Un análisis realizado en 682 áreas urbanas funcionales europeas muestra que estos espacios pueden extender su efecto refrescante más allá de sus límites y apunta a su ubicación estratégica como herramienta
Los huertos urbanos pueden desempeñar un papel relevante frente al efecto isla de calor en las ciudades europeas. Un estudio espacial a gran escala difundido por la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea estima que estos espacios verdes enfrían actualmente áreas habitadas por alrededor de 4,1 millones de personas.
Los resultados muestran que, de media, la superficie beneficiada por este efecto es 2,8 veces mayor que la ocupada por los propios huertos. La reducción de la temperatura superficial dentro del área de influencia alcanza los 2,84 ºC, mientras que el efecto de enfriamiento puede extenderse hasta una distancia máxima de 106,8 metros.
La investigación pone así el foco sobre una función de la agricultura urbana menos estudiada que la producción de alimentos: su capacidad para contribuir a la adaptación de las ciudades al aumento de las temperaturas y las olas de calor.
Por cada kilómetro cuadrado ocupado por huertos urbanos, el estudio calcula que unas 8.221 personas se benefician de su capacidad de enfriamiento
Para determinar este efecto, los investigadores analizaron 682 de las 929 áreas urbanas funcionales (FUA) de Europa, entendidas como ciudades junto con sus respectivas zonas de desplazamiento cotidiano. Solo se incluyeron aquellas que disponían de huertos y cumplían determinados criterios relacionados con la disponibilidad de información térmica.
El trabajo calculó la temperatura superficial terrestre media entre 2019 y 2024 y cruzó posteriormente esta información con la localización de los huertos y la distribución espacial de la población.
Para ello se utilizaron datos de Google Earth Engine sobre temperatura superficial, información de cobertura del suelo de OpenStreetMap y el sistema de Zonas Climáticas Locales (Local Climate Zones), con el objetivo de homogeneizar la comparación entre las distintas áreas urbanas.
Los investigadores analizaron tanto la superficie enfriada como la intensidad y distancia máxima del efecto, el número de habitantes potencialmente beneficiados y las diferencias entre agricultura urbana y periurbana.
Los resultados revelan que la capacidad de estos espacios para moderar las temperaturas no queda limitada a su superficie. De media, cada unidad de superficie destinada a huertos enfría un área 2,8 veces superior, lo que permite que sus beneficios alcancen también al tejido urbano circundante.
La investigación identifica además diferencias en función de su localización. La agricultura urbana presenta una eficiencia de enfriamiento un 23 % superior a la agricultura periurbana, calculada a partir de la relación entre la superficie refrigerada y la superficie ocupada por los huertos.
La proximidad a zonas densamente habitadas y la dispersión de pequeñas parcelas pueden resultar más determinantes que una elevada concentración total de huertos en una ciudad
Esta circunstancia ayuda a explicar las diferencias geográficas detectadas. Aunque la mayor concentración de huertos se encuentra en Europa Central y Oriental, las mayores eficiencias de enfriamiento aparecen en Benelux, el oeste de Alemania, el norte de Italia y algunas zonas de España.
Según el estudio, estos resultados están relacionados con una mayor presencia de huertos cerca de áreas densamente pobladas y con parcelas de menor tamaño, que permiten distribuir estos espacios verdes de manera más amplia por el tejido urbano.
Uno de los resultados más relevantes para la planificación urbana es la escasa coincidencia entre la ubicación actual de los huertos y las áreas más expuestas al calor. Solo el 5 % de los huertos analizados se encuentra en las zonas de mayor riesgo térmico dentro de las áreas urbanas estudiadas.
Por otro lado, el 43 % está integrado en otras infraestructuras verdes y azules, una conexión que potencialmente puede reforzar los servicios ecosistémicos asociados a estos espacios. Sin embargo, el estudio detectó que los huertos independientes pueden presentar una eficiencia de enfriamiento similar a la de aquellos integrados en redes verdes de mayor tamaño.
La limitada presencia de huertos en las áreas con mayor riesgo de calor revela un margen importante para incorporarlos de forma más estratégica a las políticas urbanas de adaptación climática
A partir de los resultados, los autores plantean que las políticas de ordenación territorial deberían prestar mayor atención no solo a la cantidad de superficie destinada a agricultura urbana, sino también a su ubicación, tamaño y distribución dentro de la ciudad.
En concreto, recomiendan priorizar huertos de menor tamaño en zonas centrales y densamente pobladas, donde su capacidad de enfriamiento podría beneficiar a un mayor número de habitantes y contribuir a aumentar la resiliencia frente al calor.
El estudio propone además una serie de indicadores espaciales para identificar aquellos lugares en los que la implantación de nuevos huertos podría aportar un mayor beneficio en la mitigación de las islas de calor urbanas, incorporando así la agricultura urbana al conjunto de soluciones de infraestructura verde disponibles para la adaptación climática.
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