Entrevista a Conrado Escobar Las Heras, presidente de la Red Española de Oficinas del Dato (REOD), de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y Alcalde de Logroño
Los ayuntamientos disponen hoy de más información que nunca sobre el funcionamiento de la ciudad: sensores, plataformas de incidencias, pesajes, inventarios, sistemas de telegestión, contratos de servicios, avisos ciudadanos o cuadros de mando. Ese volumen creciente de información exige ordenar fuentes, mejorar la calidad de los datos, facilitar su intercambio y convertirlos en conocimiento útil para la gestión municipal. En un contexto en el que residuos, limpieza viaria, zonas verdes, alumbrado, movilidad o atención ciudadana dependen cada vez más de información fiable y actualizada, la gobernanza del dato se ha convertido en una cuestión estratégica para las entidades locales.
En este escenario se sitúa EDINT, Espacios de Datos para las Infraestructuras Urbanas Inteligentes, un ecosistema impulsado por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y financiado por Red.es para favorecer la generación, compartición y reutilización de datos urbanos de forma coordinada, segura e interoperable. Su desarrollo ha dado lugar también a la Red Española de Oficinas del Dato (REOD), una red llamada a consolidar una comunidad de entidades locales, Centros de Excelencia y Oficinas del Dato capaces de acompañar a los ayuntamientos en este salto hacia una gestión más integrada, comparable y orientada a la toma de decisiones.
Sobre estos retos conversamos con Conrado Escobar Las Heras, presidente de la Red Española de Oficinas del Dato (REOD), de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), y alcalde de Logroño. El papel de EDINT y de la REOD en la mejora de la calidad, interoperabilidad y gobernanza de los datos urbanos, así como su utilidad real para la gestión de los servicios municipales.
EDINT nace para responder a una realidad muy concreta: los ayuntamientos ya disponen de una enorme cantidad de información, pero con frecuencia esa información está dispersa, se genera en formatos distintos, depende de múltiples sistemas y no siempre puede compartirse ni aprovecharse de manera eficaz. Por tanto, la necesidad no es solo tener datos, sino ordenarlos, gobernarlos y convertirlos en valor público.
En el ámbito local, EDINT cubre precisamente ese espacio. Proporciona un marco para que los datos urbanos puedan generarse, compartirse y reutilizarse de forma coordinada, segura e interoperable, evitando que cada servicio municipal funcione como un silo aislado. Esto es especialmente importante en áreas como residuos, limpieza viaria, alumbrado, movilidad, zonas verdes o atención ciudadana, donde las decisiones cotidianas dependen cada vez más de información actualizada y fiable.
Su papel en la gestión urbana es muy relevante porque permite pasar de una administración que reacciona a una administración que anticipa, compara, planifica y mejora. Si un municipio integra adecuadamente sus datos, puede optimizar rutas, detectar incidencias recurrentes, evaluar mejor los contratos de servicio, ajustar recursos a la demanda real, medir resultados y, en definitiva, prestar servicios más eficaces, más transparentes y centrados en la ciudadanía.
La necesidad no es solo tener datos, sino ordenarlos, gobernarlos y convertirlos en valor público. EDINT permite pasar de una administración que reacciona a una administración que anticipa, compara, planifica y mejora
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La constitución de la Red Española de Oficinas del Dato supone dar continuidad institucional y operativa al trabajo impulsado por EDINT. Es un paso muy importante porque consolida una comunidad de entidades locales que no solo comparten una visión sobre la economía del dato, sino también herramientas, aprendizajes, modelos de gobernanza y casos de uso aplicables a la gestión diaria.
La red nace en el entorno del proyecto EDINT, impulsado por la FEMP y financiado por Red.es, con participación inicial de 12 entidades locales y sus correspondientes Centros de Excelencia y Oficinas del Dato.
Las Oficinas del Dato están llamadas a desempeñar un papel estratégico dentro de los ayuntamientos y en las entidades locales supramunicipales. No deben entenderse como una unidad meramente tecnológica, sino como una estructura de apoyo a la decisión pública. Su función es ayudar a identificar qué datos son críticos, cómo deben capturarse, bajo qué estándares han de compartirse, quién puede utilizarlos y con qué garantías jurídicas, técnicas y organizativas.
Además, las Oficinas del Dato pueden actuar como punto de conexión entre áreas municipales, empresas prestadoras, universidades y otros agentes del ecosistema local. Esa función de articulación es esencial para evitar duplicidades, elevar la calidad de la información y fomentar una cultura del dato que no dependa solo de proyectos puntuales, sino que se integre en la gestión ordinaria de la entidad local.
Las Oficinas del Dato no deben entenderse como una unidad meramente tecnológica, sino como una estructura de apoyo a la decisión pública y como punto de conexión entre áreas municipales, empresas prestadoras, universidades y otros agentes del ecosistema local
El diagnóstico de partida es que los municipios, en general, ya generan muchos datos. Los generan los sensores, los vehículos, las plataformas de incidencias, los sistemas de gestión, los contratos de servicios, los inventarios, los cuadros de mando y también la propia interacción con la ciudadanía. El problema no suele ser la escasez de información, sino su fragmentación, su desigual calidad y la dificultad para integrarla y explotarla de forma coherente.
Por eso, el reto principal no es generar más datos por inercia, sino transformar los datos existentes en conocimiento útil. Es decir, convertir información dispersa en indicadores fiables, comparables y accionables que permitan decidir mejor. Un ayuntamiento no mejora por acumular bases de datos, sino por ser capaz de responder con precisión a preguntas concretas: qué rutas son menos eficientes, qué zonas requieren más riego, qué incidencias se repiten, qué contrato está dando mejores resultados o dónde conviene reforzar recursos.
En ese sentido, la madurez digital de una entidad local no se mide solo por el número de dispositivos o plataformas que tiene implantados, sino por su capacidad para gobernar el dato, compartirlo entre áreas y utilizarlo para orientar decisiones de gestión, inversión y evaluación de políticas públicas.
El problema no suele ser la escasez de información, sino su fragmentación, su desigual calidad y la dificultad para integrarla y explotarla de forma coherente. Un ayuntamiento no mejora por acumular bases de datos, sino por ser capaz de responder con precisión a preguntas concretas
Cuando hablamos de calidad del dato urbano nos referimos a que el dato sea útil y confiable para gestionar. No basta con que exista; debe cumplir unas condiciones mínimas para poder sostener decisiones públicas con garantías.
Un dato municipal de calidad debe ser, en primer lugar, fiable; es decir, responder a una fuente identificable y a un método de captura consistente. Debe ser también trazable, de modo que sepamos de dónde procede, cuándo se generó, quién lo validó y qué transformaciones ha tenido. Además, ha de ser interoperable, para que pueda integrarse con otros sistemas sin depender de soluciones cerradas o formatos incompatibles.
Junto a ello, debe ser comparable, lo que exige definiciones homogéneas, criterios comunes y estándares compartidos; seguro, porque el tratamiento de la información pública debe respetar la normativa, la confidencialidad y la soberanía del dato; y reutilizable, para que pueda emplearse no solo en un expediente o en un contrato concreto, sino en distintos procesos de análisis, evaluación y mejora continua.
En resumen, la calidad del dato no es una cuestión abstracta o meramente técnica. Es una condición básica para que la transformación digital tenga efectos reales en la prestación de los servicios públicos.
No basta con que el dato exista; debe cumplir unas condiciones mínimas para poder sostener decisiones públicas con garantías. La calidad del dato es una condición básica para que la transformación digital tenga efectos reales en la prestación de los servicios públicos
Puede ayudar de varias formas. La primera es aportando un marco común de gobernanza y estándares que permita que datos procedentes de fuentes muy distintas —sensores, telegestión, avisos ciudadanos, inspecciones o inventarios— no queden aislados, sino que puedan relacionarse entre sí.
La segunda es facilitando una lógica de espacio de datos compartido, donde cada actor mantiene la soberanía sobre la información que aporta, pero la pone en relación con otros conjuntos de datos mediante reglas claras de acceso, interoperabilidad y uso. Ese enfoque es especialmente útil en servicios urbanos complejos, donde intervienen diferentes áreas municipales y, en muchos casos, empresas adjudicatarias.
La tercera es que EDINT permite avanzar hacia modelos de análisis más maduros. Si los datos están bien integrados, un ayuntamiento puede comparar sectores, detectar patrones, medir cumplimiento contractual, identificar desviaciones, anticipar incidencias o rediseñar rutas y frecuencias en función de la realidad observada.
En infraestructura verde, por ejemplo, esto puede traducirse en una mejor lectura del estado del arbolado, del consumo hídrico, de las necesidades de mantenimiento o del comportamiento de determinadas zonas ante episodios de calor o sequía.
En definitiva, EDINT no sustituye el conocimiento técnico de los servicios municipales, pero sí lo potencia al ofrecer una base de información más ordenada, conectada y útil para decidir.
Si los datos están bien integrados, un ayuntamiento puede comparar sectores, detectar patrones, medir cumplimiento contractual, identificar desviaciones, anticipar incidencias o rediseñar rutas y frecuencias
La clave es entender que, aunque la prestación del servicio pueda estar externalizada o compartida, el interés público del dato sigue siendo municipal. Por tanto, la gobernanza debe diseñarse desde el inicio para garantizar que la información generada por el servicio no quede cautiva en plataformas cerradas ni fragmentada entre proveedores.
Eso exige varias cosas. En primer lugar, definir con claridad la titularidad, acceso, formato, frecuencia, calidad y condiciones de entrega de los datos en los pliegos y contratos. En segundo lugar, establecer estándares de interoperabilidad y mecanismos de validación para que la información pueda integrarse en el ecosistema municipal. Y, en tercer lugar, fijar reglas de uso, seguridad, confidencialidad y reutilización que protejan tanto la actividad operativa como los derechos y obligaciones de cada parte.
La gobernanza del dato debe apoyarse en una visión colaborativa, pero también exigente. No se trata de acumular información sin orden, sino de asegurar que los datos del servicio sirvan para controlar la ejecución, evaluar resultados, planificar mejoras y rendir cuentas. Cuando esto se hace bien, el dato deja de ser un subproducto del contrato y pasa a convertirse en una infraestructura estratégica de gestión pública.
Aunque la prestación del servicio pueda estar externalizada o compartida, el interés público del dato sigue siendo municipal. El dato deja de ser un subproducto del contrato y pasa a convertirse en una infraestructura estratégica de gestión pública

En el corto plazo, los casos de uso más maduros suelen ser aquellos donde ya existen fuentes de información relativamente estructuradas y una necesidad operativa muy clara. En ese sentido, movilidad, residuos, alumbrado, agua, atención ciudadana y ciertos ámbitos de limpieza viaria presentan un grado de madurez especialmente relevante.
En movilidad, por ejemplo, la disponibilidad de datos de tráfico, ocupación, transporte y sensorización permite trabajar con bastante rapidez en modelos de análisis y optimización. En residuos y limpieza, los pesajes, las rutas, los posicionamientos, las incidencias y los controles de servicio ofrecen un terreno muy propicio para mejorar planificación y evaluación. En alumbrado y riego, la telegestión facilita medir consumos, detectar anomalías y ajustar parámetros con mayor precisión.
Además, otros ámbitos que pueden presentar heterogeneidad en cuanto a la recogida del dato, metodologías y niveles de digitalización se beneficiarán de EDINT, como ayuda a homogeneizar criterios y a transformar información dispersa en una base de decisión más robusta.
Los casos de uso más maduros suelen ser aquellos donde ya existen fuentes de información relativamente estructuradas y una necesidad operativa muy clara
La inteligencia artificial abre oportunidades muy importantes para la gestión urbana. Puede ayudar a optimizar rutas en tiempo real, mejorar el mantenimiento predictivo, detectar anomalías de funcionamiento, priorizar incidencias, automatizar análisis documentales, apoyar la planificación de recursos o identificar patrones que a simple vista resultarían difíciles de apreciar.
Pero conviene ser muy claros: la inteligencia artificial no corrige por sí sola un mal dato. Si se alimenta con información incompleta, sesgada, inconsistente o no comparable, el resultado puede ser una decisión aparentemente sofisticada, pero en realidad poco fiable o incluso equivocada. Y en la gestión pública eso tiene consecuencias directas sobre el servicio, el gasto, la equidad y la confianza ciudadana.
Por eso, antes de hablar de algoritmos, hay que hablar de calidad, gobernanza y contexto del dato. La inteligencia artificial debe asentarse sobre bases sólidas, con supervisión humana, criterios de trazabilidad, transparencia en los modelos y una comprensión clara de qué problema se quiere resolver. Bien aplicada, puede ser una gran aliada; mal aplicada, puede amplificar errores existentes en lugar de solucionarlos.
La inteligencia artificial no corrige por sí sola un mal dato. Bien aplicada, puede ser una gran aliada; mal aplicada, puede amplificar errores existentes en lugar de solucionarlos
El primer paso es realizar un inventario realista de fuentes de información: qué datos existen, en qué áreas, en qué formato, con qué calidad, con qué frecuencia se actualizan y quién los utiliza. Sin ese mapa de partida es muy difícil ordenar nada.
El segundo paso es identificar casos de uso prioritarios vinculados a necesidades concretas de gestión. Por ejemplo, optimizar rutas de recogida, mejorar el control contractual de la limpieza, actualizar el inventario verde o integrar incidencias ciudadanas con la operativa del servicio. Empezar por problemas reales ayuda a que la estrategia del dato tenga utilidad inmediata y respaldo interno.
A partir de ahí, conviene avanzar en varias líneas a la vez: definir estándares, clarificar responsabilidades, formar equipos mixtos —técnicos, jurídicos y de gestión—, introducir exigencias de datos e interoperabilidad en los contratos, y crear una estructura, aunque sea modesta, que ejerza funciones de coordinación. No todos los municipios necesitan empezar con una gran Oficina del Dato, pero sí con una función de gobernanza del dato claramente reconocida.
En ese camino, apoyarse en la Red Española de Oficinas del Dato puede ser especialmente útil, porque permite compartir metodologías, evitar errores ya conocidos y acelerar aprendizajes desde la cooperación municipal.
Empezar por problemas reales ayuda a que la estrategia del dato tenga utilidad inmediata y respaldo interno. No todos los municipios necesitan empezar con una gran Oficina del Dato, pero sí con una función de gobernanza del dato claramente reconocida
EDINT y la Red Española de Oficinas del Dato pueden desempeñar un papel decisivo porque contribuyen a que el dato deje de ser un recurso disperso y pase a convertirse en una capacidad institucional compartida. Eso es fundamental para construir ciudades más eficientes, porque permite usar mejor los recursos; más sostenibles, porque facilita medir impactos y ajustar consumos; más seguras, porque mejora la anticipación y la coordinación; y más orientadas a la ciudadanía, porque hace posible prestar servicios más adaptados, más transparentes y evaluables.
El siguiente salto, a mi juicio, debe ser doble. Por una parte, extender esta cultura del dato a más ayuntamientos, también a los de menor tamaño, para que la transformación no quede limitada a unas pocas ciudades con más capacidad técnica. Y, por otra, consolidar una verdadera gobernanza federada del dato urbano, basada en estándares comunes, espacios de colaboración y casos de uso con impacto directo en la gestión municipal.
En el fondo, el gran objetivo no es hablar más de datos, sino conseguir que los datos sirvan para gestionar mejor lo cotidiano: recoger mejor los residuos, cuidar mejor el arbolado, usar mejor el agua, responder antes a una incidencia, planificar mejor una inversión o evaluar con más rigor la calidad de un servicio. Ahí es donde EDINT y la REOD pueden marcar una diferencia real.
El gran objetivo no es hablar más de datos, sino conseguir que los datos sirvan para gestionar mejor lo cotidiano: recoger mejor los residuos, cuidar mejor el arbolado, usar mejor el agua o responder antes a una incidencia
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