado advierte del fin de modelos basados en la compensación de los malos hábitos mediante un mayor esfuerzo del servicio, apuntando hacia sistemas más estrictos y organizados, con calendarios y horarios definidos que exigen una mayor disciplina por parte del ciudadano, como ocurre en el norte de Europa. Este enfoque, vinculado a los límites económicos del sistema, obliga a avanzar hacia una mayor corresponsabilidad y a abandonar la improvisación en la gestión.

En paralelo, la propia concepción del servicio seguirá evolucionando, especialmente en el ámbito de la limpieza viaria, que tenderá a integrarse plenamente en la lógica de la economía circular. Como subraya Calzado, ya no se tratará únicamente de retirar residuos, sino de gestionar técnicamente cada flujo para su valorización. En conjunto, el futuro del sector se configura como un equilibrio entre tecnología, rigor operativo y cambio de hábitos, orientado a garantizar que la sostenibilidad económica sea el pilar que sostenga la ambición ambiental de los municipios.


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