Una estrategia territorial basada en infraestructura verde, redes abiertas y gestión hidrológica integrada plantea un cambio de escala para la resiliencia metropolitana
Tras la visión institucional sobre la reconstrucción post-DANA en València, esta segunda entrevista da continuidad desde el ámbito técnico e investigador.
Eduardo Rojas, coordinador del proyecto de Estrategia de recuperación integral de los espacios rústicos afectados por las riadas de 2024 en el Área Metropolitana de Valencia, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y exsubdirector general de la FAO, plantea un cambio de escala en la planificación: de lo urbano a lo metropolitano, integrando la huerta, las acequias y las zonas de acumulación como infraestructuras clave para la gestión del riesgo.
En el verano de 2022, la Generalitat encargó a un equipo de la UPV elaborar el proyecto básico del tramo pendiente del Jardín del Turia entre su finalización en el Parque de Capçalera/Bioparc y el arranque del cauce natural del Turia a partir del Assut del Repartiment. Finalizado durante el verano de 2023, lo intentamos presentar a los nuevos responsables sin mucho éxito.
No obstante, en enero de 2025 tuvimos la ocasión de presentárselo al Conseller de Medi Ambient, quien mostró mucho interés por el proyecto, especialmente por su enfoque integrador, invitándonos a reflexionar cómo podía inspirar las actuaciones de recuperación territorial que la respuesta a la DANA requería.
“Todos los ejemplos de mejora sustantiva de la calidad de vida de la población sólo son posibles si se abordan desde una perspectiva metropolitana”
Las carencias que identificamos se podrían resumir en un minifundio de gobernanza (muchos ayuntamientos de poca extensión) y actuaciones territorial y sectorialmente inconexas, lo que impide activar su potencial mejorador de la calidad de vida y justificar mejor su coste, además de generar tensiones y sobrecostes por falta de espacio.
Todos los ejemplos de mejora sustantiva de la calidad de vida de la población sólo son posibles si se abordan desde una perspectiva metropolitana. No disponemos del territorio necesario para responder a pequeña escala a todas y cada una de las demandas.
Y menos podemos considerar los terrenos rústicos —agrícolas y forestales— como meros espacios de reserva: los necesitamos como paisaje, fuente de alimentos de proximidad, patrimonio cultural y lugar de desvío de grandes precipitaciones, reduciendo el riesgo en las zonas pobladas.
Las actuaciones deben realizarse donde más eficientemente resulten, con independencia del municipio en el que se ubiquen.
“Las administraciones deben estar al servicio de la ciudadanía y resolver problemas que superan la esfera local”
El Área Metropolitana de Valencia tiene un potencial de anillo verde-azul envidiable formado por l’Albufera, l’Horta, el Parc Natural del Turia y el mar, además de un sistema policéntrico equilibrado.
Pero existen tensiones entre ese potencial y la realidad, agravadas por infraestructuras, urbanismo y demanda de vivienda o zonas verdes que no se integran en una red coherente.
El drenaje sostenible supone de por sí un avance, pero poco puede aportar si no lo integramos en un diseño integral.
El hecho de mezclar aguas negras con pluviales nos obliga ahora a levantar toda la red de saneamiento de zonas inundadas por la DANA debido a la entrada de lodos, con un coste económico y de molestias considerable. Si se separan, las conducciones no colapsan ni afectan a las depuradoras.
“Mezclar aguas negras con pluviales nos obliga ahora a levantar toda la red de saneamiento de zonas inundadas por la DANA debido a la entrada de lodos”
Si destapamos la red de acequias en tramos urbanos, facilitaremos la recogida pluviales, podría llevar agua todo el año refrescando el ambiente, facilitar el mantenimiento y reforzar su dimensión patrimonial.
También es clave que las zonas verdes se sitúen por debajo de la cota de las calles para recoger excedentes de lluvia y ofrecer un plus de riego sin coste.

Es fundamental que la población entienda que, dado el alto riesgo de inundaciones, tanto la Albufera como la huerta son claves para aportar resiliencia si se gestionan acorde a las necesidades hidrológicas.
Para ello es imprescindible establecer mecanismos compensatorios ágiles cuando se superen determinados umbrales de daños. Existe ya un amplio consenso en el Ministerio para abordar una reforma legal que ancle este tipo de servidumbre con compensaciones.
Su función es inundar zonas extensas con modificaciones mínimas de topografía para retener grandes volúmenes de agua.
“Es imprescindible establecer mecanismos compensatorios ágiles cuando se superen determinados umbrales de daños”
El Pla de Quart, con 700 hectáreas, ya retuvo volúmenes importantes el 29 de octubre, reduciendo el impacto. Esa agua permite infiltración al freático y puede compatibilizar agricultura, biodiversidad y uso social.
Se ha extendido la idea de que lo urbano debe asfaltarse completamente. Sin embargo, tapar acequias o cortar su suministro no es coherente con su valor patrimonial. Además, la retirada de lodos tras la DANA evidenció la saturación del sistema entubado.
La solución es separar aguas negras y pluviales, llevando estas últimas en abierto e integradas con el riego. Esto facilita la limpieza, permite regar zonas verdes y reduce costes.
También se propone dejar bandas no selladas en calles para reducir obras y emisiones asociadas al cemento.

Las soluciones rápidas y baratas generan más costes a largo plazo.
“Separar aguas evitaría colapsos como los de la DANA y permitiría avanzar en infraestructuras pendientesSeparar aguas evitaría colapsos como los de la DANA y permitiría avanzar en infraestructuras pendientes”
Separar aguas evitaría colapsos como los de la DANA y permitiría avanzar en infraestructuras pendientes. Francia es un referente en esta separación, y Freiburg demuestra el valor urbano de acequias accesibles.
Las administraciones deben estar al servicio de la ciudadanía y resolver problemas que superan la esfera local.
El modelo de infraestructuras verdes se ha implementado con mayor facilidad en ciudades con un extenso término municipal, pero en Valencia exige coordinación entre múltiples municipios.
El impacto emocional de la DANA obliga a sumar esfuerzos para lograr, en una generación, un territorio resiliente que reduzca riesgos y mejore la calidad de vida. También es una oportunidad para abordar la rehabilitación de barrios obsoletos, replanteando modelos urbanísticos con mayor densidad en altura y más zonas verdes, reduciendo la gravedad de futuras inundaciones.
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