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Alumbrado


"Hay un gran trabajo de sensibilización por hacer en el campo del alumbrado responsable"

Entrevista a Coque Alcázar, coautor de la filosofía e iniciativa Slowlight


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Slowlight


15/09/2023

El uso abusivo e irresponsable de la iluminación artificial está generando graves consecuencias para el planeta, las personas y los ecosistemas naturales, lo que hace cada vez más necesario el rediseño del paisaje nocturno para transitar hacia un modelo de iluminación más responsable y sostenible.

Una iluminación calmada y sostenible supondría un menor consumo energético, una menor huella de carbono y sobre todo, un entorno más confortable y saludable para la ciudadanía y el medio ambiente; pero para llegar a este fin, es necesario reflexionar sobre la importancia de la luz, analizar el problema de la degradación de la noche y el paisaje, y proponer soluciones para reconectarnos con la naturaleza.

Desde un espacio participativo, y bajo esta reflexión colectiva, nace la iniciativa Slowlight, que persigue obtener mejores entornos a través de la luz, tanto en el ámbito urbano como en el rural, creando espacios nocturnos en armonía, en los que la noche recupera protagonismo, gracias a una iluminación calmada, inteligente, saludable, sostenible, confortable y emocional, donde tanto la luz como la oscuridad son protagonistas en el diseño técnico de la escena nocturna. Para conocer más sobre el proyecto, su trayectoria, objetivos y ambiciones, entrevistamos a Coque Alcázar, coautor de la filosofía e iniciativa Slowlight.

 

¿Cómo, cuándo y por qué nace Slowlight?

La iniciativa Slowlight arranca en 2020. Mi compañera Raquel Valiño y yo habíamos percibido que la contaminación lumínica estaba campando a sus anchas y creciendo en intensidad de magnitud, la situación del paisaje nocturno en nuestras ciudades y la iluminación pública era totalmente caótica; y las capas que componían la iluminación de nuestras ciudades adolecían de orden alguno. Con actitud inconformista hacia lo que estábamos viendo y viviendo, decidimos entonces comenzar a exponer en redes sociales y en internet nuestra opinión sobre cómo habría de producirse un cambio de enfoque y dónde se situaba ese punto de inflexión hacia una nueva cultura de la iluminación. Esos fueron nuestros orígenes, con dos primeros años muy centrados en ingeniería urbana municipal y eficiencia en el sector del alumbrado. Más tarde, comenzaríamos a fortalecer y girar nuestro pensamiento hacia un modelo más consciente e integrado por más campos de conocimiento: nos abrimos a otros conceptos como el paisaje nocturno o la calidad del cielo, e incluso estudiamos conceptos de sociología o psicología, que nos permitieran acercarnos a la ciudadanía.

 

¿En qué momento se encuentra la iniciativa en la actualidad?

Han sido tres años en los que hemos realizado una gran labor de divulgación. Creamos la asociación Slowlight, para dar soporte técnico, jurídico y legal a la iniciativa; y el momento actual es precisamente clave, ya que estamos a las puertas de una apertura de la asociación. Pretendemos que esta crezca en su número de vocales, para comenzar a ser un movimiento colectivo, pues esa fue la vocación desde el inicio. El momento presente es importante, ya que esperamos dar un salto para que, en los próximos meses, Slowlight funcione como una asociación con un enfoque mucho más profesional.

 

"Hay un gran trabajo de sensibilización en este campo por hacer. Muy pocos hablan hoy día sobre la protección de la noche y su puesta en valor"

 

 

¿Qué previsión tenéis para el futuro?

Lo que nos gustaría conseguir es que Slowlight fuera un movimiento global para la ciudadanía. Siendo una asociación y perteneciendo al tercer sector, nos encargamos de completar las acciones del resto de actores, como las administraciones públicas o las entidades privadas.

En este sentido, si analizamos los “deberes” que tienen gobiernos o las empresas en materia ambiental, con los acuerdos marco que se están tomando en las diferentes cumbres, vemos que aún hay un gran trabajo de sensibilización en este campo que está por hacer. Muy pocos hablan hoy día sobre la protección de la noche y su puesta en valor.

Por tanto, nuestro objetivo a futuro es convertirnos en la voz del problema a gran escala, conectando: el pensamiento científico, que avala y prueba la importancia de hacer un uso responsable de la luz; con la ciudadanía, que ha de cambiar sus hábitos de consumo; así como con las administraciones públicas y entidades privadas, que habrán de realizar un esfuerzo compartido dentro de su responsabilidad social corporativa.

 

 

 

¿Cuál es el problema principal al que se enfrentan las ciudades en materia de iluminación?

Las ciudades empiezan a iluminarse en la década de los 70, y desde entonces, los puntos de luz en España no han hecho más que multiplicarse, pues la ciudadanía lleva demandando el uso de mucha luz por la noche durante años. Hoy tenemos sistemas de alumbrado modernizados, robustos y eficientes, y contamos con tecnología y conocimiento que no existía en los orígenes de alumbrado. Sin embargo, el gran problema es que, aún hoy, las ciudades entienden la luz como sinónimo de progreso, de seguridad, de desarrollo.

La luz artificial es necesaria, ha sido y es para la humanidad uno de los elementos de mayor impacto positivo, por todo lo que nos ha aportado y nos aporta; pero también tiene efectos adversos que no deben ignorarse, y por tanto, ha de ser utilizada con responsabilidad. Lo que ocurre es que esta toma de conciencia no ha hecho más que comenzar: mientras la comunidad científica lleva décadas alertando de los efectos contaminantes de la luz, las ciudades y gobiernos no han dado cuenta de su peligrosidad hasta ahora. Por tanto, es fundamental realizar una correcta planificación urbana, que necesita de una legislación que considere a la luz un elemento contaminante, tal y como se ha hecho con las emisiones, por ejemplo.

 

"La noche es necesaria y fundamental, y hoy se encuentra enormemente degradada por la contaminación lumínica"

 

 

Para hacer frente a este problema y conseguir mejorar la eficiencia de alumbrado público, ¿en qué aspectos debemos centrar la atención?

La noche es necesaria y fundamental, y hoy se encuentra enormemente degradada por la contaminación lumínica. Las ciudades no serán sostenibles y nosotros nunca podremos acomodar nuestras vidas, para hacer una gestión responsable del planeta, sin la presencia de la noche. Por tanto, el mensaje principal a trasladar es que debemos esforzarnos por no degradar la noche; y con esto, no solo nos referimos a cuidar del cielo estrellado, sino también al entorno natural, a nuestra propia salud, o al uso responsable de la luz tanto en el exterior como en el interior de nuestras viviendas, etc.

Por otro lado, necesitamos poner en valor la importancia del paisaje, la forma en que el ser humano percibe el entorno natural, algo que la gestión pública muchas veces olvida. El paisaje impacta enormemente sobre la persona y sobre la colectividad, constituye un factor clave de la identidad personal y del desarrollo de la sociedad, y por ello debemos cuidarlo: un primer paso es a través de una iluminación correcta.

Por último, hemos de centrar nuestra atención en crear una nueva cultura de iluminación, esto es, un cambio de enfoque hacia la sostenibilidad global que permita recuperar la noche en las ciudades respetando el medio ambiente. Esto implica focalizarnos en los principios. El primer principio es que la iluminación es un elemento contaminante y que hay que utilizarla con responsabilidad. Sobre esa base, se desarrollarán las ideas, el conocimiento, y un lenguaje común que nos permita entendernos a todos los actores, a través de unos principios resumidos, claros y concretos.

 

¿Cuál es el impacto de la contaminación lumínica en nuestras ciudades?

La contaminación lumínica está en todas partes: desde la luz de tu mesita de noche, la que entra a tu salón por la noche o la que desde tu salón se proyecta al exterior; una farola de alumbrado público, una pantalla publicitaria o la iluminación deslumbrante de un vehículo, entre otras. Todas ellas son fuentes de luz que, en su mayoría, se activan por la noche, y generan un ruido visual de luz no jerarquizada o descontrolada, cuyos efectos negativos se propagan a centenares de kilómetros.

El impacto de la contaminación lumínica es tan amplio como lo son las fuentes de luz existentes: la contaminación lumínica está contribuyendo significativamente al deterioro y desaparición de la biodiversidad, de los ecosistemas de flora y fauna; y también, de nuestra propia salud. La comunidad científica ha confirmado en múltiples ocasiones que una mala iluminación afecta al equilibrio natural y perjudica notoriamente a nuestra calidad del sueño, y hacer que nuestras funciones fisiológicas no se realicen correctamente. Esto se traduce en estrés, ansiedad, envejecimiento y otras muchas enfermedades que pueden ir encadenándose a posteriori.

El gran problema es que estos efectos, medioambientales y para la salud humana, no son perceptibles de un día a otro, sino que van acumulándose hasta “materializarse”. Esto está relacionado con el modo de vida que los humanos estamos eligiendo: vivimos totalmente desconectados de la naturaleza y rompiendo los equilibrios naturales.

 

 

 

¿Cuáles son los principales retos y desafíos asociados con la mejora de la eficiencia o un alumbrado más sostenible?

Se habla de residuos, de movilidad, de espacios verdes... pero pocas veces de luz. El tema de la noche es uno de los vectores más importantes que deberían ser empujados en el proceso de transformación de las ciudades; y sin embargo, sigue siendo uno de los grandes olvidados.

Cabe señalar, en primer lugar, que no se debería hablar de iluminación sostenible, sino de uso responsable o irresponsable de la luz. El primer aspecto que determina una actuación responsable es la necesariedad, saber si un punto de luz es o no necesario; y a partir de ahí, tener perfectamente controlados los parámetros de espectro, intensidad, dirección u horario. Esto significa mucho trabajo, y por tanto, es el primer gran reto.

Además, se requiere corresponsabilidad. La noche es de todos y todos tenemos que contribuir a ordenarla, para disfrutarla de una manera mucho más sostenible. Este es el segundo gran reto, ya que somos muchos actores, trabajando en diversos vectores de actuación. El esfuerzo colectivo del sector público - privado reforzará el conocimiento; cada uno debe poner su granito de arena, y el nuestro es conseguir acercar a la ciudadanía.

 

"Hemos de centrar la atención en crear una nueva cultura de iluminación, un cambio de enfoque hacia la sostenibilidad global que permita recuperar la noche en las ciudades respetando el medio ambiente"

 

 

Slowlight se define como un movimiento ciudadano participativo, ¿por qué? ¿qué papel ocupa el ciudadano en la transición hacia un modelo de iluminación más sotenible?

La ciudadanía es el eje central de la nueva cultura de la iluminación. Vivir en una ciudad no contaminada es un derecho: caminar por nuestro espacio nocturno de manera segura y confortable es un derecho; poder ver nuestros cielos estrellados, es un derecho; y solamente una ciudadanía informada puede ejercer sus derechos. La desinformación nos está haciendo perder nuestros derechos y perjudicar nuestra propia existencia. Si la ciudadanía no es consciente y no conoce el problema que puede suponer una mala iluminación de nuestras ciudades, por mucho que los ayuntamientos ejecuten acciones, no se conseguirán los objetivos. Para un mejor futuro común, necesitamos cambios de comportamiento.

Por este motivo, el objetivo principal y más prioritario de Slowlight es llegar a los ciudadanos, a través de una serie de acciones de sensibilización y concienciación sobre la necesidad de hacer un uso responsable de la luz, algunas ya en marcha y otras previstas para el futuro. Lo más reciente que hemos llevado a cabo han sido una serie de paseos nocturnos en doce ciudades de España, con diferentes guías (embajadores de Slowlight o diseñadores profesionales de iluminación). Caminamos con la ciudadanía, y conseguimos hacerles mirar al paisaje nocturno desde una perspectiva distinta: colectiva y reflexiva, que critica lo malo y pone en valor lo bueno, y sobre todo, que justifica el por qué es importante hacer un uso responsable de la luz. Fue una experiencia enormemente gratificante para todos los que participamos.

 

"Solo la información, los datos y el uso inteligente de las redes de alumbrado nos permitirán transitar hacia modelos más eficientes y sostenibles"

 

 

Por último, ¿cómo contribuyen las ciudades inteligentes y las tecnologías emergentes a la evolución de la iluminación en el proceso de transformación de las ciudades?

Las nuevas tecnologías e inteligencias artificiales son importantísimas para los sistemas de iluminación, pues solo la información, los datos y el uso inteligente de las redes de alumbrado nos permitirán transitar hacia modelos más eficientes y sostenibles. Vemos, por ejemplo, que las ciudades no se comportan de igual manera un lunes, un martes un miércoles o un fin de semana; o que no es lo mismo cuando llueve que cuando hace sol. La tecnología nos permitirá, en este sentido, establecer codificaciones, actuar sobre las redes de alumbrado, y gestionarlas desde el punto de vista de la explotación, para adaptarlas a las necesidades de cada momento y que la ciudad luzca de manera distinta en cada momento del día, lo que también supondría un importante ahorro en la factura eléctrica.

No obstante, aún queda mucho por hacer, la inteligencia ha de llegar a nuestras redes y para ello, es necesaria la innovación. Desde Slowlight estamos trabajando en esta línea, a fin de crear proyectos con impacto global, pero aún estamos en una fase embrionaria.


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