Entrevista a Borja Carabante, Delegado del Área de Gobierno de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad
Las grandes ciudades afrontan hoy un desafío común: seguir creciendo sin renunciar a la calidad del espacio urbano, la resiliencia frente al cambio climático y el bienestar de sus ciudadanos. De este modo, la infraestructura verde ha dejado de entenderse como un elemento paisajístico para configurarse como una infraestructura estratégica, capaz de mejorar la calidad del aire, reducir el efecto isla de calor, favorecer la biodiversidad, gestionar el agua de lluvia y crear espacios públicos más saludables y conectados.
Madrid es uno de los ejemplos más representativos de esta evolución. Actuaciones como el soterramiento de la A-5, el futuro Parque de Ventas o el Paseo Verde del Suroeste reflejan una nueva forma de intervenir sobre la ciudad, donde la regeneración urbana, la recuperación del espacio público y la infraestructura verde forman parte de una misma estrategia. Paralelamente, la capital continúa ampliando su patrimonio natural: el 26 % de su superficie está cubierta por árboles, alberga cerca de 5,7 millones de ejemplares de más de 500 especies y suma alrededor de 3.800 espacios verdes, unas cifras que le han valido el reconocimiento como Ciudad Arbórea del Mundo durante siete años consecutivos.
Pero esta nueva forma de entender la ciudad va mucho más allá de plantar árboles o crear nuevos parques. La planificación urbana incorpora criterios de conectividad ecológica, soluciones basadas en la naturaleza, eficiencia hídrica, digitalización y movilidad sostenible para configurar espacios capaces de responder a los retos ambientales y sociales de las próximas décadas. La infraestructura verde se convierte así en un elemento estructurante del territorio, integrado en las decisiones de urbanismo, ingeniería y gestión municipal.
En este contexto, Borja Carabante, delegado del Área de Gobierno de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, explica cómo se están abordando estos proyectos, qué retos técnicos plantean y cuál será el papel de la infraestructura verde en la evolución de la capital hacia un modelo urbano más resiliente, saludable y sostenible.
Sin ninguna duda, estas actuaciones comparten una visión de ciudad que sitúa a las personas, la calidad ambiental y la cohesión urbana en el centro de la transformación de Madrid. El soterramiento de la A-5, el futuro Parque de Ventas o el Paseo Verde del Suroeste no son proyectos aislados, sino piezas de una misma estrategia orientada a recuperar espacio público, reducir el efecto barrera de grandes infraestructuras y generar nuevos ámbitos de encuentro, conexión y actividad para los vecinos.
En el caso del soterramiento de la A-5, paseo de Extremadura, se convertirá en un gran eje peatonal y verde que conectará en superficie los barrios de Latina, Lucero, Aluche y Las Águilas con los de Campamento y Casa de Campo, separados desde 1968 por dicha vía, permitiendo que este nuevo Paseo Verde del Suroeste reduzca en un 90% los vehículos en superficie, así como las emisiones contaminantes, combinado con la construcción de un carril bici bidireccional de 3,5 kilómetros.
Estas intervenciones contribuyen también a consolidar un modelo urbano más sostenible y resiliente, en el que la infraestructura verde desempeña un papel esencial. La creación de nuevos parques y corredores verdes mejora la calidad del aire, favorece la adaptación al cambio climático y refuerza la conexión entre barrios que históricamente han estado separados.
En definitiva, avanzamos hacia una ciudad más verde, accesible y equilibrada territorialmente, capaz de mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y afrontar con éxito los retos urbanos del futuro.
"Actuaciones como el soterramiento de la A-5, el futuro Parque de Ventas o el Paseo Verde del Suroeste no son proyectos aislados, sino piezas de una misma estrategia orientada a recuperar espacio público y conectar barrios"
Durante las últimas décadas, el urbanismo ha evolucionado desde un enfoque centrado en el vehículo hacia otro que prioriza la calidad del espacio público y el bienestar de la ciudadanía. ¿Cómo ha cambiado esta forma de entender la ciudad y qué principios guían hoy la planificación urbana de Madrid?
El concepto de planificación urbana ha experimentado una transformación profunda en las últimas décadas. Durante gran parte del siglo XX el desarrollo de las ciudades estuvo muy condicionado por las necesidades de la movilidad motorizada que ayudaban a dicho desarrollo; hoy ha cambiado sustancialmente esta mentalidad y el foco se sitúa en la calidad del espacio público, la sostenibilidad y el bienestar de las personas, entendiendo cada vez más la ciudad como un lugar de convivencia, donde factores como la accesibilidad, la salud urbana, la proximidad a los servicios, la presencia de zonas verdes o la calidad ambiental se conviertan en elementos esenciales para la calidad de vida de los ciudadanos.
Desde el Ayuntamiento de Madrid la planificación apuesta por un modelo cada vez más equilibrado, inclusivo y resiliente. La regeneración urbana, la cohesión territorial, la renaturalización, la movilidad sostenible o la recuperación de espacios para el uso ciudadano se han convertido en principios guía de muchas de las actuaciones que se están desarrollando para seguir construyendo una ciudad capaz de responder a los desafíos ambientales y sociales del siglo XXI, reforzando su competitividad y atractivo sin renunciar a una mejora constante de la calidad de vida de quienes viven y trabajan en ella.
La regeneración urbana, la renaturalización y la movilidad sostenible se han convertido en principios guía de la planificación de Madrid
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El Ayuntamiento de Madrid viene apostando fuerte por convertir la infraestructura verde de ser un elemento complementario a convertirse en una infraestructura estratégica para el funcionamiento de la ciudad. Ejemplo de ello son las múltiples intervenciones que se están abordando en el consistorio.
Hoy entendemos los parques, corredores verdes, arbolado urbano o espacios naturalizados como activos esenciales para mejorar la resiliencia urbana, proporcionar servicios ecosistémicos y aumentar la calidad de vida de la ciudadanía. Su papel ya no es únicamente paisajístico, sino que forma parte de la respuesta de las ciudades a algunos de los principales desafíos ambientales y sociales de nuestro tiempo.
No hay que olvidar que la infraestructura verde desempeña funciones clave en la adaptación al cambio climático, ayudando a reducir el efecto isla de calor, mejorar la gestión del agua de lluvia y favorecer una mayor calidad del aire. Asimismo, contribuye a proteger y conectar espacios naturales, favoreciendo la biodiversidad dentro del entorno urbano. Pero también tiene una dimensión social y de salud pública muy relevante: los espacios verdes fomentan la actividad física, el bienestar psicológico, la convivencia y el encuentro entre vecinos.
Por ello, la planificación urbana actual apuesta por ampliar y conectar la red verde de la ciudad, integrándola como un elemento estructurante del modelo urbano y como una inversión de futuro para una Madrid más saludable, sostenible y resiliente.
El soterramiento de la A-5 reducirá un 90 % el tráfico en superficie e incorporará un carril bici bidireccional de 3,5 kilómetros
Responde a una planificación mucho más integral que la simple incorporación de vegetación. El objetivo es crear infraestructuras verdes capaces de prestar múltiples servicios a la ciudad: mejorar el confort climático, favorecer la biodiversidad, gestionar de forma más eficiente los recursos naturales y ofrecer espacios de calidad para el encuentro, el ocio y la actividad saludable.
Para ello, se trabaja con criterios como la conectividad ecológica, la adaptación a las condiciones climáticas locales, el uso de especies adecuadas y la integración de Soluciones basadas en la Naturaleza que refuercen la resiliencia del entorno urbano.
Estos espacios se diseñan pensando en las necesidades reales de la ciudadanía, garantizando su accesibilidad, seguridad, funcionalidad y capacidad para acoger usos diversos. La creación de corredores verdes, la incorporación de zonas de sombra, la mejora de los itinerarios peatonales y ciclistas o la generación de espacios de estancia y convivencia son elementos cada vez más presentes en los proyectos urbanos.
En definitiva, buscamos que los parques y espacios verdes no sean únicamente lugares para contemplar, sino infraestructuras vivas que mejoren el bienestar de las personas, refuercen la sostenibilidad de la ciudad y contribuyan a hacer de Madrid una urbe más saludable, habitable y preparada para los retos del futuro.
Buscamos que los parques y espacios verdes no sean únicamente lugares para contemplar, sino infraestructuras vivas que mejoren el bienestar de las personas
En 2026, Madrid ha sido reconocida un año más como Ciudad Arbórea del Mundo, distinción internacional que premia a las ciudades que destacan por su gestión, conservación y expansión del arbolado urbano. Con siete años consecutivos obteniendo este galardón, la capital se consolida como referente global en sostenibilidad urbana y como la única ciudad española en revalidarlo sin interrupción desde 2019.
El reconocimiento no premia únicamente la cantidad de árboles presentes en la ciudad, sino la existencia de una estrategia integral de gestión basada en criterios técnicos, planificación a largo plazo y participación ciudadana. En concreto, el programa exige cumplir cinco estándares: disponer de una estructura de gestión del arbolado, contar con un inventario actualizado, garantizar recursos económicos para su conservación, aplicar normativa específica para su protección y fomentar la sensibilización ambiental de la ciudadanía.
El 26 % de la superficie de Madrid está cubierto por árboles. La ciudad alberga cerca de 5,7 millones de ejemplares pertenecientes a más de 500 especies distintas, distribuidos entre sus aproximadamente 3.800 espacios verdes: parques, jardines, bulevares arbolados y corredores que conectan distintos distritos de la capital.
Este patrimonio natural no es solo un activo paisajístico. El arbolado urbano contribuye de forma directa a mejorar la calidad del aire, reducir la contaminación, mitigar el efecto de isla de calor, regular la temperatura, captar dióxido de carbono, reducir el ruido y favorecer la biodiversidad. Los espacios verdes y las calles arboladas fomentan además la actividad física y el bienestar de los vecinos.
Entre 2019 y 2026, el Ayuntamiento ha destinado más de 116 millones de euros a 136 intervenciones orientadas a crear nuevas zonas verdes y mejorar las existentes, de las que 118 ya se han ejecutado. El presupuesto anual actual para la conservación de las zonas verdes y los parques históricos y singulares de la ciudad alcanza los 210 millones de euros.
La continuidad de Madrid dentro de la red Tree Cities of the World refleja el esfuerzo sostenido por consolidar un modelo urbano en el que la naturaleza ocupa un lugar central en la planificación del espacio público, en línea con los objetivos de la Estrategia de Sostenibilidad Ambiental Madrid 360.
Un 26% de la superficie de Madrid está cubierta por árboles —unos 5,7 millones— de más de 500 especies distribuidos en unos 3.800 espacios verdes
Entre 2019 y 2026, el Ayuntamiento ha destinado más de 116 millones de euros a 136 actuaciones para crear nuevas zonas verdes y mejorar las existentes; 118 ya están ejecutadas
Uno de los principales retos está siendo integrar de manera coherente objetivos muy diversos sobre espacios urbanos complejos y, en muchos casos, ya consolidados. Actuaciones como las que está desarrollando el Ayuntamiento de Madrid requieren coordinar infraestructuras de movilidad, redes de servicios urbanos, criterios ambientales, diseño del espacio público e integración paisajística, garantizando al mismo tiempo la viabilidad técnica y la minimizando de las afecciones durante las obras. Todo ello exige una planificación rigurosa y una estrecha colaboración entre equipos multidisciplinares y distintas áreas de la administración.
El reto no es únicamente ejecutar una infraestructura o crear un nuevo espacio verde, sino diseñar soluciones que aporten valor durante décadas, sean flexibles ante futuros cambios y contribuyan a construir una ciudad más sostenible, resiliente y cohesionada. En este sentido, la planificación estratégica desempeña un papel fundamental para garantizar que cada actuación forme parte de una visión global y compartida de la transformación de Madrid.
El reto no es únicamente ejecutar una infraestructura o crear un nuevo espacio verde, sino diseñar soluciones que aporten valor durante décadas
Cuando uno aborda este tipo de actuaciones, lo hace con el espíritu de que contribuyan a una transformación profunda y duradera de la experiencia urbana. La recuperación de superficies actualmente ocupadas o condicionadas por grandes infraestructuras permite crear nuevos lugares de encuentro, estancia y actividad, favoreciendo una relación más cercana y cotidiana con el espacio público y promoviendo formas de movilidad más sostenibles.
Además, estos proyectos, al eliminar barreras físicas y mejorar la conexión entre barrios, generan nuevas oportunidades de relación social, acceso a servicios y desarrollo de actividades económicas y culturales. En definitiva, se trata de construir una ciudad más integrada, donde el espacio público actúe como elemento de unión y donde los madrileños puedan disfrutar de entornos de mayor calidad ambiental, con más zonas verdes, mejor conectividad y una mejor calidad de vida.
Estas actuaciones permitirán que muchos madrileños dispongan de más espacios verdes, mejores conexiones peatonales y ciclistas y entornos públicos más confortables y saludables a pocos minutos de sus hogares, facilitando nuevas formas de uso de la ciudad, favoreciendo el paseo, la actividad física, la convivencia y el disfrute del espacio público en condiciones de mayor calidad ambiental.
Además, la mejora de la conexión entre barrios contribuirá a reducir barreras históricas y a generar una ciudad más cohesionada y accesible. El objetivo final es que estas transformaciones se traduzcan en beneficios tangibles para los vecinos: menos ruido, más zonas de sombra y estancia, más oportunidades de encuentro y una mayor proximidad a espacios verdes y equipamientos. En definitiva, una ciudad más amable, saludable y preparada para responder a las necesidades actuales y futuras de quienes la habitan.
En el momento en que se planifica este tipo de proyectos, se hacen conscientes de la importancia de la sostenibilidad a largo plazo. El objetivo no es solo crear nuevos espacios verdes, sino garantizar que puedan mantenerse de forma eficiente y seguir prestando servicios ambientales y sociales durante las próximas décadas.
Por ello, resulta fundamental el trabajo dedicado a seleccionar especies adaptadas a las condiciones climáticas de Madrid, la diversificación de la vegetación, el uso de Soluciones basadas en la Naturaleza y el diseño de espacios que requieran un mantenimiento equilibrado y sostenible.
Al mismo tiempo, y en línea con lo anterior, la eficiencia hídrica constituye una prioridad en un contexto de adaptación al cambio climático. Los proyectos contemplan sistemas de riego más eficientes, el aprovechamiento de recursos hídricos alternativos cuando es posible y soluciones que favorecen la infiltración y retención natural del agua de lluvia, combinando una gestión planificada del arbolado y de las zonas verdes para optimizar los recursos disponibles, mejorar su resiliencia frente a episodios climáticos extremos y asegurar que estos espacios continúen ofreciendo beneficios ambientales, paisajísticos y de bienestar para la ciudadanía a largo plazo.
Los técnicos del Ayuntamiento de Madrid lo consiguen con una estudiada combinación de diseño, tecnología y gestión adaptada a las condiciones climáticas de Madrid, priorizando la utilización de especies vegetales con menores necesidades de agua y una alta capacidad de adaptación al clima local.
Además, en los nuevos proyectos se están incorporando sistemas de riego inteligentes y sectorizados, capaces de ajustar los aportes de agua a las necesidades reales de cada zona y a las condiciones meteorológicas, además de Soluciones basadas en la Naturaleza que favorecen la infiltración y retención del agua de lluvia en el propio terreno, reduciendo la escorrentía y mejorando el aprovechamiento de los recursos hídricos. El objetivo es avanzar hacia espacios verdes más resilientes, capaces de mantener su valor ambiental y social con un uso responsable y eficiente del agua a largo plazo.
Los nuevos proyectos incorporan sistemas de riego inteligentes y soluciones basadas en la naturaleza para optimizar el uso del agua
Básicamente se trata de contar con datos que permitan gestionar más eficientemente, orientando la acción municipal. Se están utilizando múltiples sistemas de captación como teledetección con imágenes satélite para la elaboración de los índices de vigor vegetativo, drones o imágenes 360 con procesamiento apoyado en IA para la detección de limpieza de alcorques o ramas que impacten en fachadas.
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La infraestructura verde desempeña un papel cada vez más estratégico en la evolución de Madrid. No solo será un elemento esencial para mejorar la calidad ambiental y el bienestar de la ciudadanía, sino también una herramienta clave para afrontar algunos de los grandes desafíos urbanos de nuestro tiempo, como la adaptación al cambio climático, la protección de la biodiversidad o la mejora de la salud urbana. En este contexto, la red de parques, corredores verdes, espacios naturalizados y arbolado urbano adquiere una función estructurante, contribuyendo a construir una ciudad más resiliente, habitable y conectada.
De cara al futuro, el principal reto será seguir integrando la infraestructura verde en la planificación urbana de forma transversal, ampliando y conectando los espacios verdes y garantizando su conservación a largo plazo.
Se trata de consolidar un modelo urbano en el que la naturaleza forme parte de la estructura misma de la ciudad y desempeñe un papel esencial en su funcionamiento, sostenibilidad y calidad de vida.
La infraestructura verde desempeñará un papel cada vez más estratégico en la evolución de Madrid
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