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Comunidades energéticas: el futuro de las instalaciones municipales

Las comunidades energéticas pueden -y deben- ampliar sus horizontes energéticos y abrirse a las nuevas opciones energéticas. Tal es el caso de la cooperativa Urberoa, asociada con Giroa Veolia

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16/11/2022

En términos generales, las comunidades energéticas son organizaciones en las que sus miembros se implican directamente en la estrategia llevada a cabo para la utilización de energías renovables, utilizando para ello los recursos locales que tienen a su alcance, con el fin de lograr su independencia energética. Entre los principales beneficiarios, los ayuntamientos y entes locales podrían lograr también reducir sus propios costes y los de los equipos, personas y empresas que trabajan para ellos.

La principal finalidad de las comunidades energéticas es potenciar el autoabastecimiento energético a través del ya famoso “autoconsumo” que, principalmente desde la crisis energética y con el aumento generalizado de precios de la energía, ha visto aumentada su presencia en los hogares. En este sentido, al igual que ocurre con el autoconsumo en particulares, las comunidades energéticas responderían al “autoconsumo colectivo”, donde sus instalaciones de referencia pueden estar situadas en edificios públicos y/o municipales. Así, estas comunidades energéticas aprovechan la capacidad de generación eléctrica o térmica para lograr una mejora de su eficiencia energética.

La implementación de comunidades energéticas ayuda, de esta manera, a que los Ayuntamientos y entes locales reduzcan costes gracias a la energía fotovoltaica, emisiones -contribuyendo con ello a la descarbonización y la economía circular- y a que, además, fomenten la interacción y participación ciudadana en cuestiones que, cada vez más, son de relevancia pública.

En este sentido, resulta de vital importancia para la Administración contar con un operador especializado, que acompañe y asesore en todo el proceso gracias a su dilatada experiencia y les ayude a cubrir las necesidades energéticas que sus instalaciones requieren para plantear proyectos de comunidades energéticas más eficientes. Veolia, como socio estratégico de los ayuntamientos, cuenta con una amplia trayectoria en gestión inteligente de los recursos de energía, agua y residuos y, en referencia al primero de ellos, una experiencia acumulada que permite a sus socios alcanzar la tan ansiada independencia energética, contribuyendo al bienestar de los ciudadanos y a la reducción de su huella ecológica, sea cual sea el territorio en el que se encuentren, al contar Veolia con numerosas delegaciones locales y regionales.

 

Veolia, como socio estratégico de los ayuntamientos, cuenta con una amplia trayectoria en gestión inteligente de los recursos de energía, agua y residuos.

 

Pero en las comunidades energéticas no hablamos únicamente de autoconsumo solar, quizá el tipo de autoconsumo más sonado en los últimos meses: las comunidades energéticas pueden -y deben- ampliar sus horizontes energéticos y abrirse a las nuevas opciones energéticas. Tal es el caso de la cooperativa Urberoa, asociada con Giroa Veolia, el socio técnico que asegura y consolida los resultados y con la que se prevé, por ejemplo, reducir entre un 15 y un 20% el consumo de gas mediante la aportación de hidrógeno, en una sustitución progresiva del gas por una energía renovable.

Y es que Veolia cuenta con experiencia en la operación y asesoramiento, pero también en el mantenimiento de las soluciones que ofrece a los ayuntamientos y a sus edificios municipales, con el objetivo de garantizar la máxima producción, el ahorro y eficiencia energética y económica a largo plazo, pero también de acompañar a sus socios en todas las etapas del proyecto conjunto realizado.

Así, otro ejemplo en el que Veolia ofrece su experiencia para comunidades energéticas abarca un proyecto ejecutado en colaboración con Coarval Riegos que abarca todo el ciclo de la cooperativa: desde el cultivo del producto hasta su comercialización, mediante la instalación de paneles solares para la extracción de agua en los cultivos agrícolas y también en sus naves industriales para su posterior almacenaje y manipulación. A esto, también podemos añadir un proyecto de autoconsumo fotovoltaico para las instalaciones de la cooperativa agrícola de Llutxent – que permite evitar 135,78 toneladas de CO2  al año – u otro proyecto de autoconsumo, en este caso, en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, que ha reducido las emisiones de CO2 en 725 toneladas/año.

A corto plazo, se realizarán otros proyectos de autoconsumo en comunidades energéticas en varios edificios públicos del País Vasco y también en un cementerio de Málaga, siempre de la mano de Veolia como socio estratégico.


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