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Claves para humanizar el modelo urbano de proximidad

Un nuevo trabajo ofrece un examen en profundidad sobre la actual brecha existente entre el modelo de ciudad inclusiva y la ciudad de proximidad

Claves para humanizar el modelo urbano de proximidad
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¿Pueden los entornos próximos prevenir las desigualdades sociales entre personas de todas las edades y capacidades? Esa es la pregunta a la que trata de dar respuesta un estudio en el que participan investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y que, ante el aumento del número de personas mayores y con discapacidad, pone el acento en crear ciudades más amables con sus ciudadanos.

La pandemia del Covid-19 puso de relevancia, una vez más, la crisis urbana de las ciudades actuales. Poco espacio para el peatón, mucho espacio para vehículos privados contaminantes, y diseño de ciudades que hacen imposible habitar en proximidad. En otras palabras, explica Alba Ramírez Saiz, investigadora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la UPM y una de las autoras del estudio, “hemos creado ciudades destinadas a coger el coche para cada una de nuestras tareas diarias, ya que éstas no pueden realizarse en el entorno más próximo a nuestras viviendas”. “Muchas ciudades están pensadas para gastar el tiempo en el coche, no para gastar el tiempo en nosotros mismos”, subraya.

Ante este panorama, los modelos de proximidad, como la ciudad de 15 minutos o los barrios de 20 minutos, abogan por colocar una gran variedad de actividades a lo largo de la trama urbana para que podamos acceder a dichos servicios esenciales en menos de 15 minutos andando desde nuestra casa. Así, “busca crear comunidades más involucradas con su entorno, debido a una mayor participación en el espacio público, y espacios más resilientes ante posibles cambios en la movilidad”, explica la investigadora de la UPM.

Esto, además, ayuda a disminuir las desigualdades que pueden existir entre unos barrios y otros, ofreciendo nuevas oportunidades a aquellas personas que recurrentemente son excluidas de las propuestas urbanas más generalistas. En concreto, personas de distintas habilidades y edades, que normalmente no pueden acceder al vehículo privado por distintos condicionantes (físicos, cognitivos, sensoriales, económicos…), tendrían acceso a dichos servicios con mayor facilidad, y sin tener que recurrir al costoso y no siempre adaptado transporte público.

 

Movilidad inclusiva real, un reto a conseguir

El trabajo ofrece un examen en profundidad de la actual brecha entre un modelo de ciudad inclusiva y la ciudad de proximidad. Una de sus mayores aportaciones es un sistema de indicadores y subindicadores para analizar la inclusividad de un documento sobre urbanismo de proximidad. Esto permite identificar carencias y aspectos pendientes de desarrollar en la literatura, o en documentos concretos, ya sean técnicos o legislativos.

 

 

El trabajo concluye que existe una “negativa a incluir los modelos de proximidad como vías para la creación y promoción de ciudad más inclusivas y socialmente resilientes”, afirma Alba Ramírez. Los resultados indican que se están haciendo progresos en cuanto a concienciación, pues cada vez se tienen más en cuenta colectivos como personas con discapacidad, niños y adultos mayores, pero hay aspectos que todavía requieren una mayor atención.  

Uno de ellos podría ser la incorporación real de criterios de movilidad inclusiva en los modelos de proximidad. “A pesar de existir mención a dichos colectivos, las acciones sugeridas no suelen incluir medidas específicas para paliar las desventajas urbanas, económicas y sociales a las que se enfrentan en su día a día”, indica Alba.

 


El estudio señala la urgencia de implementar el diseño para todos como cualquier otra herramienta en la planificación para lograr un diseño inclusivo. “No solo traería beneficios a los colectivos afectados, aquellos que son etiquetados como vulnerables, sino también a todas las personas, que disfrutarían de un entorno más amigable”, subraya Alba Ramírez.

“Nuestro objetivo”, prosigue la investigadora de la UPM, “es humanizar los modelos teóricos urbanos, en concreto los modelos de proximidad, para que todas las personas puedan sentirse incluidas en ellos”. Muchas veces los beneficios se ven ensombrecidos por la poca implicación que se muestra para con los ciudadanos que van a recibirlos. Este tipo de análisis pone de relieve las carencias y las líneas temáticas que todavía necesitan un mayor desarrollo para poder considerarse modelos inclusivos desde el punto de vista de las habilidades (diseño para todos).


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