Un estudio publicado en Nature Communications alerta de la baja implantación del estándar 3-30-300 y de una clara desigualdad socioeconómica en el acceso a la naturaleza urbana
Un nuevo estudio impulsado por la Comisión Europea y la Universidad de Copenhague revela que solo el 13,5% de la población urbana europea cumple íntegramente la regla 3-30-300, uno de los principales estándares internacionales para evaluar el acceso a la naturaleza en las ciudades.
El análisis, publicado en Nature Communications, pone de manifiesto que el 21% de la población urbana no cumple ninguno de los tres criterios básicos, lo que evidencia importantes déficits en la planificación verde urbana.
Solo el 13,5% cumple el estándar completo y un 21% no alcanza ningún criterio
El principio 3-30-300 establece tres objetivos clave: poder ver al menos tres árboles desde cada vivienda, contar con un 30% de cobertura arbórea en cada barrio y disponer de un espacio verde de calidad a menos de 300 metros.
Este marco, promovido por el Nature Based Solutions Institute, se ha consolidado como una herramienta práctica para evaluar la contribución de la infraestructura verde urbana a la salud, el bienestar y la adaptación al cambio climático.
Los espacios verdes desempeñan un papel fundamental en la mitigación de efectos como las islas de calor urbanas, la contaminación atmosférica o el ruido, al tiempo que favorecen la cohesión social y la calidad de vida.
El estudio identifica una clara desigualdad territorial en el cumplimiento de estos criterios. Las mayores tasas se concentran en el norte y centro de Europa, con ciudades como Helsinki (57%), Hamburgo (55%) o Cracovia (47%), frente a valores muy reducidos en el sur, como Atenas (3,3%), Palermo (1,9%) o Córdoba (1,0%).
Helsinki alcanza un 57% de cumplimiento frente al 1% de ciudades del sur como Córdoba
Esta diferencia responde en parte a factores climáticos, ya que los entornos húmedos del norte facilitan el desarrollo de cobertura vegetal, mientras que las condiciones mediterráneas requieren mayores esfuerzos de gestión.
Sin embargo, el estudio subraya también una brecha socioeconómica significativa: las ciudades con mayor PIB per cápita presentan niveles más elevados de acceso a zonas verdes, mientras que en las de menor renta el cumplimiento medio no alcanza el 10%.
A escala más detallada, los datos muestran una correlación directa entre renta disponible y acceso a naturaleza, confirmando la existencia de una “green divide” o desigualdad verde en las ciudades europeas.
El análisis también alerta de una tendencia preocupante: entre 2010 y 2020, la población urbana creció un 16%, mientras que las ciudades solo se expandieron un 2,3%, reduciéndose la superficie de zonas verdes un 0,3% y la densidad de arbolado un 1,6%.
La cobertura arbórea ha caído un 1,6% en una década pese al crecimiento urbano
Este contexto refuerza la necesidad de acelerar la implementación de políticas de renaturalización urbana, en línea con iniciativas europeas como el Green City Accord o la Ley de Restauración de la Naturaleza, que obligará a las ciudades a evitar la pérdida de zonas verdes antes de 2030.
El estudio plantea la necesidad de integrar soluciones innovadoras para aumentar la infraestructura verde en entornos urbanos densos, donde el suelo disponible es limitado.
Entre las principales líneas de actuación destacan la priorización de bosques periurbanos, la ampliación de programas de plantación en suelo privado y residencial, y el impulso de soluciones como cubiertas y fachadas verdes.
Asimismo, se señala el potencial de la movilidad sostenible para liberar espacio urbano actualmente destinado a tráfico y aparcamiento, permitiendo su reconversión en áreas verdes.
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