Un estudio desarrollado en Lyon concluye que la cantidad, conectividad y distribución de los espacios verdes condicionan su capacidad para mitigar el ruido, con resultados diferentes según la densidad edificatoria
El ruido está reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el segundo mayor riesgo ambiental para la salud después de la contaminación atmosférica. La exposición prolongada a niveles elevados se ha relacionado con enfermedades cardiovasculares, alteraciones del sueño, menor productividad y problemas de salud mental.
En la Unión Europea, se estima que la exposición prolongada al ruido provoca 12.000 muertes prematuras al año y molestias crónicas graves a 22 millones de personas. Ante el avance de la urbanización, encontrar soluciones sostenibles para reducir esta exposición se ha convertido en uno de los retos de las ciudades.
La Comisión Europea ha fijado en su Plan de Acción de Contaminación Cero el objetivo de reducir un 30 % para 2030 la proporción de personas afectadas crónicamente por el ruido del transporte. Frente a medidas tradicionales como las restricciones al tráfico, los pavimentos fonoabsorbentes o las barreras acústicas, los espacios verdes urbanos aparecen como una alternativa que puede complementar las estrategias de mitigación.
La UE se ha marcado como objetivo reducir un 30 % para 2030 la población afectada de forma crónica por el ruido del transporte
Aunque diferentes investigaciones han demostrado que los espacios verdes pueden reducir la transmisión del sonido, existe menos conocimiento sobre cómo la disposición de parques, árboles y vegetación condiciona los niveles de ruido, especialmente en entornos urbanos densamente construidos.
Un nuevo estudio ha analizado esta relación tomando como referencia tres áreas urbanas de Lyon (Francia) de 2 x 2 kilómetros, representativas de zonas con baja, media y alta densidad edificatoria.
Una misma configuración de espacios verdes no produce el mismo efecto acústico en un entorno residencial de baja densidad que en un núcleo urbano densamente construido
Los investigadores combinaron datos geográficos abiertos con mediciones de ruido obtenidas mediante teléfonos móviles de ciudadanos a través de la plataforma Noise Planet. A partir de esta información aplicaron modelos espaciales y analizaron 12 indicadores relacionados con la configuración de los espacios verdes, como su tamaño, forma, conectividad, fragmentación y distribución.
Los resultados muestran que la capacidad de las zonas verdes para reducir el ruido no depende únicamente de disponer de más vegetación, sino también de cómo se organiza espacialmente y de las características del tejido urbano en el que se integra.
En las zonas de baja densidad, caracterizadas por una menor presencia de edificios y espacios verdes de mayor tamaño, la cantidad total de superficie verde es el factor que presenta un mayor efecto sobre la reducción del ruido.
En las áreas de densidad media, cobra especial importancia la agrupación y conectividad de los espacios verdes. Por su parte, en los entornos de alta densidad, donde existe menos espacio disponible, pequeñas zonas verdes fragmentadas pero estratégicamente situadas pueden contribuir a disminuir los niveles ambientales de ruido, especialmente cuando se encuentran próximas a fuentes como las grandes vías de tráfico.
El trabajo no establece dimensiones o configuraciones óptimas concretas, sino que ofrece una visión comparativa de cómo las propiedades físicas, morfológicas y espaciales de la infraestructura verde pueden modificar su influencia sobre el entorno acústico.
Uno de los principales resultados de la investigación es el desarrollo de una metodología que podría trasladarse a los procesos de planificación urbana. El procedimiento parte de clasificar las zonas según su densidad, cartografiar posteriormente la distribución del ruido y analizar qué características de los espacios verdes tienen mayor influencia en cada ámbito.
Este enfoque permitiría adaptar las estrategias de infraestructura verde a las características de cada tejido urbano y orientar las intervenciones hacia soluciones capaces de combinar reducción del ruido, adaptación climática, gestión de aguas pluviales, biodiversidad y bienestar ciudadano.
En las áreas urbanas más densas, pequeños espacios verdes bien ubicados pueden contribuir a reducir el ruido, especialmente cuando se sitúan cerca de grandes vías de tráfico
El estudio se limita a tres áreas de una única ciudad, por lo que sus autores consideran necesario ampliar la investigación para comprobar los resultados en otros contextos y analizar factores adicionales como el clima, la densidad de población, las condiciones económicas o la geografía.
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