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El reto del verde en Barcelona

La transición hacia ciudades más habitables, resilientes y verdes exige implementar modelos urbanos proyectados con la naturaleza que favorezcan la interconexión y la proximidad

El reto del verde en Barcelona
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Miguel Y. Mayorga Cárdenas Profesor de Urbanismo, Universitat Politècnica de Catalunya - BarcelonaTech y María Pía Fontana Profesora Investigadora Asociada, Universitat de Girona

Adaptar las ciudades para la resiliencia climática es uno de los temas de la cumbre del clima que se está celebrando en Glasgow, la COP26. Muchas ciudades están afrontando medidas, planes y proyectos con el objetivo de incrementar el verde urbano como una inversión urgente y necesaria recogida en la Agenda 2030, la Nueva Agenda Urbana de Naciones Unidas; las agendas urbanas catalanaespañola y locales; la Agenda Urbana Europea, el Pacto Verde Europeo, el Pacto por el Clima y la Carta de Leipzig.

A su vez, las agendas urbanas promueven cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, desde una visión aún bastante generalista. Hay que valorar muchos aspectos para llegar a concretar acciones, según las diferentes realidades y particularidades de las problemáticas y necesidades locales de cada ámbito urbano, rural o metropolitano.

El reto de la sostenibilidad urbana ha de dar respuesta a una transición hacia ciudades más habitables, resilientes y verdes, abordando modelos urbanos que aún están explorándose, así como nuevos enfoques basados en la regeneración de barrios y la mejora de lo existente de forma más equilibrada. En una configuración de territorios policéntricos, tejiendo nuevas proximidades distribuidas y articuladas con centralidades duras y blandas que valoren la historia e identidad de los lugares, su geografía y sus condiciones socioambientales.

En las ciudades europeas, y en el caso de Barcelona, puede observarse esta urgencia por más verde urbano. Existen estudios recientes centrados en sus beneficios para la salud  y reivindicaciones ciudadanas locales y vecinales  que reclaman la necesidad de espacios urbanos más verdes y menos contaminados.

 

Barcelona ciudad: supermanzanas, ejes y cruces verdes

A escala urbana, Barcelona está en un proceso de favorecer el verde en la ciudad con iniciativas que se suman y yuxtaponen, de distinto tipo, escala y tiempos de estudio y desarrollo.

El recientemente denominado modelo urbano Superilla Barcelona pretende hacer visible y articular varios proyectos en curso y de diversa índole espacializados sobre la ciudad. Como “un nuevo modelo que recupera la ciudad para el vecindario”.

El programa de supermanzanas afrontaba ya la pacificación de calles escalable a la ciudad central a partir de la restricción de la movilidad de los coches. Agrupando manzanas, establece una red viaria básica y permite que las otras calles puedan transformarse en un sistema de calles pacificadas, donde ahora se proponen cruces y ejes verdes. Aunque esta idea viene desarrollándose desde ya hace años, ahora se plantea incrementar en casi 23 hectáreas el espacio público, el equivalente a unas 18 manzanas de la trama Cerdà.

Por otra parte, se ha planteado el Plan de impulso a la infraestructura verde urbana como concreción del Plan del verde y de la biodiversidad de Barcelona 2020. Su objetivo es “alcanzar una infraestructura verde que ofrezca los máximos servicios ecosistémicos en una ciudad donde naturaleza y urbe interactúen y se potencien”.

La iniciativa responde, además, a compromisos municipales como el Compromiso Ciudadano por la Sostenibilidad 2012-22, que promueve la renaturalización de la ciudad, y el Compromiso de Barcelona por el Clima, que fija el objetivo de incrementar el verde urbano en un metro cuadrado por habitante en el 2030 para mejorar la adaptación de la ciudad a los efectos del cambio climático.

 

Barcelona metropolitana: el concepto de infraestructura verde

A escala metropolitana, existe una red de parques formada por 34 parques distribuidos en 25 municipios, con una superficie total de 200 ha. Desde sus inicios, en la década de 1970, se ha promovido que la red de espacios verdes crezca y se amplíe, conformando un conjunto de espacios naturales y públicos de referencia ciudadana que completa el cinturón verde de los municipios de Barcelona. Son lugares de valor natural, ambiental y paisajístico con una importante función social.

La idea de base de la red es que los espacios naturales, parques y playas metropolitanas se articulen en sí, multiplicando su efecto y aprovechando sus sinergias. Se busca establecer relaciones y continuidad con itinerarios a pie o en bicicleta, integrando los diversos parques y los núcleos urbanos, asociados a zonas forestales y jardines históricos y botánicos.

Hay estudios que evalúan la capacidad de estos espacios verdes de cubrir las necesidades socioambientales. Se asume el concepto de infraestructura verde definido en el informe Infraestructura verde: mejora del capital natural de Europa como una “red de espacios naturales y espacios seminaturales y con otras características ambientales, diseñada y gestionada para ofrecer una amplia gama de servicios ecosistémicos”.

Estos proyectos promueven la integración entre el desarrollo urbano, la conservación de la naturaleza y la mejora de la salud pública. Conciben los espacios verdes urbanos desde una mirada complementaria, dinámica y compleja, centrada en las necesidades sociales y ambientales del presente y pensando también en las necesidades futuras.

 

El gran parque del Besòs, una centralidad verde

El río Besòs transcurre por términos municipales diversos. En el tramo final de desembocadura (el más urbano) circula por las jurisdicciones de Barcelona ciudad y el Poblenou, compartiendo vecindad con el municipio de Sant Adrià de Besòs en un mismo espacio geográfico conformado por la ribera. Un territorio urbano consolidado sobre terrenos próximos al mar.

Hay indicios de que la zona ha estado por siglos sumergida. La acumulación de sedimentos y la acción humana han permitido que zonas de pastoreo y agricultura se convirtieran en áreas industriales, de vivienda colectiva y grandes equipamientos. La dificultad de ocupar terrenos propensos a inundaciones no impidió el desarrollo de asentamientos urbanos y una superposición de infraestructuras que han creado barreras y fragmentado ecológicamente el territorio próximo al río, y que han caracterizado el lugar como marginal y periférico.

Un reciente concurso de ideas sobre el futuro de este paraje invitaba a hacer un reflexión técnica para proponer una nueva centralidad verde metropolitana, urbana y de proximidad, que pone el foco en las condiciones locales.

El río Besòs con sus trazas y conexiones transversales y de cruce históricas, existentes y nuevas, han de servir para fortalecer su identidad propia como parque urbano para la vida cotidiana de la población próxima y para los visitantes, compatibilizando esas dos escalas de relación. Una forma de conseguir una nueva centralidad metropolitana blanda que aparece “disimulada” y que ha de rehuir del binomio centralidades históricas y nuevas centralidades de grandes proyectos de desarrollo urbanístico. Es fundamental reconocer y caracterizar los diversos ámbitos que forman parte de este espacio multifuncional para su reuso observando los potenciales actuales de su calidad urbana, residencial, de equipamientos y de espacios libres y verdes.

Una centralidad no es una porción de suelo delimitada del zoning urbano, ni tampoco corresponde al área o tamaño del proyecto de un nuevo centro. La centralidad es más bien de una noción relativa, de propiedades complejas, dinámicas y cambiantes que atiende a múltiples aspectos: lógicos económicos, de localización, de mezcla de usos, de concentración de flujos, de apropiación social, etc.

Para favorecer que se produzca una nueva centralidad interconectada al sistema metropolitano, se propone un parque de parques de 86 hectáreas, que pretende agrupar y conectar lo existente, con un programa mixto deportivo, cultural y de ocio, pero también residencial y de barrio, conformando una nueva centralidad blanda, urbana y local a la vez. Un proyecto urbano entendido como un proceso de transición ecológica del ámbito definido en la propuesta, como una puerta funcional y simbólica al parque fluvial del Besós para Barcelona y un parque central para Sant Adrià del Besós.

 

Proyectar con la naturaleza

Los orígenes de los parques urbanos son muy diversos. Su localización, definición, delimitación, caracterización, su cuidado, mantenimiento y evolución en el tiempo hacen que estos espacios se encuentren ligados a la historia y vida urbana, de las ciudades y de sus habitantes.

Se ha ido evolucionando hacia el concepto de infraestructura verde-azul de las ciudades, valorando su función como servicio ecosistémico. Una mirada al verde en la ciudad que no lo delimita sino que lo integra con la ciudad misma y la vida urbana con un rango de funciones más amplio.

El rol de la red de espacios abiertos hoy es muy distinto a aquel que dio origen a muchos parques históricos. Las ciudades están sometidas a la polución, y existe una repercusión climática, el efecto isla de calor, hay ruido y aire contaminado. Las metrópolis sufren un aumento de la temperatura por diversas causas: el tráfico rodado, las calefacciones, la impermeabilización del suelo, el uso de materiales como el cemento o el asfalto, etc.

Ya en 1969 Ian Mac Harg proponía que deberíamos proyectar con la naturaleza. En sus proyectos muestra que es posible tener una visión amplia de la relación naturaleza y ciudad, en un ecosistema que ha de incluir al hombre. Y que las decisiones van más allá de los límites administrativos dando importancia a la escala metropolitana. Es decir, la naturaleza en la ciudad es un problema de escalas y enfoques, de conciencia social, de comprensión de los flujos y de soluciones sinérgicas.

Hoy la población también pide estar más informada. Existe un cambio de óptica y crece la reivindicación del verde en la ciudad, de calles más habitables y menos contaminadas, y hay una mayor sensibilidad a las causas y efectos del cambio climático. Todo ello exige cambios profundos en lo político, técnico y social, y en la misma manera de tejer complicidades para que el verde no sea ni un greenwashing de políticas urbanas ni una gentrificación verde. Incrementar el verde urbano siempre es muy buena noticia, pero hay que ver dónde, cómo, para qué y para quién, porque el cuándo no deja espera.

 

The Conversation


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