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03/07/2018 | Medio ambiente | Nacional

Una empresa valenciana logra que Carlet esté libre de fumigaciones en el mantenimiento de sus jardines

La compañía valenciana especializada en jardinería urbana y perteneciente a Grupo Projar, Paimed, ha logrado prescindir de fumigaciones químicas manteniendo el buen estado de árboles y palmeras en Carlet. Prueba de ello son las 975 palmeras que pueblan los parques, jardines y lugares públicos de esta localidad valenciana ya que han sobrevivido a la plaga del picudo rojo con una mortandad de cero palmeras en el último año.

 

Este hecho se ha logrado gracias a un tratamiento integrado de la plaga, mediante el estudio individual de cada palmera y la aplicación del tratamiento más adecuado, según el nivel de infestación, incluso decidiendo las que no precisan de ningún tratamiento.

 

En los ejemplares intervenidos, se ha optado por la combinación de varios tratamientos que han obtenido una efectividad alta en la supervivencia de las palmeras. Estos son la endoterapia y el tratamiento por control biológico. Además, con estos tratamientos se han eliminado totalmente las fumigaciones químicas que resultan dañinas para las personas, los animales y el medio ambiente.  

 

 

Dominio de las distintas técnicas

 

Paimed es una de las compañías pioneras en aplicar un protocolo de tratamiento contra el picudo rojo adaptado a cada palmera gracias a que cuenta con técnicos capacitados para decidir qué técnica utilizar en cada caso. La elección de uno u otro tratamiento depende de factores como la especie de palmera, la ubicación y su cercanía con la población, el grado de infestación del ejemplar o criterios económicos.

 

En el caso de Carlet, las 975 palmeras, en su mayoría de especie Whasingtonias robusta, Phoenix dactylifera  y Phoenix canariensis, ha condicionado, junto al resto de factores, su tratamiento evitando las fumigaciones químicas.

 

En este sentido, Paimed apuesta por la aplicación y combinación de las distintas técnicas existentes y destaca la necesidad de que un técnico cualificado decida en cada ejemplar el tratamiento a utilizar para evitar el uso de las fumigaciones químicas.

 

En la localidad valenciana de Carlet se han aplicado tratamientos como la endoterapia, una inyección del tratamiento directamente al tronco de las palmeras que permite su reparto por todo el ejemplar a través de la savia, y el uso de hongos. Estos últimos afectan mortalmente a los ejemplares del picudo en cualquiera de sus fases. Y en los casos extremos, incluso la realización de cirugías cuando es necesario tratar una palmera afectada.

 

 

Estos tratamientos, según el Director del Área de Servicios del departamento de Paisaje y Medio Ambiente en Paimed, Francisco Pérez, “son compatibles, se pueden combinar en los ejemplares y son totalmente inocuos para la salud de las personas y mascotas, sin necesidad de aislar la zona de tratamiento y sin pulverizaciones que afecten al medio ambiente”.

 

 

Sin embargo, las pulverizaciones químicas obligarían a aislar la zona tratada y a tener que realizarlas durante las noches o fines de semana, sobre todo si se trata de colegios o zonas con mucha afluencia de personas

 

 

Evitar pulverizaciones químicas

 

Los fumigaciones, explica Francisco Pérez, “además de proyectar agentes químicos al aire y medio ambiente se les suma el inconveniente de que las pulverizaciones químicas en espacios públicos  están muy limitadas por la legislación y cada vez hay menos productos registrados para este uso, lo que obliga a la búsqueda de tratamientos alternativos como la endoterapia y el control biológico”.

 

 

El objetivo de evitar fumigaciones químicas se ha conseguido también en arbolado público, para combatir plagas como la procesionaria y el tomicus en pinos o la cochinilla en el ficus. El protocolo utilizado consta de 4 pasos. En un primer momento se realiza un estudio del estado de las palmeras para comprobar visualmente si presenta síntomas aparentes de infestación. Después se anotan los datos de geolocalización de las palmeras para identificar al ejemplar afectado, lo que les permite poder hacerle un seguimiento y monitorización.

 

En un tercer paso, en función del riesgo y el diagnóstico, se decide cuál es el tratamiento más adecuado de acuerdo a las condiciones de salud del ejemplar. Y, por último, después de seis meses de su aplicación se realiza un seguimiento para comprobar la evolución y si el tratamiento aplicado ha sido efectivo.  

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