Las urbes afrontan un momento decisivo de transformación, impulsado por la necesidad de responder al cambio climático, mejorar la calidad de vida y adaptarse a un contexto urbano cada vez más complejo. Este reportaje analiza cómo el urbanismo, la tecnología y la gobernanza están redefiniendo el diseño y la gestión de las ciudades, a partir de las visiones de expertos académicos y de la experiencia institucional de Barcelona como laboratorio urbano
En los últimos años, la manera de pensar y planificar las ciudades ha experimentado un cambio profundo. Se ha pasado de priorizar el diseño de espacios orientados al vehículo a concebir la ciudad como un ecosistema vivo, en el que las personas ocupan un papel central. Este cambio de enfoque responde a una necesidad cada vez más evidente: crear entornos urbanos más saludables, resilientes y equitativos, acercar la naturaleza a la ciudadanía y dar respuesta a los nuevos retos contemporáneos.
En este nuevo escenario, desarrollo urbano sostenible, movilidad sostenible, tecnologías digitales y colaboración público-privada son algunos de los conceptos que dominan el actual debate sobre la evolución de las ciudades. Para analizar los nuevos enfoques en el diseño urbano, las soluciones digitales con mayor impacto en la gestión urbana y los retos estructurales que afrontan las ciudades, este reportaje reúne las voces de Francisco Falcone, director del Institute of Smart Cities de la Universidad Pública de Navarra; Ester Higueras y Javier Ruiz, del Departamento de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM); y fuentes municipales del Departamento de resiliencia urbana del Ayuntamiento de Barcelona.
En línea con este debate sobre la evolución del modelo urbano, Ester Higueras subraya que el urbanismo se encuentra inmerso en una etapa de cambio e innovación, impulsada por la necesidad de incorporar nuevas herramientas y procesos capaces de transformar las ciudades en entornos más limpios, inclusivos, sostenibles y saludables. Esta transformación se articula mediante iniciativas que operan en distintas escalas, desde el planeamiento estratégico hasta el desarrollo normativo. En este marco, Higueras destaca la relevancia de las nuevas leyes promovidas a nivel estatal y autonómico desde 2010, así como de documentos de referencia como la Guía para planificar ciudades saludables, orientada a fomentar entornos urbanos que promuevan una vida más activa y menos sedentaria, en espacios libres de contaminantes.

Desde una perspectiva institucional, el Departamento de resiliencia urbana del Ayuntamiento de Barcelona coincide en la necesidad de repensar el modelo urbano y aclaran que la sostenibilidad urbana no puede desligarse del concepto de ciudad habitable, entendido como aquel que garantiza el acceso a una vivienda justa y asequible y promueve la democratización del espacio público. Según explican, esta concepción ha propiciado un cambio en la agenda urbana, orientado a incorporar nuevos enfoques y criterios de planificación que sitúan el bienestar de la ciudadanía en el centro de las políticas urbanas.
Este cambio en la agenda urbana se concreta en nuevos modelos de planificación orientados a mejorar la habitabilidad y la sostenibilidad de las ciudades. Destaca la ciudad de 15 minutos, que promueve el acceso cercano a los servicios esenciales para reducir desplazamientos y emisiones. A ello se suma el enfoque 3x30x300, que apuesta por una mayor presencia de naturaleza en el entorno cotidiano, y propuestas como la ciudad esponja, diseñada para absorber lluvias intensas y prevenir inundaciones mediante soluciones basadas en la naturaleza, reforzando la resiliencia urbana frente al cambio climático.

No obstante, la incorporación de estos nuevos enfoques no se ha traducido todavía en un cambio estructural profundo en la planificación urbana. Según Javier Ruiz, en España persiste una carencia de debate sólido sobre el modelo de ciudad que se desea construir. A su juicio, la falta de referentes claros limita la capacidad de innovación de la práctica urbanística, donde la sostenibilidad y el medio ambiente continúan ocupando, en muchos casos, un papel más discursivo que operativo dentro de las memorias de los planes.
En este contexto, Ruiz profundiza en las causas de esta falta de innovación y señala que “nuestro sistema urbanístico, basado en la iniciativa privada —no solo en la urbanización y edificación, sino también en el diseño de la ciudad—, no favorece la innovación, al tratarse de un sistema muy conservador y muy poco dispuesto a incorporar nuevas soluciones y temas”. A su juicio, esta situación evidencia que “una planificación adecuada exige una reflexión profunda sobre el modelo de vida que se quiere promover, vinculando la ciudad sostenible con una ciudad habitable y adaptada a las necesidades de toda la ciudadanía”.
Hablar de planificación urbana implica analizar cómo las ciudades se preparan para operar en un entorno complejo y cambiante, donde ya no basta con resistir crisis puntuales, sino que resulta clave adaptarse y transformarse ante desafíos simultáneos
Hoy, hablar de planificación urbana implica analizar cómo las ciudades se preparan para operar en un entorno complejo y cambiante, donde ya no basta con resistir crisis puntuales, sino que resulta clave adaptarse y transformarse ante desafíos simultáneos. En este marco cobra protagonismo la resiliencia urbana, entendida como la capacidad de la ciudad —como sistema de infraestructuras, actividades y personas— para anticiparse y responder de forma planificada a los impactos previsibles. “Solo podremos afrontar un futuro incierto con garantías si somos capaces de ver cada crisis en una oportunidad para mejorar”, señalan desde el Ayuntamiento de Barcelona.
Desde esta perspectiva, uno de los grandes retos pasa por transformar la ciudad consolidada en barrios más complejos, cohesionados y saludables, capaces de mejorar su eficiencia y reducir la contaminación atmosférica y acústica. Como señala Ester Higueras, “los nuevos desarrollos deben cumplir estos retos de sostenibilidad y eficiencia, pero la gran transformación está en la renovación-regeneración y adaptación de los barrios de la ciudad actual”.

Para abordar este cambio de abordaje, la tecnología se ha consolidado como un pilar decisivo para la gestión urbana, al permitir mejorar la eficiencia, la transparencia y la participación ciudadana. En la actualidad, las herramientas digitales no solo optimizan procesos internos, sino que están redefiniendo la relación entre la ciudad y su ciudadanía, facilitando una gestión más ágil, informada y cercana.
En este marco de digitalización aplicada a la gestión urbana, Francisco Falcone subraya, desde la perspectiva de la Smart City, la incorporación progresiva de tecnologías que permiten tanto la captación de datos mediante sistemas IoT —basados en redes cada vez más amplias de sensores y actuadores— como el desarrollo de herramientas de información e interacción con la ciudadanía. A ello se suma la evolución de los gemelos digitales urbanos, capaces de escalar desde edificios municipales hasta la representación del conjunto de la ciudad, así como el uso creciente de aplicaciones y plataformas web con mayores niveles de usabilidad y comprensión para los usuarios.
Un ejemplo de esta aplicación práctica de la tecnología urbana es Barcelona, que se ha consolidado como un auténtico laboratorio vivo gracias a una normativa pionera que regula los espacios de experimentación urbana —sandbox, test beds y living labs—. Este marco permite testar tecnologías y servicios en entornos reales sin riesgos para la ciudadanía. “En conjunto, estas herramientas no son solo tecnología: son instrumentos para construir una ciudad más participativa, eficiente y resiliente, capaz de anticipar retos y ofrecer soluciones innovadoras que mejoran la vida urbana”, señalan desde el Departamento de resiliencia urbana.
"La planificación es más importante que nunca, una planificación transparente, informada, responsable y valiente" - Javier Ruiz Sánchez, Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid
No obstante, Falcone advierte de que el despliegue de estas soluciones digitales exige un enfoque equilibrado y realista. “La integración de nuevas tecnologías requiere considerar aspectos de viabilidad tecnológica, sostenibilidad económica, de encaje regulatorio y de aceptación social”, enfatiza, al tiempo que señala la colaboración público-privada como un elemento clave para avanzar de forma eficaz. En este sentido, explica que “los niveles más exploratorios pueden abordarse desde las universidades; los desarrollos pre-comerciales por centros tecnológicos y el producto comercial por el sector productivo, de la mano de los agentes regulatorios y de gobernanza local”.
En este sentido, los expertos coinciden en señalar este tipo de alianzas colaborativas como una de las vías más prometedoras para acelerar la transformación urbana, ya que cuando existen políticas y acciones públicas —o modelos de iniciativa pública y ejecución público-privada— en el ámbito de la planificación urbana y, en particular, de la regeneración sostenible, se obtienen resultados más relevantes y con impactos positivos.
En esta misma línea, Javier Ruiz considera positiva cualquier mejora en los mecanismos de colaboración, siempre que el objetivo final esté claramente definido. A su juicio, “habría que generar un clima y un consenso sobre que la buena ciudad, sostenible, eficiente y segura, también es rentable política y económicamente, y que la academia puede proponer modelos e incluso colaborar activamente en la planificación”.
A esta visión se suma Ester Higueras, quien subraya la necesidad de avanzar hacia una gobernanza real entre los planificadores, la universidad y la ciudadanía. En concreto, destaca la importancia de “articular la participación real e informada de los agentes para que sea verdaderamente provechosa y sirva para priorizar las medidas más urgentes”.
Desde la administración local, esta necesidad de gobernanza compartida se refuerza. En el Ayuntamiento de Barcelona subrayan que la sostenibilidad y la resiliencia urbana no pueden sustentarse únicamente en procesos de participación puntuales, sino que requieren relaciones de confianza y colaboración estables en el tiempo. “En Barcelona trabajamos para consolidar espacios y mecanismos que permitan esta cooperación continua entre administraciones, ciudadanía, sector privado y academia”.
Las ciudades que apuesten por modelos resilientes y centrados en las personas estarán mejor preparadas para afrontar los desafíos ambientales, sociales y económicos del futuro
En este marco de colaboración y gobernanza compartida, repensar las ciudades desde una perspectiva verde, inteligente y participativa se ha convertido en una prioridad estratégica del urbanismo contemporáneo. Para avanzar en esta dirección, resulta imprescindible reformular un modelo heredado, concebido para un contexto con dinámicas muy distintas a las actuales. No se trata de predecir el futuro, sino de anticiparlo y planificarlo, diseñando estructuras urbanas capaces de evolucionar y de posicionar a las ciudades como parte de la solución a los grandes retos contemporáneos.
Javier Ruiz subraya que, en un contexto de creciente incertidumbre, resulta clave consensuar no solo un modelo de ciudad, sino también un modelo de intervención urbana. En sus palabras, “la planificación es más importante que nunca, una planificación transparente, informada, responsable y valiente. No nos enfrentamos a un problema urbano. Si hay solución, total o parcial, a los problemas emergentes, dicha solución es más y mejor ciudad”.
En esta misma línea de planificación duradera, Francisco Falcone propone fijar como eje vertebrador el ODS 11 “Ciudades y Comunidades Sostenibles” y, a partir de ahí, desarrollar una estrategia integral y evolutiva. “La migración hacia ciudades inteligentes y en un futuro cognitivas es un esfuerzo de gran magnitud. En este sentido, sería interesante poder desarrollar una estrategia a medio y largo plazo, adoptada de manera consistente y participativa entre los agentes sociales, con el fin de poder ir adaptando la estrategia de desarrollo y despliegue en función de la propia evolución del entorno urbano”, sintetiza.
En coherencia con esta visión, Ester Higueras pone el foco en el papel clave de las zonas verdes para la salud física y mental de la población, y hace un llamado a reverdecer los barrios residenciales mediante soluciones basadas en la naturaleza innovadoras y adaptadas al clima, la cultura y la realidad social de cada entorno. “No se pueden importar soluciones de otras latitudes; es preciso establecer soluciones específicas según cada tipología edificatoria y cada barrio. Los barrios del siglo XXI deben ser barrios verdes”, afirma.
Como ejemplo de aplicación práctica de estos enfoques, desde el Ayuntamiento de Barcelona subrayan que la transformación urbana en la ciudad ya se está materializando mediante soluciones integradas que combinan sostenibilidad, tecnología y bienestar. No obstante, advierten de que España carece todavía de un marco estatal claro en materia de resiliencia urbana, a pesar de que las ciudades concentran la mayor parte de la población y son especialmente vulnerables a los impactos climáticos y sociales. “Necesitamos directrices y herramientas que acompañen a los municipios en esta transformación”, señalan desde el consistorio.
De cara al futuro, la ciudad catalana orienta sus próximos pasos a dar respuestas estratégicas al cambio climático y al déficit de espacios verdes, situando la renaturalización como un eje prioritario dentro de su estrategia urbana a largo plazo. “Cada metro cuadrado recuperado para la naturaleza es un paso hacia una Barcelona más saludable, resiliente y habitable. Solo podremos afrontar un futuro incierto con garantías si somos capaces de ver cada crisis en una oportunidad para mejorar”.
En conjunto, el debate sobre el futuro de las ciudades apunta a la necesidad de avanzar hacia modelos urbanos más resilientes, inclusivos y sostenibles, capaces de integrar planificación estratégica, innovación tecnológica, gobernanza colaborativa y soluciones basadas en la naturaleza. La transformación del espacio urbano no será un proceso inmediato ni uniforme, pero sí una tarea ineludible para afrontar los desafíos emergentes. Solo desde una visión a largo plazo, centrada en las personas y apoyada en la cooperación entre administraciones, academia, sector privado y ciudadanía, será posible construir ciudades más habitables, preparadas para adaptarse al cambio y mejorar de forma duradera la calidad de vida.
La información más relevante del sector directamente en tu correo.
Suscribirme