Un estudio internacional con participación de la Universidad Politécnica de Madrid demuestra que incrementar las zonas verdes urbanas ayuda a moderar la temperatura y reducir el impacto sanitario del cambio climático
Un equipo científico internacional, con participación de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ha demostrado que aumentar la vegetación en las ciudades puede contribuir a reducir la mortalidad asociada al calor y mejorar la adaptación urbana frente al cambio climático.
La investigación, que puedes consultar aquí, analiza cómo distintas estrategias de revegetación urbana influyen sobre la temperatura en ciudades europeas y traduce esos efectos térmicos en impactos concretos sobre la salud pública. El trabajo concluye que las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) pueden convertirse en una herramienta eficaz para reducir el efecto isla de calor y construir entornos urbanos más resilientes.
El estudio estima que incrementar la vegetación urbana en Madrid permitiría reducir la mortalidad asociada a la temperatura en unas cuatro muertes al año
El trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto europeo Life VEG-GAP, financiado por la Unión Europea, y ha contado con la participación de la UPM, la Agencia Nacional Italiana para Nuevas Tecnologías, Energía y Desarrollo Económico Sostenible (ENEA), las universidades de Milán-Bicocca y Canberra, así como los ayuntamientos de Madrid, Milán y Bolonia.

Para evaluar el efecto de las distintas soluciones verdes, los investigadores utilizaron simulaciones meteorológicas anuales de alta resolución que incorporan tanto el comportamiento energético de los edificios como las características físicas de distintos tipos de cubiertas vegetales y usos del suelo.
Posteriormente, los cambios de temperatura obtenidos se relacionaron con la denominada temperatura de mínima mortalidad (MMT) y con los riesgos relativos de cada localización, permitiendo calcular cómo variaría la mortalidad atribuible a las desviaciones térmicas.
Los resultados muestran que la implementación de vegetación en áreas urbanas densamente edificadas genera beneficios netos sostenidos en el tiempo, que se suman además a los efectos positivos ya conocidos durante episodios extremos como las olas de calor.
Las Soluciones Basadas en la Naturaleza permiten reducir el efecto isla de calor y mejorar el confort térmico en zonas urbanas consolidadas
Aunque las cifras agregadas puedan parecer moderadas, los investigadores destacan que se trata de beneficios recurrentes año tras año y que además no incluyen otros efectos positivos asociados, como la mejora de la calidad del aire, la salud mental o el confort térmico.
El estudio subraya que no todas las actuaciones verdes producen el mismo efecto y que la respuesta térmica depende en gran medida del diseño urbano, el tipo de vegetación implantada y las características previas del suelo.
Según explica Juan Manuel de Andrés, investigador del grupo TARIndustrial de la UPM, “planificar correctamente Soluciones Basadas en la Naturaleza puede salvar vidas, por lo que integrar estas medidas en planes de adaptación al cambio climático permite priorizar inversiones donde el retorno en salud pública es mayor”.
Los investigadores recomiendan además combinar estas actuaciones con otras medidas complementarias, como la movilidad sostenible, las superficies reflectantes o una gestión más eficiente del agua, siempre desde un enfoque adaptado a las características específicas de cada ciudad.
Hasta ahora, numerosos estudios científicos ya habían demostrado que las zonas verdes ayudan a mitigar el efecto isla de calor y aportan múltiples servicios ecosistémicos. Sin embargo, esta nueva investigación avanza un paso más al cuantificar su potencial para reducir la mortalidad a largo plazo asociada al aumento de temperaturas.
El trabajo destaca también la importancia de evaluar posibles efectos secundarios, como determinadas emisiones biogénicas que podrían influir en la formación de ozono troposférico, aunque insiste en que los beneficios globales superan ampliamente estos riesgos potenciales.
El estudio pone el foco en la necesidad de integrar vegetación urbana, adaptación climática y salud pública dentro de las políticas urbanas
En conjunto, los investigadores concluyen que la implementación planificada de vegetación urbana constituye una estrategia coste-efectiva para moderar la temperatura, mejorar la salud pública y avanzar hacia ciudades más habitables, sostenibles y resilientes frente al cambio climático.
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