Controlar la calidad desde el inicio permite mejorar la transparencia, la eficiencia y la toma de decisiones
Cada nuevo concurso público de limpieza viaria o recogida de residuos comienza con un reto de gran envergadura: la redacción de los pliegos. En ese momento se inicia también una de las fases más exigentes y, a menudo, menos visibles de la gestión municipal.
Porque un pliego no es solo un documento técnico o jurídico. Es la hoja de ruta que va a definir la calidad del servicio durante años, en muchos casos durante más de una década. Quienes han pasado por este proceso lo saben bien: horas revisando contratos anteriores, normativas y anexos; reunines para definir frecuencias, zonas o tipologías de residuos; dudas sobre qué indicadores incluir y cómo medirlos; y la sensación recurrente de que, por mucho que se detalle, siempre puede quedar algo fuera.
El resultado, en demasiadas ocasiones, es un documento que regula tareas, pero no niveles de calidad. Y sin una calidad claramente definida, no existe una base sólida para exigir, comparar ni mejorar el servicio.
"Sin una calidad claramente definida, no existe una base sólida para exigir, comparar ni mejorar"
Antes de escribir, es necesario medir. Muchos municipios redactan nuevos pliegos basándose en percepciones, informes puntuales o pliegos antiguos. Sin embargo, los servicios urbanos son dinámicos: cambian los hábitos de la ciudadanía, las normativas, los barrios e incluso las condiciones climáticas.
Contar con un sistema de control de calidad activo antes de licitar, capaz de registrar deficiencias, calcular el nivel real del servicio e identificar áreas de mejora, permite redactar pliegos mucho más realistas y eficaces. De este modo, los estándares no se presuponen ni se improvisan, sino que se extraen de la experiencia real del servicio.
Una vez adjudicado el contrato, los pliegos establecen qué debe hacerse, pero la gestión diaria plantea retos distintos. Es en este punto donde un sistema estructurado de control de calidad adquiere todo su sentido, al traducir los compromisos contractuales en indicadores medibles.
Este enfoque permite comprobar si lo que se está ejecutando se ajusta a lo pactado, con qué nivel de calidad y en qué zonas o aspectos se producen desviaciones. Así, los pliegos dejan de ser un conjunto de cláusulas estáticas para convertirse en una herramienta viva de gestión.
No se trata únicamente de cumplir con la legalidad o con lo recogido en el contrato. Se trata de conocer qué está ocurriendo realmente en la calle, de tomar decisiones basadas en datos, de gestionar con mayor eficiencia y de generar confianza tanto con la ciudadanía como con las empresas concesionarias, apoyándose en criterios claros y objetivos.
A lo largo del contrato, y antes de comenzar a redactar los siguientes pliegos, se abre la fase más valiosa: el aprendizaje. Los datos acumulados durante la ejecución del servicio se convierten en una base de conocimiento útil no solo para el presente, sino también para el siguiente ciclo de contratación.
Este análisis permite evaluar qué condiciones fueron realistas y cuáles no, qué frecuencias funcionaron mejor o qué indicadores resultaron más determinantes para medir la calidad. De este modo, cada nuevo pliego nace más afinado, más justo y más transparente.
Redactar unos buenos pliegos es un ejercicio que combina técnica, gestión y visión. Pero sin datos reales antes, durante y después del contrato, ese ejercicio se convierte, en gran medida, en un acto de fe.
Disponer de un sistema que permita medir, comparar y aprender transforma el proceso de licitación en un ciclo virtuoso: de la experiencia al dato, y del dato a la mejora. En este contexto se sitúa un sistema como MIRA QA | Servicios Urbanos, que no solo mide, sino que ayuda a construir una base verificable sobre lo que ocurre en la vía pública. Permite demostrar con datos cuándo y dónde se cumple el servicio, detectar patrones de mejora o deterioro y trasladar esa información tanto a las contratas como a la ciudadanía.
Porque los pliegos no deberían ser solo el inicio de un contrato, sino el punto de partida de una gestión más inteligente, transparente y sostenible.
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