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Infraestructura verde


Redefiniendo el futuro: guía de recomendaciones para la gestión de la infraestructura verde periurbana

Una Guía con una visión de la planificación urbanística con absoluto respeto a la naturaleza y con un incesante empeño en la sostenibilidad medioambiental en nuestras ciudades

Redefiniendo el futuro: guía de recomendaciones para la gestión de la infraestructura verde periurbana
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Un artículo de José María Hernández de Andrés, Secretario General de la Asociación de Empresas de Gestión de Infraestructura Verde (ASEJA)


 

Hay presentaciones institucionales que se olvidan en cuanto terminan. Y hay otras que, sin necesidad de grandilocuencia, dejan la sensación de que se ha dado un paso útil, oportuno y, sobre todo, necesario. La presentación en la sede de la FEMP de la Guía de Recomendaciones para la Gestión de la Infraestructura Verde Periurbana, organizada por la Red de Gobiernos Locales + Biodiversidad de la FEMP, la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos (AEPJP) y nuestra ASOCIACIÓN -Asociación de Empresas de Gestión de Infraestructura Verde (ASEJA)- fue de las segundas: un acto que no sólo sirvió para dar a conocer un documento, sino para confirmar que el debate sobre la infraestructura verde en España ha madurado y es de plena actualidad.

En un contexto global marcado por el crecimiento urbano acelerado, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, los municipios se enfrentan el desafío de redefinir su relación con el entorno natural, cada vez de manera más inmediata y urgente. En este escenario, la Guía de Recomendaciones para la Gestión de la Infraestructura Verde Periurbana ha de ser entendido como un instrumento útil para fomentar la integración de los sistemas naturales en la planificación territorial y urbanística, estrechando la brecha existente entre lo rural y lo urbano.

 

En un contexto global marcado por el crecimiento urbano acelerado, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, los municipios se enfrentan el desafío de redefinir su relación con el entorno natural, cada vez de manera más inmediata y urgente

 

Quienes venimos trabajando desde hace años en la gestión de la infraestructura verde -parques, jardines, zonas verdes, arbolado-, y espacios de transición entre lo urbano y lo rural sabemos bien que el gran problema que se plantea en dicho ámbito no suele ser la falta de discurso, sino la falta de herramientas prácticas. Sobre infraestructura verde se habla mucho. Se menciona en estrategias, en planes, en declaraciones públicas y en discursos políticos. Pero no siempre se concreta en criterios de gestión, en decisiones de mantenimiento, en fórmulas de contratación viables o en marcos estables que permitan a los Ayuntamientos actuar con seguridad. Precisamente por eso, esta Guía merece una valoración tan positiva, precisamente porque baja al terreno y porque está pensada para su utilización.

Este, a mi juicio, fue el mayor éxito de la presentación. No se trataba de escuchar una suma de buenas intenciones, sino de poner sobre la mesa una herramienta que entiende cómo funcionan de verdad los municipios y como se gestionan estos espacios por parte de las entidades locales, atendiendo a sus necesidades. La Guía nace con una vocación claramente operativa: ofrecer a los equipos técnicos municipales un marco con componentes administrativos, económicos, técnicos y jurídicos, para una gestión eficaz y adaptada a cada contexto local. Esta combinación es la que marca la diferencia entre un documento decorativo y una referencia de utilidad.

 

Sobre infraestructura verde se habla mucho. Se menciona en estrategias, en planes, en declaraciones públicas y en discursos políticos. Pero no siempre se concreta en criterios de gestión, en decisiones de mantenimiento, en fórmulas de contratación viables o en marcos estables que permitan a los Ayuntamientos actuar con seguridad

 

Desde ASEJA solemos insistir en algo que, afortunadamente, empieza a entenderse cada vez mejor: conservar la infraestructura verde consiste en gestionar sistemas vivos, complejos, estratégicos y en continua evolución. Es trabajar con y por la biodiversidad, prevenir riesgos, ofrecer seguridad, fomentar la salud y el bienestar, educar en el respeto al medio ambiente y ser eficientes con los recursos -entendidos estos de forma amplia-. Todo lo anterior, y más, al mismo tiempo. Además, en el ámbito periurbano, lo expuesto se intensifica, al tratarse de un espacio de transición entre zonificaciones; entre lo urbano y lo rural, con coexistencia además de actividades y actuaciones. De ahí la necesidad e importancia de contar con una Guía específica para ese territorio heterogéneo. Lo más relevante, es que el documento no cae, permítaseme la licencia, en un enfoque ingenuo e infantil. No idealiza la infraestructura verde periurbana, ni tampoco la presenta como una reserva abstracta de naturaleza a contemplar desde lejos, sin capacidad de disfrute y aprovechamiento. Muy al contrario, lo entiende como un espacio real, sometido a presión, fragmentación, conflictos, cambios y evolución. Y desde esa mirada, propone criterios para definirlo, para conservarlo y para gestionarlo de la mejor manera posible.

Desde nuestra Asociación llevamos tiempo defendiendo que la infraestructura verde necesita menos eslóganes y más gobernanza. Menos improvisación y más continuidad. Por eso, creemos que el éxito del acto de presentación de la Guía, y del propio documento en sí, no debe medirse solo en términos de asistencia o visibilidad institucional. Su verdadero éxito está en otra parte: en haber lanzado un mensaje claro al ámbito local y al sector profesional, de que la infraestructura verde periurbana ha dejado de ser un asunto periférico y secundario, para convertirse en un componente esencial de la planificación territorial, de la salud ambiental y de la calidad de vida de la ciudadanía. Desde la propia FEMP se expresó de esta manera, al presentar la Guía como un instrumento para avanzar hacia municipios más verdes, resilientes y sostenibles. Que ese planteamiento se traslade a una herramienta práctica como es la Guía, precisamente, es lo relevante.

 

Desde nuestra Asociación llevamos tiempo defendiendo que la infraestructura verde necesita menos eslóganes y más gobernanza. Menos improvisación y más continuidad

 

Quienes trabajamos sobre el terreno sabemos que los municipios no necesitan documentos abstractos y pomposos que les recuerden que la naturaleza es importante. Eso ya lo saben. Tampoco necesitan mensajes vacuos, sino propuestas concretas que, de forma realista y plausible, puedan llevarse a cabo con los medios en ocasiones limitados, de que disponen. Necesitan seguridad técnica, financiera y administrativa para actuar. Y la Guía de Recomendaciones para la Gestión de la Infraestructura Verde Periurbana, ayuda a ello, yendo más allá del ámbito estrictamente ambiental. Su aportación es, en gran medida, cultural. Obliga a mirar de otra forma y a redefinir los bordes de nuestras ciudades, esos lugares donde tantas veces se han fomentado actuaciones residuales y abandono. Reivindicar la infraestructura verde periurbana es dignificar esos espacios. Es entender que son una parte decisiva de la estructura ecológica y territorial de las ciudades y que pueden y deben ofrecer servicios de calidad a la ciudadanía, a través de su cuidado, fomento, e incluso, recuperación.

 

Cuando las instituciones públicas y el sector profesional trabajan con seriedad, y colaboran en la búsqueda de la mejora en cualquier ámbito, emergen mejores propuestas y herramientas de actuación

 

En nuestra humilde opinión, la jornada celebrada en la FEMP, de presentación de la Guía, dejó una conclusión de fondo: cuando las instituciones públicas y el sector profesional trabajan con seriedad, y colaboran en la búsqueda de la mejora en cualquier ámbito, emergen mejores propuestas y herramientas de actuación. Y cuando esas herramientas están pensadas para ser usadas de verdad, el beneficio no es solo para quienes las diseñan y las promueven -administraciones y profesionales-, sino para los municipios, sus entornos naturales y, en definitiva, para la calidad de vida de la ciudadanía. Esa es la razón por la que esta Guía merece una acogida positiva. No porque cierre el debate, sino porque lo ordena. No porque resuelva por sí sola todos los problemas de la infraestructura verde periurbana, sino porque ayuda a abordarlos mejor. Y en tiempos como los actuales, con tanta necesidad de pasar del diagnóstico a la acción, eso ya es mucho decir. 


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